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ENTRE TÚ Y YO

La magia de la empatía

Mariate Almela Viernes, 03 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. Ahora lo veo todo desde otra dimensión...   

 

                                                                                                                                                                    

La buena actitud ante la vida es fundamental, hasta para las cosas más insignificantes. Hay personas que tienen un don para aplicarla en todo lo que hacen, impregnarla en cada paso que dan y contagiar a los demás ese talante positivo.

 

 

- Comenzamos la clase, quiero que no penséis en nada que no sea lo que voy a exponer, que os dejéis llevar por la historia que os voy a contar y que después juntos hagamos un debate y participéis todos- dijo Don Alfonso, profesor muy conocido en la Universidad de la ciudad.



Comenzó contando que hace unos años, un alumno suyo que tenía tres hermanos más pequeños que él, se levantaba cada día temprano para hacerse cargo de ellos, ponerles el desayuno, ayudarlos a vestirse y llevarlos al cole. Sus padres eran muy humildes y tenían que abrir su panadería a las cinco de la mañana. Luego venía a clase con la sonrisa de una persona feliz, se esforzaba y traía sus deberes hechos, incluso participaba en las prácticas de grupo cada día.

 

- A ver, Marta, ¿tú qué opinas de esto?- le preguntó Alfonso.

 

- Pues yo veo que no debería haber sido así porque ese chico no tendría que haber tenido tanta responsabilidad.

 

- No estoy de acuerdo - le contestó Iván desde la última fila de la clase - él sólo quería ayudar a sus padres. Todos no tienen la misma suerte de los tuyos y los míos y creo que todo depende de cómo afecte a ese chico. Don Alfonso dice que venía feliz.

 

Me había colado en aquella clase cuya ventana daba a la calle por la que venía paseando aquella mañana y me llamó la atención la pasión con la que aquel profesor le hablaba a sus alumnos.


 

- Y tú Marta, ¿qué habrías hecho en el lugar del chico de mi historia? Y tú Iván, ¿piensas realmente que la sonrisa con la que venía cada día mi alumno era verdadera? - preguntó Alfonso acercándose a ellos para crear un ambiente de cercanía.

 

 

- Os he contado esta historia para explicaros en qué consiste la empatía y que decidamos entre todos si es un concepto sencillo de entender o no – dijo el profesor.

 

 

- Claro Don Alfonso, es verdad que, si me tengo que poner en el lugar del chico, lo tengo que pensar más - dijo pensativa Marta mientras jugaba con un rizo de su pelo.

 

 

- Pues realmente yo también he dado por hecho que lo que nos comentaba sobre la felicidad del chico era verdad, pero ahora que me paro a pensar quizá sólo disimulaba para que nadie se planteara ir a visitar a sus padres para quitarles a sus hijos - contestó Iván a su profesor.



Me di cuenta de que Don Alfonso se estaba acercando a la clave de la cuestión como quien no quiere la cosa y estaba incitando a sus alumnos a ver más allá de la primera impresión, a pensar en todos los puntos de vista y a ser capaces de ponerse en la situación de los demás.
 

 

- A lo mejor el chico simplemente daba por hecho que aquello era lo normal - dijo Marisa desde la segunda fila.

 

 

- Pues veréis, este chico del que os hablo soy yo. Hasta los 20 años me ocupé de mis hermanos más pequeños y no sólo no me importó, si no que estoy orgulloso de haber podido ayudar a mis padres, que cuando llegaban a casa me transmitían ese amor tan inmenso que nos tenían. No era una situación fácil pero efectivamente yo era muy feliz - Dijo Don Alfonso con una emoción contagiosa.

 


En toda esta historia hay tres elementos clave, pensé, la primera es la actitud con la que nos enfrentamos cada día a lo que nos toca vivir; la segunda es si somos o no capaces de ponernos en la piel de los demás; y la tercera es que hay personas como Don Alfonso que nos invitan a pensar desde lo más profundo de nosotros y nos hacen ver que lo que tenemos tan claro a veces se transforma en otro pensamiento simplemente después de reflexionar.

 

 

- Para no equivocarnos, ni siquiera con los asuntos que nos parecen más triviales, pasemos el filtro de ponernos en el lugar de los demás, y de esa manera daremos oportunidad a nuestros propios pensamientos para colocarse de una manera más acertada y acercarnos un poquito más a la verdad - Don Alfonso recogió sus cuadernos y con una gran sonrisa les dijo a sus alumnos: un placer señores, busquen en lo más recóndito de sus cerebros las respuestas... ¡hasta mañana!



Hasta a mí que soy etérea me ha entrado el gusanillo de pensar en mi historia, en mis vivencias y en la opción de que si hubieran sido diferentes a lo mejor yo también lo sería.



¡Feliz viernes de reflexión!

 

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