
¿Niño o niña? Lo importante es que venga bien.
Ese es punto de partida de la aventura de ser padres. En las anteriores generaciones, no sabían el sexo de los hijos hasta la hora del parto, en la nuestra, se jugaba con más probabilidades de acertar y actualmente, incluso saben a quién se parecen antes de nacer.
Eso sí, sabemos con certeza que no vienen con un pan debajo del brazo.
Y después de nueve meses, comienza un camino sin retorno donde aprendemos a ser padres con los mejores propósitos y absoluto desconocimiento, intentando conseguir un buen desarrollo humano para nuestros hijos.
En la primera infancia practicamos la domesticación: horarios para las comidas, para el baño, para el paseo, para el sueño…
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Después llega la enseñanza. Aprenden a andar, a comer, a jugar, a leer, a escribir, a socializar…
Y continuamos con el factor determinante, la educación. Mezcla de valores y principios y la buena ejecución de las acciones de la domesticación y el aprendizaje.
Algo fácil de exponer y difícil de desarrollar.
Pero el tiempo pasa demasiado rápido y un día, prácticamente sin avisar, descubres a un adolescente con proyecto de adulto, en búsqueda de su identidad. Y entiendes todas esas frases que te han repetido tantas veces “la mejor época de tus hijos es cuando son pequeños”, “qué pena que crezcan tan rápido...”
![[Img #72458]](https://murciaeconomia.com/upload/images/07_2020/8254_img-9527.jpg)
Entonces compruebas que, hasta ese momento, el esfuerzo que ejercemos para su desarrollo y al que dedicamos la mayor parte del tiempo, es mayoritariamente físico y recuperable con descanso.
Incomparable con el desgaste psíquico que supone el comienzo de la adolescencia hasta la juventud, donde sus cambios físicos y mentales nos suelen pillar descolocados. Buscan sus referencias fuera del núcleo familiar, y sus círculos de amistades influyen de una manera crucial.
Así que, mientras iban creciendo como es inevitable, fuimos creando un mural, como muestro en las fotografías, donde crecía a la par que ellos y donde enmarcábamos con muy variados formatos, sus dibujos, cartas, fotos, recuerdos de viajes, etc…. para mantener vivo de dónde vienen para saber mejor donde van. Es un vínculo de comunicación para recordar momentos puntuales y puedo asegurar que provoca muchos reencuentros sentimentales.
Sé que no nos pertenecen, solo hemos sido su puerta de acceso al mundo exterior, y nuestra única meta es que sean relativamente felices en este planeta que no les estamos dejando en su mejor momento.
Espero estar a la altura, solo por el amor incondicional que siento por ellos.
¡Vuelvo el próximo viernes y espero que vosotros también!



