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Opinión |
Martes, 14 de Julio de 2020

ТЕОРИЯ МАТРИОСКИ

 

¿Por qué cada día son más los ciudadanos que perciben a los políticos como un problema?

 

La elegida es… ¡Nia! De los que aceptaron participar en Operación Triunfo ´20 ha sido la que más gustó a la tratada audiencia que sigue este programa, pero hay muchos cantantes, probablemente mejores que ella que “no daban el perfil”.



¿Son nuestros políticos los mejores? Siguiendo el razonamiento anterior: sí. La política es un circuito cerrado con cámara, donde el telón sube y baja a merced de los políticos: listas blindadas, ruedas de prensa sin preguntas,...sucesiones digitales o al pito, pito, gorgorito: el síndrome de los “Talent Show”.

 


En fin, que "cuando el río suena... cógelo que están llamando". Si la gente pierde interés por la política, ¿podría deberse a que la política haya perdido un poquito de interés por la gente? Porque la gente y los votantes son dos cosas diferentes... Con muy poco esfuerzo podemos abocar nombres de políticos interesados en dar soluciones reales a los ciudadanos, sin buscar directamente rédito electoral, y otro tipo de políticos, cuya pasión por el voto les eclipsa el análisis de los problemas reales que deben solucionar.



A ver, el problema fundamental es de cajón: la gente no siente que la política le sea cercana. No siente que los políticos puedan hacer algo por ellos. No sienten que votando a fulano o a zutano su situación vaya a cambiar. Y hay varios motivos para ello: en primer lugar, hay cada vez menos margen de maniobra en la política nacional, y eso se percibe. Organismos supranacionales como UE, FMI e imperativos como la convergencia son las que marcan el ritmo... lo cierto es que nunca ha existido verdadera autonomía, pero cada vez hay menos. El liderazgo nacional (de cualquier nación, no seamos chovinistas) ha ido entrando en una especie de vorágine de matrioshkas... esas muñecas rusas que esconden dentro otra que a su vez lleva otra... y así hasta que te canses o se acabe la madera en los Urales. Nos debemos a la convergencia europea, que se pliega al FMI o a quien toque, que dobla la cerviz ante, por ejemplo, Estados Unidos que se postra genuflexo ante la gran mano invisible que mece la cuna... o ante los chinos.

 


A ver, no quisiera yo amplificar la fantasía conspiranoica estándar, aquella que afirma que, si la matrioshka pequeña es el Gobierno, la matrioshka grande que todo lo puede es el resultado de una conjura mundial de de ciertos sectores financiero-mediáticos que controlan el mundo desde sus despachos estadounidenses mientras se fuman un puro. Esto, por supuesto, es una exageración: todo el mundo sabe que en las oficinas estadounidenses no se puede fumar.

 


Por otro lado, hay quienes apuntan que la desafección está motivada por la mala comunicación de nuestros gobernantes. La desafección es heredera directa de la apatía: nada se puede hacer. Es labor de un buen político comunicar que sí se puede hacer ese algo, conmover, convencer. Por eso triunfó Obama. La cara b de todo esto, por supuesto, también está en Obama: la caída de su popularidad se debió al choque con una realidad que no le permitió hacer lo que prometió o, al menos, hacerlo al ritmo prometido. Y claro, después vino  el pato Donald Trump.  Mención aparte merece la versión española: un pasito adelante un pasito atrás al ritmo reggaetón de dúo Peter and Paul,…y demasiados dejar para mañana lo que se debe hacer hoy y viceversa.

 


Y llegamos al punto en el que toca dar un canto de esperanza. ¿Optimismo antropológico? No, más bien tirapalantismo: ande o no ande, hay que tirar p'alante. Y en este caso, tirar p'alante sería encontrar políticos responsables, buenos comunicadores y con verdadera vocación de cambio. Como dice un proverbio chino que me salió en una galleta de la suerte: "Hasta el camino más largo empieza por un primer paso". Creo que era así, es que, con la galleta, me tragué parte del papel. El caso es que el camino es muy largo porque el mundo se ha convertido en un sistema muy complejo en el que el movimiento del más mínimo engranaje hace fallar la maquinaria... una maquinaria, no lo olvidemos, que preconiza el economicismo por encima del humanismo. Para cambiar toda la maquinaria, para exigirle al FMI que no se suba a la parra, para recorrer ese camino, hacen falta un buen par de zapatos... y un buen par de... Y de eso, en política, igual estamos escasos.

 

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