
“El miedo supera en intensidad al resto de los desórdenes”. Michel de Montaigne (Francia, 1533).
La pregunta que sirve de título no es fácil de contestar, pues lleva implícita una afirmación, cual es: aceptar que hemos dejado atrás una fase, una “normalidad”, una época o un estilo de vida y que hemos arribado a algo diferente. Pero, ¿qué es el mañana al que hemos llegado?
Durante estos duros y desgraciados meses de pandemia (que me temo no han concluido), filósofos de muchos rincones de nuestro mundo globalizado y detenido, han reflexionado sobre la vida confinada, la reducción de la democracia, el estremecimiento del mundo o como la pandemia “cambiará” el mundo.
Así hay quien, como SLAVOJ ZIZEK (Eslovenia, 1949) auguran un nuevo comunismo resultante de la necesidad de más Estado: “solo un cambio radical puede salvarnos” (“PANDEMIA”, Editorial Anagrama, mayo 2020); o como DANIEL INNERARITY (Bilbao, 1959), que ve necesaria una mayor integración política de la humanidad: “no estamos suficientemente preparados para gestionar problemas complejos”, hay un “cierto arcaísmo de procedimientos” y “la batalla del conocimiento también se plantea en una medida decisiva más allá de los confines del Estado nacional” (“PANDEMOCRACIA”. Editorial Galaxia Gutenberg, 2020).
![[Img #72600]](https://murciaeconomia.com/upload/images/07_2020/3828_3eb3625a-9d65-41f6-8952-5bb84bb568f1.jpg)
Quizás, quien mejor ha condensado las siete paradojas que pueden ayudarnos a definir una respuesta a dicha cuestión, es IVAN KRASTEV, (Bulgaria, 1965, miembro del Instituto de Ciencias Humanas de Viena y presidente del Centro de Estrategias Liberales de Sofía) en su libro, cuyo título incluye la pregunta: “¿ES YA EL MAÑANA? CÓMO LA PADEMIA CAMBIARÁ EL MUNDO” (Editorial Debate, junio 2020):
1ª. La COVID-19 ha mostrado el lado oscuro de la globalización, pero también ha sincronizado al mundo entero y nos ha unido de una forma, en que ninguna crisis previa lo había conseguido.
2ª. La COVID-19 ha acelerado la tendencia a la desglobalización que se había desencadenado con la Gran Recesión de 2008-2009, sin dejar de mostrar al mismo tiempo los límites de la renacionalización.
3ª. El miedo al virus durante las primeras etapas de la pandemia impulsó un estado de unidad nacional que muchas sociedades no habían experimentado desde hacía años, pero que a largo plazo provocará un aumento de las divisiones sociales y políticas preexistentes.
4ª. Ha puesto en suspenso a la democracia, al menos en Europa, instaurando en muchos países el estado de emergencia. Pero al hacerlo, el deseo de la gente de tener un Gobierno más autoritario ha llegado a un límite.
5ª. La Unión Europea ha estado notablemente ausente durante las primeras etapas de la crisis, pero puede llegar a ser más decisiva para el futuro de la comunidad que cualquier otro suceso en su historia.
6ª. El virus ha revivido los fantasmas de las tres últimas crisis que han sacudido Europa en la última década (terrorismo, refugiados y financiera) también ha obligado a revisar los resultados de las medidas adoptadas durante aquellas.
7ª. La Unión Europea se considera a sí misma el último mohicano en la defensa de la apertura y la interdependencia; lo cual podría llevar a los europeos a adoptar más políticas comunes y a delegar en Bruselas algunos poderes de emergencia.
En mi opinión, “el mañana que ya es presente” ha generado ciertas certezas y un gran número de inseguridades, entre las que me atrevo a citar:
1ª Certeza: Nada es como antes. Lo demuestra nuestra experiencia cotidiana, individual y colectiva; y que los filósofos e intelectuales se hayan ocupado, intensa y extensamente, en explicar la “nueva anormalidad”.
2ª Certeza: Somos conscientes de la fragilidad de la vida humana. La “hermana muerte” siempre nos alcanza (Mons. Vicenzo Paglia); y solo aspiramos a aplazar ese momento.
3ª Certeza: La pandemia ha inoculado el miedo, individual y colectivo, en nuestras sociedades de la opulencia y del cansancio; y con ello, se repite la respuesta dada por la humanidad a las pandemias precedentes: sacan lo mejor de las personas, pero también lo peor de los gobiernos. La propia pandemia extendida por todo el mundo, ha propiciado que cualquier ciudadano confinado y pegado a su ordenador o terminal móvil, abierto a las redes sociales y medios digitales, haya podido “comparar” la eficiencia de cada gobierno; para llegar a una certeza: es importante tener un Gobierno competente.
4ª Certeza: Han fracasado, en gran medida, las estructuras políticas y administrativas, que no han sabido gestionar, no solo el riesgo inherente a toda acción de gobierno, sino la incertidumbre causada por la irrupción del virus convertido en pandemia. Aunque con dispar resultado, quedando mejor paradas, en general, las estructuras autonómicas.
5ª Certeza: La responsabilidad individual ha sido y sigue siendo esencial, para conformar una mínima protección colectiva.
6ª Certeza: Las prioridades personales han cambiado. Valoramos nuestro entorno familiar, nuestra vivienda (como un castillo en el que refugiarnos) y somos más selectivos en nuestros encuentros con amigos y conocidos, lo cual genera un importante reto de como “continuaremos relacionándonos, social y comunitariamente”.
7ª Certeza: Vemos obsoletos, en importantes aspectos y necesitados de profunda redefinición, a los centros de aprendizaje y enseñanza, sobre todo los universitarios y escuelas de postgrado; como creadores y transmisores de conocimiento, innovación y habilidades en el nuevo entorno.
Poco sirve tener certezas si no gestionamos las muchas y variadas incertidumbres que prácticamente nos abruman y que están en la mente de todos: derrumbe de la economía, desigualdad en los efectos del empobrecimiento generalizado, necesidad de integración y colaboración de los países, en especial, encontrar una respuesta articulada y eficiente de la Unión Europea, colaboración científica que permita tratamientos y vacunas adecuados, etcétera. Pero no me resisto a insistir, al menos en una:
Como dice SLAVOJ ZIZEK: “es un error la postura de aquellos que ven la crisis como un momento apolítico en el que el poder estatal debería cumplir su deber y nosotros seguir sus instrucciones”. Al contrario, es el momento de exigir respeto a los principios jurídicos que conforman nuestro Sistema Legal. El cumplimiento de las leyes (empezando por la primera, la Constitución) no puede ser algo opcional para quienes detentan el poder; y, al mismo tiempo, las Instituciones del Estado han de cumplir su función, al menos como los ciudadanos hemos y estamos haciendo, incluso algunos heroicamente (sanitarios, policías, militares, etcétera).
Si ha llegado el “mañana” que se ha convertido en “presente”; este advenimiento, deja abierta la pregunta: ¿qué y cuándo será “el otro mañana”?
Queridos lectores, nuevamente, como espero hacer en quince días, les animo, a profundizar y disentir de estas reflexiones. Pues, sin duda, el miedo no puede convertirse en ansiedad y ésta en ira. Es hora de la responsabilidad individual y de no presenciar impasibles el fracaso de “la política” en su genuina acepción.



