España, camisa blanca
Hoy se celebran varios actos institucionales en recuerdo y reconocimiento de los miles de compatriotas fallecidos hasta el momento por la pandemia. El principal de ellos presidido por S.M. el Rey.
Este terrible episodio nos deja, de momento, emociones encontradas. El enorme sacrificio y entrega del personal sanitario y de las Fuerzas de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas. La responsabilidad cívica del pueblo español en su mayoría. Una sensación de que lo estábamos pasando verdadera y gravemente mal y que el virus se estaba cebando en España de una manera atroz.
Recordemos las imágenes de IFEMA e imaginemos las de las residencias de mayores. España golpeada, confinada. Saliendo a los balcones al principio para resistir -y en el sentido musical del término también– y para agradecer a los sanitarios y demás servidores públicos, y privados, que nos cuidaran y nos tuvieran conectados a nuestras necesidades básicas.
Más tarde, los balcones dejaron de entonar canciones, y sonaron cacerolas. Crecía un sentimiento de que nos estaban golpeando fuerte y no nos estaban defendiendo bien.
Estas no son unas líneas de crítica. Ni de elogio. Ahora ha comenzado y continuará otro tipo de combate que nos golpeará fuerte: el económico y social. Pobre España, con su camisa blanca.
Con sus tensiones territoriales y políticas que impiden, como si defecto de fábrica se tratara, que se haga lo que se hace en otros muchos países: remar juntos, querer a nuestra nación, preocuparnos solidariamente por nuestros compatriotas. Sentir que formamos parte de un proyecto común, aunque solo sea por la adversidad. Creer en nuestros gobernantes.
Yo sé que estas ideas no están de moda y sé, además, que no es fácil articular un mensaje brillante y potente que nos haga de una vez, o por una vez, formular la palabra España en términos de proyecto común, sin que suenen melodías del pasado.
Antes, al contrario, esta es una idea de futuro y regeneradora que precisa al menos de una doble condición: liderazgo político y responsabilidad cívica.
Avanzar en esta dirección, sería un justo homenaje a los ya fallecidos y un mensaje de esperanza para todos los que estamos ahora mismo y los que nos sucederán en el futuro.
Para poder decir: “España, camisa blanca de mi esperanza”.





















