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ENTRE TÚ Y YO

La música facilita el aprendizaje

Soledad Hernando Miércoles, 22 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:

 

Van Gogh decía en ocasiones que sentía que había nacido antes de tiempo. Sus coetáneos no entendieron su pintura. En vida no logró vender ni un cuadro, a pesar de la ayuda de su hermano Theo que era marchante de arte. Un siglo después, el cuadro “Los Girasoles” de Vicent Van Gogh se vendió por el precio más alto de la historia.

 

En 1824, Beethoven estrenó su novena sinfonía en la que introdujo un coro de voces humanas. La sinfonía es una forma musical eminentemente instrumental. El público se escandalizó porque no comprendió esa revolucionaria modificación de meter música vocal dentro de una obra instrumental. Desde 1972, “El Himno a la Alegría “de Beethoven, perteneciente a su novena y última sinfonía, es el Himno de la Unión Europea.

 

El periodo de confinamiento que acabamos de vivir ha puesto de manifiesto dos aspectos en relación con el Arte: que el Arte es un nutriente indispensable para el ser humano por pertenecer a su propia esencia y que tenemos que educar en la creatividad y en la gestión emocional, ya que no sabemos qué va a ocurrir mañana.

 

El Arte es consustancial al ser humano. Antes de hablar, nuestros antepasados pintaban en las cuevas y cantaban y bailaban alrededor del fuego. El Arte es reflejo del momento que le ha tocado vivir al artista, pero también es impulsor de cambios sociales. Los artistas expresan su manera particular de ver el mundo. Su arte es respuesta y es pregunta. Responden al entorno y proponen un nuevo rumbo. Son seres innovadores que introducen elementos necesarios para la evolución. Para sobrellevar el periodo de confinamiento que hemos padecido debido al Covid-19, hemos cantado en los balcones, hemos bailado en la cocina y hemos pintado arcoíris y corazones verdes. El Arte es un medio de expresión natural para las personas. No estoy hablando del artista profesional. Elegir el Arte como profesión es una opción que responde a un talento que ha sido cultivado. Todos escribimos y no por ello vamos a ser escritores. Al nacer, por el hecho mismo de ser humanos somos artistas, traemos el potencial de crear. Es la sociedad la que mutila ese potencial encorsetándonos en patrones rígidos.

 

¿Para qué sociedad estamos educando a nuestros jóvenes? ¿Podemos predecir cómo va a ser la sociedad del futuro? En un mundo en continuo cambio como el actual, es imprescindible enseñar arte en los colegios. Un sistema educativo diseñado en el siglo XIX, con profesores nacidos en el XX y alumnos nacidos en el XXI, ¿dónde se encuentran?

 

El sistema educativo del siglo XXI tiene que ser un sistema dinámico. Ya no es funcional un conocimiento estático, está obsoleto. Y es en este marco donde la Música adquiere un relieve fundamental. La Música está viva y en su ser reúne todos los elementos necesarios para aprender a vivir creativamente.

 

La Música consta de 3 elementos: Ritmo, Melodía y Armonía.

 

El Ritmo es la ordenación de los sonidos en el tiempo. Es la dimensión fisiológica de la vida humana. El primer sonido rítmico que percibimos es el latido del corazón de nuestra madre. En ese periodo vital la pulsación es una constante y profunda experiencia. Todo tiene un ritmo vital. Al agrupar los sonidos en el tiempo contamos las pulsaciones. Es un concepto matemático, numérico, de proporciones. Enseñar el ritmo nos conecta con nuestro instinto, con nuestro cuerpo y nos ofrece una visión matemática y ordenada de la vida.

 

La Melodía es la sucesión horizontal de los sonidos. La Melodía es la dimensión afectiva y emocional de la vida humana. La Melodía es una unión de sonidos, es lenguaje, frases, acentos. Combina las diferentes alturas de los sonidos, los tonos graves y los agudos. Enseñar la Melodía mejora nuestro lenguaje, enriquece nuestro léxico y nuestra expresión lingüística. Contribuye a expresarnos de manera eficaz.

 

La Armonía es la relación vertical entre los sonidos. La Armonía es la dimensión racional e intelectual de la vida humana. En ella interviene la cognición para comprender por qué los sonidos se relacionan de la manera en que lo hacen. Se estudian las reglas del juego que hay que conocer para respetarlas o para cuestionarlas. Enseñar la Armonía educa en el respeto del otro, fomenta el trabajo en equipo y la valoración de nuestra función dentro del grupo.

 

Estudiar música dota de herramientas para adquirir el resto de asignaturas con mayor facilidad. Está demostrado que los niños que estudian música obtienen mejores resultados académicos en todas las áreas. Entonces, ¿por qué no hay música para todos?

 

Esta reflexión me lleva a preguntarme: ¿Qué tipo de ciudadanos interesan al sistema?, ¿por qué la música y el arte en general tiene tan poco peso en la escuela?, ¿es por desconocimiento de los beneficios que poseen o es intencionado porque un ser humano sin arte es un ser menos creativo y más maleable?

 

Un abrazo sonoro.

 

Soledad Hernando

 

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