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Opinión | Emprendedor global
Miércoles, 29 de Julio de 2020
Pablo Cantero y Paco Méndez

La inversión en infraestructura como impulsor del crecimiento en los mercados emergentes después de la COVID-19

 

La COVID-19 ha puesto las vulnerabilidades de los países emergentes y en desarrollo en el centro de atención, pues la pandemia ha obligado a los países a lidiar simultáneamente con una crisis sanitaria, económica y humanitaria.

 

A diferencia de las crisis pasadas, cuando el apoyo de la comunidad internacional fue decisivo, el entorno global en el caso actual es menos favorable al verse todos los países igualmente expuestos y habiendo los países desarrollados optado por salvar primero sus propias economías, por lo que la recuperación se diferenciará entre países.

 

Los mercados emergentes invertirán aproximadamente un 3,9% del PIB de la región (2,2 billones de dólares anuales) en infraestructura durante los próximos 20 años con un fuerte crecimiento en la inversión en energía renovable, infraestructura y tecnología.

 

Dentro de este colectivo, Asia emergente invertirá aproximadamente 1,7 billones de dólares anuales, lo que equivale al 4,2% de su PIB, donde China representará el 54% de la inversión de los mercados emergentes.

 

En total, la inversión en infraestructura en los mercados emergentes representa una oportunidad de anual de 920 mil millones de dólares anuales.

 

Antes del brote de COVID-19, muchos mercados emergentes ya habían puesto en marcha proyectos de infraestructura a largo plazo, y no se espera que las inversiones asociadas disminuyan en la misma medida que se vio en períodos de crisis anteriores. La pandemia también ha demostrado la necesidad urgente de más inversiones en infraestructura del sector salud en muchos mercados emergentes.

 

Más allá de la recesión causada por la pandemia de Covid-19, se pronostica que los mercados emergentes crecerán alrededor de 4,4% anual durante la próxima década, más lento que el promedio anual del 5,5% en 2010-2019, pero mucho más rápido que el crecimiento proyectado del 1,8% en las economías desarrolladas.

 

A raíz de la pandemia, la economía mundial se enfrenta a graves problemas en su cadena de suministro y en sus deterioradas capacidades de producción, un mayor desempleo, quiebras y mayores volúmenes de deuda. Y, dada la ya débil capacidad de recuperación de muchas economías antes del inicio de la crisis, el crecimiento global volverá solo a niveles moderados. En este contexto, los mercados emergentes crecerán con más fuerza, mejorando la productividad y aumentando la inversión en infraestructura.

 

Según las tendencias actuales de gasto y las previsiones de crecimiento económico, se estima que la mayor parte de la inversión en los mercados emergentes será en infraestructura energética (34%), con un principalmente en las energías renovables. A medida que muchos países aumentan sus esfuerzos para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, se espera que la inversión gire hacia una infraestructura inteligente y resistente, en la que los datos y la tecnología digital se unan para mejorar el monitoreo y la gestión de las redes, como el transporte público, los servicios públicos y los sistemas de eliminación de gestión de residuos, así como centrales eléctricas. La construcción y actualización de la infraestructura existente para ser más resistente a los impactos del cambio climático también será un área clave de inversión sostenible.

 

De este modo, la inversión total en infraestructura en las economías emergentes de Asia se prevé de unos 1,7 billones de dólares anuales durante los próximos 20 años, lo que equivale al 4.2% de su PIB.

 

China invertirá aproximadamente 1,2 billones de dólares cada año (4,8% del PIB), lo que representa el 35% de la inversión mundial en infraestructura y el 54% de toda la inversión de los mercados emergentes. India será el segundo mercado de inversión en infraestructura más grande, representando alrededor del 8% de todo el gasto de los mercados emergentes.

 

A su vez, África invertirá aproximadamente el 4,3% del PIB en infraestructura, pero los niveles absolutos serán bajos. La Europa emergente invertirá el 3% del PIB en infraestructura, en línea con el promedio mundial, pero el gasto en América Latina será inferior al 2,3% del PIB.

 

Oportunidad para el sector privado

 

Tradicionalmente, los mercados emergentes han dependido principalmente de la financiación pública para sus necesidades de infraestructura, pero en la situación actual con los presupuestos públicos bajo presión, el sector privado desempeñará un papel más importante a través de alianzas público-privadas con una oportunidad anual de 920 mil millones para los inversores a largo plazo.

 

En este contexto, un diferenciador clave para los mercados emergentes en los próximos 20 años será su capacidad para comprometerse con políticas que favorezcan marcos legales atractivos para el mercado, con baja complejidad arancelaria, prudencia fiscal y seguridad jurídica.

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