![[Img #73323]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2020/6747_kisko-y-rey.jpg)
Y esperemos que no vaya a más. Convendrá el lector conmigo en que la circunstancia estival nos sitúa en una posición de contemplación, casi de ajeneidad, absolutamente impropia respecto de los acontecimientos y desgracias que se han ido sucediendo este año, y hasta hoy mismo.
Cuando la Reina de Inglaterra pronunció esta frase para resumir el año en que la Princesa Diana falleció trágicamente en un accidente de tráfico y el triste suceso dañó gravemente la imagen de la monarquía británica, creía haber dado con una frase que describía con suficiente intensidad una situación enormemente complicada y adversa.
Describir con la fuerza expresiva necesaria un año, o lo que llevamos de él, que comenzó con una grave crisis EEUU-Irán que hizo calentar los dispositivos balísticos intercontinentales. pero que de pronto pasó a ser poco menos que un episodio de Friends cuando la avalancha del covid 19 dejó su saldo de muerte, desolación y recesión, y que nos confinó por primera vez, y por vez primera a nivel mundial y en el que muchas de las hechuras de las que están hechas nuestras personales arquitecturas, temblaron. Y para esto no estábamos preparados. Y la frase de H.M The Queen se quedaba completamente corta.
En este año horrible, miles de españoles y varios cientos de miles de ciudadanos del mundo, han fallecido y muchos han quedado con secuelas. Con secuelas y/o sin trabajo.
Y las sociedades, las economías, las familias, intentan otear –amparados en la calma estival-, lo que puede ser otoño, si las circunstancias se mantienen, o lo que puede ser otoño al cuadrado, si las circunstancias empeoran.
Y ahora lo de Don Juan Carlos. Al igual que muchos de los lectores, yo he pasado la mayor parte de mi vida adulta -como decirlo- en sintonía con nuestro Rey Emérito. Nos gustaba su carácter, nos pareció bien la solución que implementó en el golpe de estado del 23-F. Nos gustaba que congeniara con el Partido Socialista o más exactamente, con algunos de sus dirigentes. No sabíamos si éramos monárquicos o juan carlistas, pero no había ningún primer requerimiento al respecto. Era Borbón y, por tanto, campechano, y persona que, por lo que cuentan, sabía ser muy común entre comunes.
Me doy cuenta que hablo en pasado. Y es porque ha abandonado España, por un asunto que está en manos de la Justicia.
Lo lamento de corazón. Podría decir la frase hecha de “qué falta le hacía”, u otras similares, siempre respetando la presunción de inocencia que, dicho sea de paso, en España no equivale a gran cosa antes de que te juzguen. Pero me da tristeza, sin entrar en valoraciones éticas, estéticas o políticas.
El otro día vi una camiseta que llevaba serigrafiada una frase en inglés: "A gentleman has no memory". Un caballero no tiene memoria. Se aplica coloquialmente a la discreción respecto a algunos asuntos. Me da que Don Juan Carlos ha elegido el largo camino del silencio.
Ahora que todos van a hablar.



