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ENTRE TÚ Y YO

Crónica de un atardecer con Mavica

Nazaret Domínguez Jueves, 06 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

 

El sol ya estaba cayendo por detrás del Cristo de Monteaguado, cuando los invitados comenzaban a sentarse de manera ordenada -por el covid, me refiero- en sus asientos. Máximo grupos de cuatro y en general, todo el público sentado de dos en dos, que siendo parejas o no, se preparaban para disfrutar de una buena música en uno de los escenarios más relajantes que yo jamás antes había visto.

 

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El cielo se anaranjaba y la luces que adornaban la velada se encendían para crear un ambiente tenue e íntimo entre los que estábamos allí sentados y la mujer que saldría apenas unos minutos después de una amena espera. Mavica (Marta Casanova, Cartagena, 1993) apareció a la hora acordada acompañada de su guitarra eléctrica.

 

Aunque no cree en las supersticiones, su madre ya le había alertado previamente de que salir de amarillo a tocar, no sería una buena idea. ¡Y vaya si lo fue! Marta llenó el concierto y aquellos que se quedaron sin entrar, pudieron disfrutar de su música desde el fondo del recinto. Echarle la culpa al amarillo sería algo injusto para la cantante, que asegura que, contra todo pronóstico, volverá a ponerse ese color en otras ocasiones.

 

No era el primer concierto de la artista después del confinamiento, pero lo experimentó con mucha emoción. Asegura que sintió junto a ella un público cercano que le hacía sentir cómoda y segura. Una sensación que le hacía crecer en el escenario, al conocer que ese era el primer concierto para muchos de los allí presentes.

 

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Un público y una atmósfera inigualable, donde la luna llena puso “la guinda al pastel” para convertirse en lo que para ella fue una noche mágica.

 

 

El hielo lo rompió ‘Tell them to be fine’, un nuevo tema que era para muchos desconocido. La guitarra y su voz rajada, pero sensible, hicieron el resto. El público quedó en silencio para escucharla y tras el fin del primer tema, llegaron los aplausos para que Marta notara el calor de todos aquellos que habíamos ido a verla, a escucharla y a sentirla.

 

 

Y tras la primera canción en solitario, Pablo Serrano -su pareja- se sitúo al aparato. Durante el debut, cambiaban los roles. Las cuerdas de la guitarra pertenecían a las manos de esta pareja que sonaban al unísono. Marta lo llama “conexión escénica”, porque tal y como asegura la artista, solo es necesario mirarlo para que él sepa perfectamente lo que necesita en ese momento. Un gesto que le hace sentir a la joven segura para poder centrarse en lo realmente importante; “cantar cada canción con sentimiento”.

 

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Aunque es murcianica y nacida en Cartagena, todas sus canciones son en inglés. Marta comenzó a componer canciones en esta lengua por inercia y confiesa que poco a poco se está animando a componer en castellano. Todavía no, pero pronto podremos escuchar nuevos temas en su lengua materna.

 

Entre el público se encontraba la familia de su pareja. La suya no, pero se sentía igual de acompañada. Una de las canciones fue dedicada a la abuela de Pablo Serrano, que a sus 82 años se encontraba entre los presentes, disfrutando de este dúo musical.

 

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Desde que acabó el estado de alarma, la joven artista asegura haber tenido varios conciertos en la Región. La cartagenera ya había actuado este verano cuatro veces en Murcia y todavía le queda uno más el próximo 28 de agosto en el auditorio El Batel. Un último concierto para esta temporada estival que tendrá el placer de jugar en casa.

 

 

Un concierto diferente a lo que estamos acostumbrados a vivir. Con los espectadores sentados y separados socialmente. Algo que le encanta a Mavica porque le relaja ver a la gente sentada mientras ella está en el escenario.

 

 

La timidez de Marta se dejaba ver durante el concierto, pero nada más obtener una conexión con el público, esta desapareció: “Me gusta más tocar que hablar, aun así, cuando encuentro esa conexión con la gente que en este concierto llegué a tener, el hielo se rompe”.

 

Nosotros vimos a Mavica en el escenario, moverse y desenvolverse como pez en el agua. La música forma parte de su vida, de su día a día y de su forma de ser. Y como todo el mundo, tiene sus sueños. Le encantaría llevar su música a todos los países posibles y que su público fuera cada vez más grande. Aunque lo que más desea es que alguna de sus canciones aparezcan en las películas de sus directores favoritos como son Almodóvar o Tarantino.

 

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Cuenta que su secreto es ofrecer en el escenario lo que a ella le gustaría percibir en un cantante y así lo hace. Marta ofrece una “música honesta” para que el espectador se introduzca de lleno en la mente de la artista. Y supo transmitir porque el concierto acabó con una ovación entre aplausos y al grito de “¡otra!”, que por supuesto, nos la concedió y en solitario.

 

Ni el amarillo ni la lujuria de la luna llena pudieron cambiar el embrujo de esa noche que nos envolvió a todos en la música de Mavica. Y aunque distanciados y con la mascarilla puesta, nos impregnamos de esa melodía que envolvió el cielo de Murcia por unas horas.

 

¡Que la inspiración te pille tocando! Gracias Mavica.

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