Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

¡Es verdad!

Mariate Almela Viernes, 07 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. Ahora lo veo todo desde otra dimensión...

 

 

Me di la vuelta y allí estaba, la institutriz que cuidaba a aquellos extraños niños, siempre tan repeinados y limpios. Nunca les faltaba detalle. Vivían en mi edificio, habían venido de Inglaterra hace unos meses y salían cada mañana y cada tarde puntuales a dar sus paseos matutino y vespertino.

 

- Vamos chicos, no os detengáis, tenéis que llevar un ritmo constante, sin distraeros y sin mirar atrás.

 

- Mira Robert -dijo Lusinda a su hermano, como si quisiera desafiar a Margaret su cuidadora.

 

Yo no sabía bien qué pensar pues todos sabemos que a veces las apariencias engañan y aparentemente aquellos niños aun siendo algo extraños, niños eran y la institutriz que los aleccionaba parecía demasiado dura con ellos.

 

- Mira Lusinda -dijo Robert señalándome- es un alma errante atrapada en un cuerpo que nosotros podemos ver.

- ¡Es verdad! Te vemos -contestó la niña haciéndome señales.

 

Margaret los cogió de la mano y comenzó a tirar de ellos:

 

-Venga señoritos, ¿qué os pasa hoy? Estáis revolucionados.

 

Varios escalofríos recorrieron mi ser, sintiendo por primera vez que mi invisibilidad tenía algún resquicio defectuoso y que aquellos niños tenían el poder de visualizar mi presencia por algún motivo que yo aún desconocía.

 

-No pasa nada Margaret, es que alguien nos sigue, la llevamos detrás y si no eres buena con nosotros le diremos la verdad para que te lleve con ella.

 

La institutriz que no solía demostrar signos de debilidad, se paró en seco, miró hacia atrás y con cara de terror se dirigió a sus pupilos:

 

- Aquí no hay nadie, hablaré con vuestro padre y le advertiré de los dos demonios que tiene en casa. ¡No era donde estábais! ¡El problema sois vosotros! Desde que vinimos a España no paráis de incordiarme, pero esto ya ha pasado de castaño a oscuro. Hoy no tomaréis postre ni saldréis a dar vuestro paseo vespertino, y tendréis el castigo del encierro porque esta vez os estáis pasando -continuó Margaret sin abandonar el gesto de pánico que le habían provocado aquellas dos personitas.

 

Tomaron rumbo hacia casa. Yo los perseguí sabiendo que los niños no mentían, que me veían, pero quise comprobar porqué la habían amenazado y hasta donde era capaz de llegar aquella muchacha que los cuidaba (o descuidaba).

 

Reafirmé la importancia que tienen las versiones según quien las cuente y en aquel momento no tuve claro si eran Robert y Lusinda los que pecaban o era Margaret la que no se comportaba bien.

 

Entramos en la casa, y la chica se dirigió a una habitación que estaba cerrada con llave, la abrió, introdujo a los niños en ella y volvió a cerrar advirtiéndoles que iba a llamar a su padre y a contarle lo que estaba pasando.

 

Yo atravesé la puerta para ver cómo estaban y ellos me pidieron ayuda:

 

- Por favor alma, sal ahí y mira lo que está haciendo, luego vienes y nos lo cuentas y así nosotros podremos demostrarle que es verdad que te vemos -me dijo Robert abriendo mucho sus pequeños ojos.

- ¿Pero por qué me veis? ¿Cómo es posible? -le contesté yo.

- Desde que éramos muy pequeños hemos tenido algunos incidentes que han hecho que nuestras vidas corran peligro y una vez estuvimos a punto de morir. A partir de ese momento vemos presencias que no son visibles para los demás, pero para nosotros sí -dijo Lusinda con una naturalidad que me enterneció.

 

-Voy a ayudaros chicos.

 

Pasé al otro lado donde Margaret hacía una maleta con sus cosas disponiéndose a marcharse y dejar aquella vida atrás. Escribió una nota dirigida al padre de los niños: “No puedo más, abandono. Búsquese otra que pueda lidiar con sus hijos”.

 

Yo entraba y salía de las dos estancias y conté a los niños que su cuidadora se disponía a abandonarlos. Ellos le gritaron ¡no nos dejes o te perseguiremos allá a donde vayas! Le contaremos a papá las veces que nos has encerrado y te arrepentirás.

 

Un silencio aterrador se hizo en la casa y al pasar al otro lado, donde estaba Margaret, vi que había cogido un tronco de la chimenea recién encendida y lo estaba colocando en la puerta de la habitación donde tenía encerrados a los niños. Enseguida la madera comenzó a humear y una llama prendió comenzando a provocar un incendio. Margaret cogió su maleta y se marchó.

 

- Lusinda, Robert, echaros atrás -les grité desde la puerta. Comencé a aspirar el fuego con toda la intensidad que pude. No podía explicarme como alguien podía comportarse como lo hizo Margaret.

 

- Menos mal que estás aquí alma, de lo contrario no sé lo que habría pasado -me dijo Lusinda entre sollozos.

 

- Nosotros no somos malos, lo único que pasa es que vemos esa otra dimensión en la que tú y otras personas os encontráis y esa cuidadora que se ha ido nos ha encerrado y abandonado varias veces. Luego vuelve y nuestro padre la cree -gritaba Robert.

 

Conseguí apagar las llamas. Cuando pasé al otro lado los dos niños estaban acurrucados en un rincón de la habitación. La madera se había derrumbado y los pequeños fueron directos al teléfono para avisar a su padre para que viniera a rescatarlos.

 

Papá, por favor tienes que creernos, Margaret ha vuelto a portarse mal con nosotros y esta vez podemos demostrártelo -dijo Robert entre lágrimas mientras veía el vídeo que yo había grabado en el teléfono de la propia Margaret, que previamente le había cogido sin que se diera cuenta.

 

Me marché de allí dejando las pruebas que ayudarían a Lusinda y a Robert a demostrar a su padre la verdad. Esa verdad que no siempre sale a la luz y en muchas ocasiones pasa desapercibida como si nunca hubiera existido.

 

-Adiós chicos, suerte -les dije, y me marché.

 

¡Hasta la semana que viene lectores de “Entre Tú y yo”!

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.