
Hija mía, cómprate una casa, que es una gran inversión y nunca cae de precio.
…Y, entonces, llegó la crisis de 2007/2008 y la explosión de la burbuja inmobiliaria.
"Hija mía cómprate una casa, pero no en el pueblo, en la capital que nunca caen los precios..."
…Y, entonces, llegó el Covid-19.
Mi asesora no era inmobiliaria , como ustedes podrán apreciar.
Ya sabemos que este virus marcará nuestras vidas. Cambiará la forma en la que compramos, trabajamos y nos relacionamos. Transformará numerosos negocios. Pero si hay un sector en el que se amontonan las incertidumbres, ese es el inmobiliario.
En este caso no me dejaré llevar por mi madre, me aseguraré en Inmopolt, que como bien saben, soy la directora de esta empresa.
El ladrillo siempre ha sido visto como una inversión segura. Después de lo ocurrido en los últimos 10-15 años, sabemos que esto no quería decir que fuera invulnerable. Pero sí parecía un refugio estable y con algo de rentabilidad en tiempos de incertidumbre y muy bajos retornos en otros activos conservadores. Ahora, incluso esto está en duda, pero eso sí, el alquiler sigue siendo esa válvula de escape que cubre esa inversión. Esta parcela de alquiler la llevamos desarrollando en Inmopolt y ha sido el gran patito feo del sector inmobiliario, pero al que todo el mundo mira cuando la cuesta es más alta... y cada vez más alta. Suele convertirse en la solución de los propietarios.
En la mayoría de los grandes mercados se repiten las mismas preguntas. Los informes de todo el mundo especializado muestran un grado de incertidumbre muy preocupantes. Ya no quedan certezas, como la de mi madre, aunque creo que nunca las tuvo. ¿O quizás estamos sobre reaccionando también en esto?
En las últimas 3-4 décadas, el sector inmobiliario ha estado dominado por una gran tendencia: localización, localización y localización. Más allá de lo ocurrido en el período 2007-2010, que podemos ver como un paréntesis o una corrección temporal, las grandes ciudades (y, dentro de ellas, los mejores barrios del centro) han visto cómo se disparaba la demanda por el espacio premium. En nuestro país, se discute mucho sobre la dificultad de los jóvenes en el acceso a la vivienda y el stock de vivienda vacías, que se sitúan en cifras muy preocupantes.
Llama la atención que existan colectivos que no encuentran vivienda (o que tienen que pagar precios cada vez más altos) mientras hay millones de casas vacías. Pero en realidad nos hacemos trampa con ese análisis: porque la vivienda se concentra en aquellas provincias y lugares en los que no hay demanda. De qué le sirve a alguien que quiere vivir en Madrid que los pueblos de Orense o Soria estén llenos de casas deshabitadas. O que haya miles de viviendas sin vender en la playa, en promociones que se quedaron colgadas tras la última crisis.
Para los propietarios, las medidas que restringen la oferta nueva son muy convenientes por muchas razones, entre ellas, porque poseen un activo que cada vez vale más y que no tiene competencia. Refugio el ALQUILER, con especialistas como Inmopolt.
Las tendencias pre-Covid
Antes de que el coronavirus entrase en nuestras vidas, ya había una serie de tendencias que parecía que podían cambiar algo (no mucho, también es cierto) este escenario. En lo que hace referencia al inmobiliario para vivienda, los jóvenes demostraban menos querencia que sus padres y abuelos por la compra de una casa como primer paso hacia la madurez. Los motivos eran muy variados. Para empezar, los precios de los inmuebles, los salarios y contratos de estos jóvenes cada vez estaban menos correlacionados. Pero, además, vivir de alquiler les ofrece más flexibilidad laboral (no estás atado a la casa que compraste) y les permite vivir en el barrio deseado a un precio inferior al de una hipoteca. Y, por supuesto, el hecho de que no se casen ni tengan tantos hijos como sus padres, también influye.
El mercado iba a ver un crecimiento limitado. De hecho, hay un fenómeno interesante y al que no se le ha dedicado demasiada atención: cómo afecta la caída de la natalidad al mercado de la vivienda y a las expectativas de esos potenciales compradores.
Es cierto que en España tenemos otro elemento que tiene importancia en el mercado inmobiliario: los no españoles. Aquí hablamos tanto de los inmigrantes (los que llegaron entre 1995-2007, sus hijos y los que están llegando con la recuperación) como los potenciales compradores de segundas residencias (estos, sobre todo, en las costas). Pero el impacto de los extranjeros varía mucho en función de las zonas y del tipo de inmueble: de nuevo, el dato general de compraventas puede ocultar realidades muy diferentes por provincias o por municipios.
Siempre tendremos, el hermano feo... mi alquiler.

