
Mantengo un gran espacio a mi alrededor, amplio, enorme, con una naturaleza increíble que me acompaña y disfruto. La belleza de mi paisaje es peculiar e inquebrantable, con esas manchas oscuras tan bien alineadas, perfectas que parecen transportadas de un cuaderno de dibujo, puestas con orden meticuloso en cada uno de sus montes y colinas, y que me mantienen joven por tanto tiempo. Son señas de identidad exclusivas de mi territorio y que por algo se le conoce como “La tierra de María Santísima”. Puedo recurrir a tantos adjetivos, a tantos estallidos de admiración, porque es verdadera esa impresión de sentirme en una pura exaltación de belleza única y a la vez universal. Conocida y reconocida por su constante ir hacia la alegría de vivir, en un estado de gracia permanente, que nunca tendrá competencia. Por aquí todo huele a almazara, que, gracias a la persistente prensa, transforma el fruto en líquido verde, transparente, sabrosísimo, que se impregna de los otros olores de la serranía que habito, como el tomillo, romero, orégano, albahaca… indispensables aliños en una mesa bien puesta; ya sea la más humilde, como la más sofisticada. Ahora paso mucho tiempo solo, no me disfrutan como antes; mantengo unas expectativas poco constantes, una melancolía apremia las largas horas de los interminables días y meses que paso como en un letargo forzoso. Habría que inventar algo para atraer a los que tanto quiero, y que estoy seguro también me corresponden, pero que se empeñan en visitarme solo cuando el calor arrecia y tienen que vivir como yo, encerrados, en penumbra, siempre al acecho de la caprichosa temperatura. Así todo, no voy a dejar que me consuma el tedio, abatido por estos pensamientos que no tienen peso en mi conciencia tan predispuesta a ser agradecida.
![[Img #73657]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2020/8465_es-3.jpg)
Porque yo borro el recuerdo de lo que fue ayer. Cada día es una nueva y brillante expectativa, pero como no se sabe lo que ocurrirá al final de la jornada, prefiero empezar de cero siempre, con la misma ilusión, con la misma sensación de sentirme nuevo cada amanecer, donde espero el radiante sol que tan raras veces me abandona. Aunque haya pasado la goma de borrar, todo lo ocurrido en tan pocos días me parece digno de mantenerlo en mi pensamiento; y voy a hacer una excepción, hoy, cuando vivo lo que ya no debo vivir por ese propio sentido de vida abrazado por mí.
Cualquiera va a pensar que han ocurrido situaciones de forzosa mención. Que algo haya pasado tan importante para reseñarlo obligatoriamente. Pues no es así. En un espacio y tiempo tan escasos, lo importante es la cadencia, la armonía y el ritmo donde se desarrollan las vivencias. Yo me encuentro en el centro y los dejo hacer a solas con sus afanes; asistiré en calidad de guardián centenario, que será lo mismo que he hecho en otros momentos de la historia, con otros personajes que mucho tienen que ver con los de ahora, pues existen lazos muy estrechos; fluidos que se perciben, mensajes secretos esparcidos por mis desgastadas paredes. Aquí todo tiene cabida. Estoy puesto al día. Yo soy el observador que perdurará hasta que ellos quieran, y ellos son mis personajes queridos, que darán rienda suelta a sus oratorias familiares, que flotarán en el silencio, como las anteriores. Y el ambiente y la atmósfera se nutrirán de buenas vibraciones; cuestión de voluntad. Creo que será así porque así lo ha sido durante tantos años... Me gusta mi intervención en todo esto: callado, responsable, atento a las necesidades de la época. Y la de este año es bastante extraña, diría yo. Percibo preocupación por algo que no deja de amenazar, y que ha conseguido sembrar el pánico cuando el mundo hace gala de una modernidad libre, sin límites. Y no parece que sea bueno este desajuste repentino.
![[Img #73652]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2020/3723_es-2.jpg)
Todo lo que me rodea en mi espacio doméstico es bastante estático. Los cipreses crecen erguidos, sin perder su porte majestuoso, mientras yo envejezco… qué se le va hacer. Me comunico poco con ellos, tan derechos y altivos. En verano observo qué bien sientan esas sombras que permanecen inamovibles. Hay que cuidar a los que vienen, es un corto tiempo de compañía; llegan agotados de un largo período de quehaceres, y nuestra responsabilidad es procurar que se sientan cómodos. Y el agua es tan necesaria. Porque la piscina forma parte de ese entorno que renueva la vida. Por un tiempo el agua azul, cristalina y hospitalaria, que choca con el verde reseco de los árboles y plantas, va a quitar protagonismo a todo lo demás. Comprendo que la hemos mimado para que sea el punto central más importante del verano. El descanso y la mente se mantendrán reposados en sus bordes firmes.
![[Img #73653]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2020/1312_captura-de-pantalla-2020-08-13-a-las-191647.png)
Y yo seguiré presente, como un centinela comprometido; lo mismo que he hecho otras veces. Toda mi vida diría sin equivocarme. Con estas premisas, logro que se ilumine el ambiente por la expresión de reconocimiento entre los que nos sentimos protegidos en un mismo afecto. Porque este lugar me identifica. Soy yo. Y lo seré siempre Y una gran emoción aflora como la obra de arte admirada por quien es capaz de reconocer la belleza que perdura y se mantiene por encima de ella misma.
¡¡Será un placer volver con vosotros la semana que viene!!

