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ENTRE TÚ Y YO

Otoño

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 28 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

 

Cuentan que alguien se dirigió a Sócrates para ponerlo a prueba, y le dijo: -Maestro, le voy a contar una cosa que me han dicho de una persona.  Sócrates antes de permitirle hablar le dijo que primero le haría tres preguntas:

 

            -¿Es cierto lo que me vas a contar? - Pues no lo sé, porque me lo acaban de decir. -Ah, o sea que no sabes si es cierto – contestó.

 

            -¿Es bueno? -  Pues no.

 

            -¿Es provechoso? – Creo que tampoco, puesto que no tiene ninguna moralina que sirva de modelo.

 

Sócrates entonces, dijo sereno: -Puesto que ni es cierto, ni es bueno, ni es provechoso, prefiero que no me cuentes nada…

 

Los grandes sabios, genios o simplemente personas con sentido común, siempre encuentran respuestas lógicas que no dañen a nadie. Pondrán mucho cuidado en dar una opinión que no sea la correcta pues saben que se recibirá como una lección trascendente, con admiración y respeto.

 

Pessoa rechaza que lo comprendan. Dice que tampoco se indigna, porque es de fuertes; ni se resigna, porque es de nobles; tampoco se calla porque el silencio es de los grandes. Y no se considera ni fuerte, ni noble, ni grande. Sufre porque sueña; hombre sincero, siempre con su sello de escepticismo y melancolía. Es como si dijera que el caos ha empezado y está en escena la función. Me hubiese encantado charlar un poco, solo un poco con él. Porque cuando te adentras en su pensamiento más profundo comprendes que no es disparatada esa manera de ver el mundo, de estar entre las personas, cada una con su malestar e incertidumbre.

 

Y si hablamos de incertidumbre también habría que matizar un poco la desesperanza. Sin ser pesimista no hay que olvidar ser realista. Alguien dijo que un pesimista es un optimista bien informado. Las noticias circulan sin parar, vivimos en un mentidero lleno de murmuraciones, rumores, presunciones. Cuando el arte de comunicar ha  llegado a su máxima expresión, ya no se puede frenar. Nos movemos en un estado de información permanente; se corrobora y se disecciona todo lo que ocurre, para terminar en un sensacionalismo que solo alimenta el mal espíritu, nada coincide, ni los argumentos ni la manera de resolver los problemas. Es necesario estar de acuerdo para dar solución a esta Torre de Babel en que se ha convertido el mundo. Quizá la cuestión está en el PODER. Quien lo tiene… No lo suelta. Cada vez que encendemos la televisión, ahora más que nunca, todos nos sobrecogemos. Es necesario renovar nuestros propósitos de buena voluntad con vistas al invierno. Ángela Merkel habla a sus ciudadanos para esta nueva etapa que siembra tantas dudas. Es una mujer muy dura y en lo que dice se muestra implacable. Otra vuelta al desencanto y al interrogante, ya que la esperanza que tendrá respuesta será la del propio comportamiento individual; debemos asimilar que buena parte está en nuestras manos.

 

La realidad incierta del otoño sí que nadie nos la puede omitir. Llegará antes de que se vaya el calor. Ya. No se sabe qué ritmo tendrá la ciudad, de qué forma van a empezar los colegios; que a menos de dos semanas para que abran sus puertas hay un batallón de niños esperando reencontrarse con su vida ordinaria. Y no sabemos si se podrá ir al cine, tomar una cerveza en un lugar público sin peligro, y si el pequeño comercio de la ciudad podrá resarcirse del caos. Esto sí que no se puede predecir. Cundo septiembre se llene de gente, que regresa de diferentes lugares, ¿qué pasará? Se habla de todo, pero lo cierto es que lo que nos espera es una incógnita. Y yo me pregunto: -¿Qué ha pasado para que los rebrotes se hayan ido de las manos de una forma tan brutal?- Cuando el primer confinamiento, las calles se vaciaron una noche y fuimos muy obedientes ante lo que se nos venía encima; sin embargo, no ha sido suficiente pues se sigue respirando tanta inseguridad… y yo me encuentro desgastada y despistada; es por eso que  volver a los filósofos, a los antiguos, suaviza un poco mis interrogantes. El desencanto sigue acomodado en el ambiente, cuando lo que tenemos delante es un volver a empezar… cuando septiembre viene a buscarnos y todavía no sabemos qué recibimiento nos tiene preparado.

 

A pesar de todo este sol implacable, es una invitación al hedonismo, a quemar los últimos rescoldos de las vacaciones, a no pensar demasiado. Aun así me gustan los días que se van acortando llenándose de penumbras doradas donde agosto arrastra el verano hacia su ocaso. Por eso Pessoa me reconforta con su actitud de calma y vacilación. ¿Es que no sentimos aunque sea un poco el mismo desasosiego?

 

¡¡Hasta la semana que viene!!

 

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