
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado…Ahora lo veo todo desde otra dimensión.
La calle estaba desierta y me dediqué a pasear tranquilamente. Muchas veces no nos damos cuenta de lo rápido que vivimos, del ritmo que llevamos, de la prisa con la que tendemos a hacerlo todo. Me recreé en cada uno de los rincones de la avenida, entrando a los pequeños negocios que dan sustento a tantas y tantas familias y pude saborear la esencia de todos ellos. La economía se nutre de estas pymes y sin ellas sería imposible su crecimiento y estabilidad.
En la puerta de algunas de las tiendas comencé a ver movimiento. A pesar de que era muy temprano, algunos de los propietarios preparaban ya sus productos con ese “algo más” que le añadimos a lo que hacemos con cariño.
- Por aquí - comentó Teresa a su acompañante que la ayudaba a introducir varios percheros y bultos con ropa que traía de sus compras.
- Déjamelos nada más entrar y ya me ocupo yo ahora de desempaquetar lo que va en cajas, codificar cada una de las prendas, etiquetarlas una por una y colocarlas por colores como me gusta.
Me vino al recuerdo aquel tiempo en el que dediqué parte de mi vida y de mis ilusiones a mi pequeña boutique llamada ALMA, en la que pude comprobar que todo se consigue con esfuerzo, con mucho esfuerzo y dedicación, y sobre todo, con pasión.
Todos estos ingredientes son fundamentales para que el engranaje funcione, para que la máquina gire y avance y para mantener esos negocios que surgen de la nada y que son el motor de la economía.
Hay algunos muy recientes, otros que llevan toda la vida. Unos que tiemblan y otros que permanecen a pesar del coste que implica mantenerlos abiertos.
- Puf, con la que está cayendo necesito diferenciarme, mostrar cada día mi sello de identidad, jugar con lo diferente y que ello me permita darme a conocer y encontrar el equilibrio entre la inversión que acabo de hacer, los costes diarios y los ingresos ordinarios - le explicaba Teresa a Julio que debía ser su pareja.
- Claro, te entiendo - le contestó él mientras terminaba de sacar los paquetes y colocarlos donde ella le había dicho.
- Tengo que tenerlo todo listo para la hora de abrir. No imaginas la ilusión que le hace a las clientes entrar por la puerta y que les diga que sí hay novedades cuando me preguntan. Y la verdad es que a mi también - comentaba Teresa mientras etiquetaba sin parar todo lo que había comprado para ir colocándolo en sus maniquíes y en sus percheros.
- Bueno, yo me voy que tengo que trabajar - ¡Que te sea leve! - le dijo Julio y se marchó.
Me dieron unas ganas enormes de ayudarla, de acompañarla en aquellos quehaceres que tantas y tantas veces yo había realizado tiempo atrás, haciendo unas labores minuciosas en cadena, en la que entraban en juego muchos factores que se necesitaban y complementaban. Cada compra conllevaba manipulación del producto en cada una de sus fases, (a veces hasta de producción propia), puesta a punto, preparación y colocación.
Me situé a su lado y observé el amor que ponía en cada artículo y en cada paso que daba hasta tenerlo listo para su venta. Ojalá le vaya siempre muy bien y todo el trabajo que acarrea mantenerse en pie, le sea recompensado con la misma alegría que tiene ahora mismo.
El fin último es la venta, pero si el camino no es satisfactorio será mucho más difícil conseguir los objetivos marcados . Permaneció pensativa unos minutos y escribió un cartel que colocó en la puerta...
Se hizo la hora de apertura y Teresa levantó la persiana. Un nuevo día la esperaba y ella se sentía fuerte. Tenía ganas. Antes de comenzar su negocio había concretado su visión, su misión y los valores de empresa y tenía claro que actuaba sobre un pilar estable y meditado, pero yo era consciente de que sin esa ilusión que desprendía no podía ser lo mismo.
Observar a Teresa tocó mi corazón y me hizo revivir aquel tiempo en el que mientras sentí pasión por lo que hacía, nada pudo interponerse en mi camino.
Me dispuse a marcharme, no sin antes leer las palabras que ella había escrito colocándolas a modo de cartel a la entrada de su establecimiento:
Visión: “alegrar la vida de mis clientes”.
Misión: “acercarte los productos para contribuir a que seas feliz”.
Valores de mi empresa: “calidad, confianza y pasión. Tú eres lo primero”.
Me fui con el convencimiento de que Teresa conseguiría sus propósitos, sabiendo que sus esfuerzos serían recompensados y me alegré por ella.
¡Buena semana, os deseo mucha ilusión!

