
Este martes, se celebraba el día Internacional del Peluquero, un día que busca rendir homenaje a una de las profesiones más antiguas que existen, donde la creatividad y la pasión son dos puntos clave en este oficio. Con la llegada de la pandemia, este sector se ha visto gravemente afectado y están viviendo uno de sus momentos más delicados.
En España, el sector de la peluquería y la estética factura alrededor de 3.500 millones de euros al año, unas cifras que no serán alcanzadas este año, ya que la facturación se verá drásticamente reducida tras los más de dos meses de parón.
En la nueva normalidad, los salones de belleza se han visto obligados a adoptar medidas higiénico-sanitarias con las que se ha visto reducido su número de clientes. Las normas recomendaban trabajar con cita previa y nada de: “¿tienes un hueco para cortarme las puntas?”. El aforo de los salones se redujo al 30% y los profesionales solo podrían atender a un cliente a la vez. Normas que, sin duda alguna, impedían realizar un trabajo ameno que ha provocado considerables huecos en sus agendas.
Vicente Nicolás, estilista y director del centro de formación de estética Key Proyect Formación, asegura que durante toda esta crisis se han sentido muy abandonados: “Somos un gremio de proximidad y, a pesar de que hemos adaptado nuestros locales con todos los protocolos de higiene, todavía hay muchos clientes a los que les da miedo ir a la peluquería”.
El sector de la peluquería y estética es uno de los gremios que más ha tenido que invertir en productos de higienización, puesto que su labor se desemplea con las manos y el contacto directo al cliente. Nicolás confiesa que no es solo el aumento económico que conlleva adaptarse a las normativas, sino el tiempo empleado para higienizar y desinfectar cada puesto.
“Desde que la clienta entra a la peluquería ya marcamos un protocolo. Gel hidroalcohólico, toallitas, capas y toallas desechables, guantes… Además, como existe ese miedo, la limpieza la hacemos delante del cliente para que vea que sí que existe ese protocolo. Después, una vez que estamos cerrados, dedicamos unos 45 minutos a volver a higienizar cada sillón, cada tocador y cada instrumento -peines. cepillos, tijeras…- que lo hacemos con la máquina de ozono”, explica Nicolás.
El estilista asegura que durante estos meses ha observado grandes pérdidas en su negocio y que el listín de su agenda se ha visto reducido hasta un 40%. Y no solo eso, Vicente Nicolás también imparte clases en su centro de formación de peluquería. Aunque hasta el pasado jueves no sé conocían las medidas de seguridad que debía de tener para el inicio del curso, el director ya había organizado la vuelta a las aulas junto a su equipo, ya que comenzará las clases el próximo 2 de septiembre: “Vamos a marcar el inicio de curso con todas las medidas y pautas que dicte el Gobierno. Será complicado. Los alumnos no podrán dejarse el material, ni estar juntos”.
Nicolás, quien estaba acostumbrado a tener a más de un centenar de alumnos cada curso, este año se reducirán a la mitad por varios motivos. El director del centro afirma que el retraso de una normativa para incorporarse al curso ha provocado que muchos alumnos no registren su matrícula este año por falta de conocimiento y miedo.
Además, para poder acoger a un número mayor de alumnos, Nicolás deberá de hacer varios turnos, por la mañana y por la tarde, para así respetar el aforo permitido y la distancia de seguridad: “Tenemos que empezar a funcionar ya, con normativa o sin ella. Yo no quiero ayudas, solo quiero trabajar y, por supuesto, trabajar con seguridad”.
Nicolás, quien también imparte charlas por toda España, confiesa que una de las cosas que más detesta de esta pandemia es la ignorancia de muchas personas y que la situación actual de la Región de Murcia le ha afectado de manera negativa en su trabajo: “Me han cancelado charlas y formaciones en algunas ciudades de España por vivir en Murcia. Incluso me han llamado preocupados para que les contara qué estaba pasando en Lorca o en Murcia”.
El futuro para este sector es completamente incierto. Muchos salones están a flote y saben que, si hubiera un segundo confinamiento, entre un 60 y un 70% de los negocios se verían obligados a echar al cierre. La peluquería, que se encuentra en un momento en el que está rapada al cero, mira con incertidumbre y recelo un septiembre repleto de cambios: “Venimos a trabajar, pero si vamos con el contagio en la mente no vamos a ningún lado”, concluye Vicente Nicolás.



