
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado…Ahora lo veo todo desde otra dimensión.
La puerta se cerró tras el leve soplo de la brisa de la mañana. Se respiraba olor a hierba y se avecinaba lluvia inminente por lo que el ambiente era fresco y húmedo. Me encontraba frente a una casita de campo que había comprado mi vecino de al lado. Había escuchado el día anterior como se lo contaba a alguien mientras yo estaba sentada en mi terraza; le decía que iría hoy muy temprano a echar un vistazo y decidí en ese mismo instante que lo acompañaría. Me monté detrás en su coche y llegué hasta donde ahora me encuentro con él.
- Hola, hola, ¿estás por aquí Nerea? - preguntó Álvaro.
Nerea era su amiga de toda la vida, de esas personas con las que piensa uno en voz alta, con las que puedes ser tú en esencia y aunque pases mucho tiempo sin verlas, no cambia nada.
- Estoy aquí dentro - contestó ella con voz alegre e impaciente.
Álvaro entró en la casa buscándola, deseando encontrarla y abrazarla. Había pasado un año entero desde aquello y desde entonces no se habían vuelto a ver.
- Por fin te veo linda, ¡ven a mis brazos! - gritó Álvaro al reconocerla.
- La puerta se ha cerrado con el aire. Estaba abierta porque encontré la llave que me dijiste, ¿cómo estás?
- Pues ahora mismo encantado de tenerte a mi lado. Tengo muchas cosas que contarte y que preguntarte. Lo primero: ¿me has perdonado? - le preguntó Álvaro sin rodeos.
Le preguntaba por el perdón, ese gran desconocido para algunos y gran conciliador para otros, enemigo del rencor y amigo de la paz.
- Pues claro que te he perdonado y ¿sabes por qué? Pues porque me has demostrado que te importo, has venido al campo, que no te ha gustado nunca, y has comprado una casa al lado de la mía, propiciando que tengamos la oportunidad de convivir estrechamente.
- Ay Nerea, mi niña bonita, mi amiga del alma, que año más tonto hemos pasado, y no por haber estado sin vernos si no por el abandono de sentimientos armónicos. Nos hemos instalado en el silencio, tan dañino para una relación como el frío de un día duro de invierno si no tienes nada con que taparte.
- Me alegro mucho de que estés aquí Álvaro, de que me quieras y de tenerte otra vez cerca, pero sobre todo de que hayas vuelto - le comentó ella mientras lo abrazaba.
Cuando algo se rompe en una relación verdadera y la otra persona te importa, hay que despojarse de la razón, del orgullo, de la necesidad de ganar, y sobre todo hay que tener ganas de arreglarlo y de volver a sentir que no existen barreras ni muros que nos impidan llegar a quien amamos.
- Ven, vamos a encender la chimenea, a preparar palomitas con anís y azúcar y a recordar nuestras largas tardes de conversaciones y risas, sin pensar en nada más que en ti y en mí. ¡Nos lo merecemos! - le dijo Álvaro mientras tiraba de su mano.
Se volvió a crear esa magia que envuelve e impregna los buenos momentos, como si no hubiera existido ese tiempo en el que dejaron de hablar, ese tiempo que puede parecer perdido mientras está pasando pero que desaparece cuando actúa el perdón.
- Ni un solo día ha transcurrido sin que haya pensado en ti y sin haber lamentado tu ausencia en mi vida que ha sido demasiado larga y no por los kilómetros que nos separan, sino por la distancia que ha separado directamente a nuestros corazones- confesó Nerea a su amigo.
Cuando perdonamos realizamos un acto de bondad, primero con nosotros mismos y después con los demás. Derrumbamos muros que a veces son demasiado altos, rompemos cadenas, eliminamos barreras y nos liberamos.
- Pensábamos que nunca nos separaríamos, que en ningún caso nos pasaría y nos pasó. Creemos que las buenas relaciones son inquebrantables y seguras - dijo Álvaro a su querida amiga.
Ella le contestó: - Pues fíjate, así ha sido, pero hemos sabido aplicar el significado de la palabra perdón al pie de la letra, aprender de ello y dirigir nuestros pasos de nuevo por la misma senda, como no podía ser de otra manera.
Nerea y Álvaro son un claro ejemplo de personas que anteponen la generosidad al rencor, la humildad al orgullo necio, la absolución a la condena, pensé, y volví a recordar que mientras estás vivo todo es posible si hay bondad en el corazón.
¡Buena semana mis lectores!


