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Opinión |
Martes, 08 de Septiembre de 2020

Cambio histórico en la política de la reserva Federal de EE.UU.

Jerome Powell cambia el orden de prioridades del Banco Central para “incentivar” la creación de empleo

 

El pasado día 27 de agosto se produjo en el Jackson Hole Symposium, reunión de banqueros centrales, académicos y altos cargos financieros de los Estados para tratar materias sobre los bancos centrales, una llamativa intervención del presidente de la Reserva Federal (FED) Jerome Powell en la que modificaba las prioridades de su mandato. La última vez que se modificaron de forma sustancial las prioridades de la FED fue en el año 1979 por Paul Volcker para combatir la estanflación que sufría el país desde los años 70. En esa década y hasta 1983 la inflación se disparó alcanzando picos de hasta 13.5% en subidas del IPC y el crecimiento del PIB se estancó debido a la salida del patrón oro en 1971 y al shock del petróleo de 1973. La decisión anunciada por Powell vía videoconferencia ha sido la de poner en el mismo grado de importancia para su política el control de los precios y la lucha contra el desempleo anunciando que no modificará los tipos de interés del banco central estadounidense, aunque la inflación supere el 2% para incentivar la economía e incentivar el empleo. El banquero central ha comunicado que corrige su mensaje del mes de abril en el que mantenía la idea de que los tipos de interés para el sistema financiero se mantendrían entorno al 0% hasta que la inflación alcanzara el 2% y que no buscará un objetivo del 2% anual de inflación si no del 2% de inflación en el largo plazo. Sin especificar los niveles de pleno empleo que persigue ni los plazos para el cálculo de la inflación en el largo plazo que van a utilizar, esta decisión supone un cambio de paradigma.

 

Históricamente, y en la teoría, las funciones de todo banco central se diferenciaban entre las que buscaban el objetivo principal de la entidad, que es el control de la estabilidad en los precios considerado como una inflación del 2% anual para la mayoría de economías de la OCDE; y otras secundarias como son la estabilidad del tipo de cambio contra otras divisas, la consecución del pleno empleo, la sostenibilidad de un crecimiento económico estable y la moderación de los tipos de interés en el largo plazo. Todas estas funciones del banco central guardan cierta relación entre sí por lo que las prioridades y los contrapesos son un aspecto clave en la gestión de este tipo de entidades.

 

La relación entre la subida de los precios, o inflación, y el desempleo en macroeconomía se conoce como Curva de Phillips y, sin intención de entrar en profundidad en su explicación, basta con saber que esta representación gráfica expone, en su formulación en el corto plazo, la relación negativa que existe entre los niveles de inflación en una economía y su tasa de desempleo: cuanto mayores sean los aumentos de los precios, mayores son los beneficios de ese consumo, y por tanto, cuando la empresarialidad de la sociedad percibe climas económicos favorables, se realizan mayores inversiones y contrataciones dentro de una economía competitiva de mercado para conseguir atraer ese aumento en las rentas de los consumidores hacia su producto ya que los mayores precios, en un contexto de libertad económica, atraerán competencia. Para que esto sea posible y efectivo es necesario que la inflación no haya sido descontada por los agentes económicos más alejados del consumo para éstos no absorban la potencial inversión del aumento del margen de las empresas más próximas. Cuando sucede esto y los factores productivos descuentan el aumento de los precios en su coste se produce un aumento de los precios sin disminuir el desempleo o lo que se conoce como Curva de Philips al largo plazo dando lugar a una representación gráfica como una curva vertical en la tasa de desempleo natural de una economía. Este es el paradigma económico que según el nuevo mandato de la Reserva Federal está invalidado ya que desde la crisis del año 2008 los tipos de interés están incentivando la economía estadounidense de forma persistente y sin embargo, la tasa de desempleo alcanzó mínimo desde los años 1960 en el año 2020 sin provocar un aumento inflacionario en la economía. Es por esto por lo que muchos académicos y banqueros centrales creen que la curva de Philips al largo plazo tiene una representación horizontal entorno a una inflación al largo plazo y que es inútil tratar de controlar la inflación más allá y habilita a políticas monetarias expansivas con el fin de reducir el desempleo. El mandato del 2% de inflación anual es remplazado por un objetivo del 2% al largo plazo, lo que habilita al banquero central a compensar periodos de inflación por debajo de dicha tasa con periodos de inflación por encima. Este cambio de paradigma da al dirigente de un banco central una mayor discrecionalidad a la hora de configurar su política monetaria.

 

Powell, y el mundo financiero, saben que la inflación por encima del 2% aún no ha hecho acto de presencia en la economía estadounidense debido a que la demanda de dólares se ha multiplicado por cuatro desde febrero lo que está absorbiendo las emisiones masivas de moneda que esta realizando la FED. Los tipos de interés bajos obligan a los capitales a correr mas riesgos para obtener rentabilidades altas y provoca una asignación de recursos ineficiente que puede provocar burbujas financieras. Los tipos de interés artificialmente bajos de principios de década fueron los que provocaron la crisis financiera de 2008 cuyos efectos aun seguimos soportando y que podrían empeorar si no se controlan los efectos que este cambio de política puede tener en la economía real. Powell y su equipo son consientes de este fenómeno y se espera que si la inflación alcanza niveles altos sin crecimiento económico cambie de nuevo su política y reduzca las emisiones de moneda para no caer en una estanflación.

 

Los bancos centrales están afrontando esta crisis con las mismas herramientas que nos sumieron en la crisis financiera de 2008 intentando compensar las malas expectativas que consumidores y economía real perciben y transmiten en su forma de consumir e invertir con emisiones masivas de crédito barato a instituciones financieras lo que las vuelven a hacer susceptibles de realizar malas inversiones como pasó en España con el ladrillo. El nuevo mandato de la Reserva Federal busca incentivar la economía pero dota a sus dirigentes de una discrecionalidad que puede acabar socavando a la sociedad y su bienestar general como en la década de 1970 o en 2008.

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