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ENTRE TÚ Y YO

Curro Prieto: “Como al gran Sabina, las cervezas bien frías son lo que me inspira”

Nazaret Domínguez Jueves, 10 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Dejar huella es uno de los propósitos que Curro Prieto (Murcia, 1994) tiene en esta vida y, por ahora, no lo ha hecho nada mal. Desde Australia hasta Latinoamérica con epicentro en la Región de Murcia, su arte está allá donde vaya su pluma porque a este joven lo que realmente le inspira es viajar. Esto y como a los grandes artistas como Joaquín Sabina, una buena cerveza fría.

 

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Cuenta que de niño era muy revoltoso o, por lo menos, eso es lo que sus padres le cuentan, porque él no lo recuerda. Lo que sí que sabe a la perfección es que su amor por dibujar lo tiene desde bien pequeño. Se pasaba las horas dibujando y así es como empezó a crear el artista que es hoy día. A pesar de que ahora cambia sus experiencias y sus viajes, por Disney y Dragon Ball, confiesa que nunca se hubiese imaginado que algún día podría dedicarse a esto.

 

 

Y como gran artista se dedicaba a decorar los márgenes de los libros. Su destino podría haber cambiado antes de tiempo, pero Curro prefirió continuar el bachiller con sus amigos antes que cambiarse de instituto para especializarse en la rama artística. Al final, dejó las matemáticas de lado para sumergirse de lleno en el arte. Una decisión que tal y como asegura el joven, quizás no hubiese sido posible sin el apoyo de su padre: “Me plantee meterme a ADE porque no estaba seguro si realmente tenía que estudiar Bellas Artes. Durante el bachillerato me alejé del dibujo y no pensaba si yo era bueno dibujando porque no había tenido con quien compararme. Al final, mi padre me dijo que si me metía a ADE iba a durar un año porque yo odio las matemáticas. Probablemente lleve suspendiéndolas desde quinto de primaria”.

 

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Curro dejó de lado al miedo por una carrera aparentemente inestable y la curiosidad lo arrastró de lleno a la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia. El artista considera que en esta profesión, aunque es sustancial ser técnicamente bueno, lo más importante es ir en busca de la oportunidad, “tener un camino y enfocarlo”.

 

 

En la vida de Curro Prieto se podría destacar dos grandes hitos que le cambiaron su forma de ser, pero también de expresarse. Hay quien todavía no cree en los concursos y sorteos de las redes sociales, pero precisamente el azar fue lo que llevo al joven a vivir una de las mejores experiencias de toda su vida.

 

 

Y es que a través de Facebook, Curro se presentó a un concurso en el que sorteaban tres meses de viaje por Sudamérica para hacer un proyecto de fotografía y de escritura para el blog que lo promocionaba. El artista añadió su don a esa candidatura y, además de esas dos disciplinas, añadió la de ilustrar todo aquello que veía y así fue.

 

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El joven se sumergió en una aventura en la que aprendió a valerse por sí mismo. Uno de los trabajos de los que se siente más orgulloso y considera una vivencia inolvidable: “Nunca había salido tanto tiempo de casa, ni tan lejos. Este viaje me marcó, me ayudó a mejorar el modo de mis ilustraciones, de redactar… Conocer tantas culturas, tantas personas y además hacerlo de una manera un poco insegura porque no había nada planificado”.

 

 

El segundo gran hito de este joven tiene lugar en la otra parte del mundo. Hace apenas dos años, Curro decidió cambiar de aires y viajar hasta el país australiano. Otra experiencia que le llevó a realizar y desenvolverse en un gran trabajo, al que hoy día, todavía se dedica. Y es que gracias a esa otra gran experiencia, el artista puede presumir de ser el diseñador gráfico de la compañía Dingoos.

 

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La inspiración no le llega desde casa. Vivir nuevas experiencias, viajar e incluso las vivencias de sus mejores amigos mientras comparten una cerveza le inspiran para crear nuevas historias ilustradas. Musas como tal no tiene, pero si una gran motivación que le ayuda cada día a seguir mejorando, como es la publicidad.

 

 

Y como todo artista, Curro también tiene su ritual. Confiesa que está acostumbrado a tener siempre algo de fondo mientras dibuja -o bien una serie o un podcast- para poder así concentrarse. Nada de dedicar sus cinco sentidos al iPad donde suele trabajar. Un segundo entretenimiento debe de estar siempre de fondo para que sus creaciones salgan a la luz: “Es algo que se me ha quedado grabado desde pequeño. Siempre dibujaba en el suelo del salón con la televisión de fondo y con mis padres ahí detrás. Hasta en el trabajo lo han aceptado y se han dado cuenta de que no por ello tardo más, ni nada”.

 

 

El artista, que a veces es el protagonista de sus propias ilustraciones, se dibuja en cada sitio donde a él le gustaría estar. Confiesa que cada vez intenta parecerse más al Curro de sus diseños, pero en la vida real no todo es posible: “El Curro normal está más quieto que el ilustrador. Aunque por mí, estaría en sudamerica cada añito y medio”.

 

 

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A pesar de que estuvo a punto dedicarse a la banca para seguir los pasos de su padre y convertirse en lo que el denomina “un tiburón de bolsa”, el destino siempre es sabio y nos guía hacia aquello que realmente nos hace felices.

 

 

El camino de Curro siempre le lleva a lo creativo. Asegura cumplir casi todas las metas que se propone y sus objetivos cambian de manera asidua; desde crear una marca de ropa hasta empezar a tatuar. La creatividad incansable de este joven no cesa y le hace crear una infinidad de ideas. Viajar por el mundo con un proyecto ilustrativo sería uno de sus grandes sueños, pero la mayor utopía para el artista es, sin duda, cumplir cada día con aquello que se propone.

 

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Su mayor proyecto es dejar huella -y esto, ya lo añado yo- es tarea fácil. Sus ilustraciones cobran vida y no una cualquiera, sino la que el joven desea vivir. En sus dibujos se palpan los valores más importantes del artista que denotan felicidad, diversión, amistad y un sinfín de experiencias que de primera mano sé que no son solo sueños.

 

Cuando le pregunté en qué se diferenciaba el Curro ilustrador del original, ya conocía la respuesta y esta no es otra que en nada. Porque lo que el artista dibuja no es invención, sino que plasma la realidad de una vida plena para que todo el mundo “la entienda, la vea y de paso le guste” como ya lo hacían sus amigos cuando era pequeño y se acercaban a su mesa para decirle: “Oye tío, qué bien que te ha quedado ese Goku”.

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