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ENTRE TÚ Y YO

Los pensamientos vacíos

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 25 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Las tres hermanas pasamos el fin de semana en un apartamento en La Manga que mira los dos mares: aunque el tiempo está inestable hemos aprovechado para hacer la última escapada al mar. Teníamos interrumpida esta terapia que empezamos hace muchos años como necesidad de mantener nuestra amistad y cercanía de hermanas. La inauguramos con Estambul y resultó perfecta, a pesar de los atentados que sorteamos en ese momento de atentados. Todo esto en una ciudad con 15 millones de habitantes y con la colosal energía que desprende, ni las bombas que arrasaron parte de la zona moderna pudieron ensombrecer esos días. Noviembre brillaba con una pureza impecable hasta empezar la tarde, que por el Ramadán la gente hacía la única comida del día, en cualquier lugar; ya fuera un banco de la calle, un parque, una tienda, una oficina… Se desprendía un olor intenso a especias, cordero, una mezcla fuerte y exótica que se extendía en el ambiente, mientras la luz se iba apagando; pero la penumbra del otoño no importa cuando se sabe que el día siguiente va ser luminoso, fresco, lleno de sorpresas.

 

Me gusta la palabra penumbra, es muy evocadora, seria, trascendente. Hay muchas penumbras en la vida que no se ven; algunas pasan desapercibidas, tan versátiles y ligeras van tejiendo un día con otro sentimientos que nos doblegan y dejan a la intemperie nuestra realidad personal. Y es que en la vida tenemos tiempo para todo; entonces, ¿por qué no disfrutar de estas sensaciones también? No están prohibidas, aunque los psicólogos quieran hacerlas desaparecer de sus consultas; cuando la gente va oprimida, cuando se ahoga por las circunstancias de tantas cosas… las suyas y las que se respiran nada más poner un pie en el suelo cada mañana. Y buscamos huecos que aligeren estos sentimientos que están mal vistos en una sociedad que propone la evasión como remedio para ser feliz a toda costa.

 

Woody Allen quería venir a San Sebastián. Su última película está rodada en esta espléndida ciudad y hace su presentación mundial en el festival de cine donostiarra. Se ha quedado en su apartamento de Manhattan, es un señor con una edad considerable y no debe arriesgarse. También sabe que está metido en una controversia feroz, con muchas puertas cerradas. Y no se aclaran del todo las cosas para él. Creo que nunca sabremos por qué ha sucedido todo. Y por qué gusta tanto a los que nos gustan sus películas. Su país ha prohibido su cine. Sabemos que ciudades como Barcelona, Oviedo y San Sebastián están entre sus preferencias descubiertas hace poco. Ahora quiere rodar en Madrid; le sigue interesando venir a nuestro país. Entre tanto el festival sigue su curso un poco desangelado, la cuestión sanitaria no ha puesto las cosas fáciles, pero ni las mascarillas ni las restricciones en los cines y en el Kursal han podido deslucir nuestra mejor muestra al mundo del cine internacional. Jhonny Deep sí ha venido, ha sido de los pocos actores de Hollywood que ha pasado por el festival. “Estoy aquí por todos vosotros”, les dice a sus fans. También corren rumores sobre sus asuntos domésticos. Algo de revuelo a su alrededor, mientras su entusiasmo está puesto en el txacolí.

 

Y el ritmo de la vida sigue su curso. No hay otro problema que la realidad tan indecisa que vivimos. Continúan los contagios. Las vagas recomendaciones se recogen con tanta flexibilidad que algunos se extrañarán de haber vencido todos los frentes saliendo ilesos. Otros pensarán que la vida sigue siendo bella a pesar de todo. Nuestra temperatura se mantiene suave porque las noches se hacen más largas; un tiempo para sentarnos con un libro en las manos, observando como todo se va oscureciendo y la tarde se apaga, y soñar en la oscuridad es el antídoto para absorber el veneno que causan los malos pensamientos  

 

Ya no existe la edad de la inocencia. La confianza de los años de la juventud ha quedado relegada, incluso para los más jóvenes, con nuevos intereses menos atractivos. Y este hecho, nos golpea, nos aflige y nos desilusiona.

 

¡¡Tengamos todos una semana feliz!!    

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