Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Cambiemos la historia

Lucio Fernández Lunes, 28 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Corría el año 480 a.C. cuando un grupo de griegos se dirigían a un estrecho paso para bloquear el avance del ejército persa.

 

Durante la Segunda Guerra Médica, el líder persa Jerjes I se propuso invadir Grecia. Para ello, reunió a más de 250.000 soldados que presagiaban que su conquista sería fácil y rápida.

 

En el otro lado, Leónidas I de Esparta reunió a 7.000 hombres que pretendían frenar el avance persa. Para ello, se situaron en el único sitio que permitía un acceso a Grecia, el estrecho paso de las Termópilas, y desde ahí se atrincheró para hacer frente a Jerjes.

 

Una batalla dura en la que, finalmente, 300 espartanos dieron su vida para impedir que el ejército persa pudiera conquistar su amada tierra.

 

La conocida batalla de la Termópilas fue un suceso muy famoso y cinematográfico que los libros de historia recogen, no con distintas versiones, en el que, finalmente, Persia consiguió su propósito: invadir Grecia.

 

Seguramente, sin la traición de Efialtes que indicó a Jerjes un pequeño paso que podían tomar sus tropas para acceder a la retaguardia de Leónidas, la historia posterior no habría sido la que es hoy.

 

Era una época convulsa la de esas fechas, con grandes batallas y luchas permanentes por el poder.

 

¿No ocurre esto actualmente? Las batallas hoy en día se producen en otros territorios, como parqués de bolsa, despachos taciturnos, reuniones secretas, laboratorios farmacéuticos… El poder está a la orden del día y, tanto megamultinacionales como micropymes saltan al campo de batalla de manera diaria para conseguir el ansiado poder, me gusta más decir a mí, competitividad.

 

Además, nos encontramos con “tendencias” que pretenden marcar un camino a seguir: Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que deben ser el marco de referencia para las empresas donde trabajar para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos; la Directiva Europea sobre la divulgación de la información no financiera, la Reforma del Código Penal relativa al Compliance, un consumidor ansioso de marcas con reputación, con valores, con ética…

 

Ambas cosas, “tendencias” y competitividad, deben convivir en el entorno actual y, sobre todo, deben apoyarse, complementase, alimentarse, beneficiarse… la una a la otra.

 

Esta unión se antoja ardua y difícil y, para conseguir resultados positivos, debe existir una figura empresarial que haga de engranaje, bisagra, que conjugue las direcciones, a veces contrapuestas aparentemente, de ambos aspectos.

 

Demos por supuesto – que no sé si es mucho suponer - que nuestros gobernantes trabajarán de manera coordinada para crear el mejor entorno posible. Solo tienen que ponerse de acuerdo en ponerse de acuerdo.

 

Así surge la figura del Dirse (Directivo de Responsabilidad Social). Sobre Responsabilidad Social se ha hablado mucho, y muchas veces con un enfoque claramente equivocado. Si bien es cierto que, cada día con más fuerza, en los Consejos de Administración de importantes compañías esta figura tiene un papel relevante. No es un profesional de medioambiente, no es un profesional de calidad, no es un profesional de marketing, no es un profesional de acción social, se trata de un directivo.

 

Su relevancia radica en su versatilidad y transversalidad, siendo capaz de entender el negocio como lo que es: ganar dinero y, a la vez, entender las necesidades de los entes con lo que la empresa se desarrolla: cómo de ética es esa ganancia de dinero. Transversalidad porque aglutina conocimiento global sobre la empresa: financiero, comercial, operativo, reputacional, directivo.

 

Ese conocimiento le permite tener la máxima información para la toma de decisiones globales que, finalmente, afectarán al total de la compañía.

 

Puede que esté “contaminado”, pero no entiendo una empresa que quiera ser empresa duradera, sostenible, ética, competitiva, solvente, sin la figura del Dirse. De hecho, cada vez con más frecuencia, los Consejos de Administración o Comités de Dirección disponen de este profesional y toman sus decisiones una vez pasado el filtro de la ética, sostenibilidad, transparencia, reputación, rentabilidad. El cliente/consumidor no va a permitir otra cosa.

 

No obstante, el camino está lleno de retos apasionantes, retos como hacer ver a las compañías que la RSE no es marketing, no es greenwashing, no es acción social, no es medioambiente, sino que se trata de productividad, rentabilidad, sostenibilidad. Nos queda mucho camino por recorrer, pero la historia se construye así, nada sucede en un segundo y todo puede variar en el mismo espacio de tiempo.

 

Pero, existe otro Dirse más informal: cada uno de nosotros. Nuestra Responsabilidad Individual es más importante todavía. Debemos afrontar el reto de ser más éticos, más sostenibles, más productivos, más coherentes… en definitiva, mejores personas.

 

La batalla de las Termópilas escribió parte de nuestra historia y los valientes espartanos, no sé si 300 o alguno más, fueron a luchar sabiendo que su fin sería previsiblemente la muerte, pero que lo coherente era hacer eso.

 

Tú podrías ser un espartano actual, convencido que tu lucha será larga y se producirán bajas, si bien, en este caso, no hay un Efialtes que traiciona a sus compañeros y la historia no se repetirá y será distinta a la que se produjo en el 480 a.C.

 

 

Lucio Fernández

 

Septiembre 2020

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.