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Nadie da algo por nada

¿Estamos ante un punto de inflexión? La respuesta tiene que ser forzosamente incierta, es posible que lo estemos en cuanto a inseguridad de nuestra economía cara al futuro, pero desde luego no lo estamos en cuanto a medidas de ajuste. Estas deben seguir produciéndose por muy dolorosas que sean, pues son la primera exigencia que nos ha planteado Europa para echarnos una cuerda de salvación.

La semana dio comienzo con noticias verdaderamente preocupantes. De entrada el martes la agencia Moody’s rebajó la calificación de los bancos españoles –“sin piedad, vienen a por nosotros” se lamentaba el directivo de un banco-.

En el mercado de la deuda la prima de riesgo se situaba por encima de los 510 puntos, cotizándose el bono a 10 años por encima del 6,5%. En el mercado de deuda la presión también aumenta sobre España. La prima de riesgo ha vuelto a superar la cota de los 510 puntos básicos.

Pero a finales de semana, concretamente a partir del viernes, las cosas parecen mejorar, tras la reunión de la Cumbre Europea, donde los presidentes de España e Italia ayudados muy eficazmente por Francia, consiguieron ventajas importantes. 

Claro que esto también tiene una cruz, ¡nadie da algo por nada! A cambio de la recapitalización de bancos, los líderes italiano y español han tenido que ceder soberanía en la supervisión de sus sistema financiero (el fondo solo podrá sanear entidades directamente cuando exista un mecanismo único de supervisión supranacional) y han tenido que aceptar que ese programa pueda ir acompañado de una triple condicionalidad: para la entidad rescatada, para el sector bancario en general y para toda la economía. Como se ve, Alemania consigue incrementar el intervencionismo en las economías de los países miembros con dificultades económicas, principalmente en los aspectos relacionados con la Banca y los Presupuestos Nacionales. Pero esta “pérdida de soberanía” puede no ser mala en un país como el nuestro donde las autonomías se creen soberanas y gobierno tras gobierno han venido derrochando desmedidamente. ¿Cree alguien que puede mantenerse gratuitamente un sistema sanitario como el español, un sistema de formación tan costoso a la par que tan ineficaz; subvenciones a diestro y siniestro sin que el estado se endeude a niveles imposibles de soportar? Si alguien lo cree es porque no quiere ver las cosas como son o, peor aún, no puede verlas.

Son todas estas cosas las que nos han llevado a que hoy nos tengamos que alegrar con los acuerdos en la cumbre de Bruselas. Esperemos que todo sea para mejor, y puede serlo si todos los españoles –digo todos- nos empeñamos en ello.

Mientras tanto nuestros indicadores de coyuntura económica siguen dando señales de agonía.

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