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ENTRE TÚ Y YO

¿Es España una anomalía?

Javier Escolano Miércoles, 07 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“El éxito nunca es definitivo. Naturalmente, tampoco el fracaso”.

 

Hace cinco años publiqué un artículo titulado “España no es una anomalía”; y, hoy, siento no poder afirmarlo con tanta seguridad; y es por ello que creo más acertado dejarles la pregunta que utilizo como título.

 

Si bien, sigue siendo cierto, lo que afirmaba al inicio de dicho artículo, esto es: España no es una anomalía histórica …, es una Nación con profundas raíces en el pasado colectivo, construido como el resto de Estados democráticos de Derecho…”. Por el contrario, mi afirmación también contenida en dicha frase: “… ni un Estado fracasado no soy capaz, hoy, de afirmarlo con rotundidad. Y, es por eso, que les dejo más preguntas que respuestas y más incertidumbres que “herramientas”.

 

La mayoría de los teóricos y comentaristas que han analizado por qué un país fracasa y es pobre, lo han atribuido a distintos factores, a saber:  1º) La situación geográfica; 2º) atributos culturales, que supuestamente son hostiles a la prosperidad, tales como carecer de la ética del trabajo; 3º) los gobernantes no saben qué es necesario para que su país prospere y han seguido políticas y estrategias incorrectas en el pasado.

 

Sin embargo, desde la publicación del libro “POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES” (Editorial Deusto, 2012) de DARON ACEMOGLU (Estambul 1963), profesor de Economía en Massachusetts Institute of Technology y JAMES A. ROBINSON (Inglaterra 1960), economista y profesor en la Universidad de Harvard; parece demostrado que “un país es pobre precisamente porque ha sido gobernado por una reducida élite que ha organizado la sociedad en beneficio propio a costa de la mayor parte de la población”.

 

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O dicho, en palabras del premio Nobel de Economía 1992, GARY S. BECKER (Pensilvania, 1930): “Los autores muestran de forma convincente que los países escapan a la pobreza solamente cuando tienen instituciones económicas apropiadas, especialmente en lo referente a competencia y propiedad privada. Además, defienden una idea muy original: existe una mayor probabilidad de que los países desarrollen las instituciones adecuadas cuando tienen un sistema político plural y abierto, con competencia entre los candidatos a ocupar cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos.

 

En definitiva, hay un antes y un después de la publicación del estudio de DARON ACEMOGLU y JAMES A. ROBINSON; por cuanto generaron la convicción, casi unánime, que: “La riqueza o la pobreza depende de las instituciones y la política” (FRANCIS FUKUYAMA, Chicago, 1952).

 

Me interesa destacar de su teoría, los dos niveles en los que opera y, sobre todo, la importancia de elegir bien las políticas (económicas e institucionales) en las “coyunturas críticas”, pues en estas es donde se crean y rompen los “círculos virtuosos” y “viciosos”. A saber:

 

1º. Interpretación institucional de la historia: La distinción esencial es, entre instituciones políticas y económicas:

 

 Inclusivas: económicas, que ofrecen seguridad en la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial y servicios públicos que proporcionan igualdad de condiciones para emprender y hacer negocios, con dos motores de prosperidad, la tecnología y la educación; y políticas, caracterizadas porque reparten el poder político ampliamente de manera pluralista y son capaces de lograr cierto grado de centralización política para establecer la ley y el orden; y, por tanto, respaldan a las instituciones económicas inclusivas

 

Extractivas: económicas, opuestas a las inclusivas por cuanto, tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de una parte de la sociedad para beneficiar a otra distinta; y políticas, en las que no existe libertad real, igualdad jurídica y verdadera democracia con instituciones independientes del poder autoritario.

 

2º.  Análisis de qué forma la historia ha marcado las trayectorias institucionales de los países. Fundamentalmente, las pequeñas diferencias en las instituciones de un país, que, en momentos críticos, provocan divergencias que tienden a perdurar.

 

Las coyunturas críticas son grandes acontecimientos que perturban el equilibrio político y económico existente en una o muchas sociedades. Por ejemplo:

 

 La peste negra que mató posiblemente a la mitad de la población de Europa durante el siglo XIV. De modo que la escasez de mano de obra removió los cimientos del régimen feudal en toda Europa; pero, la manera en que los terratenientes afrontaron la crisis en la parte oriental, apropiándose de más tierras y ganando poder, a diferencia de la zona occidental, con cierto reconocimiento de derechos a los campesinos; creó a largo plazo divergencias notables entre la zona oriental (Rusia, Polonia, etcétera), en la que se mantuvo el trabajo del siervo coaccionado hasta 1800; y la zona occidental (Francia, Inglaterra, España e Italia, en la que se inició un cierto mercado de trabajo.

 

La apertura de las rutas de comercio atlántico creó enormes oportunidades de negocio en Europa occidental muy diferentes para las potencias colonizadoras: mientras España y Francia todo el comercio estaba bajo el control de la Corona y grupos aliados; en Inglaterra, los beneficiarios fueron grupos de comerciantes y grandes compañías; lo cual influyó en la creación de diferentes tejidos empresariales.

 

La revolución industrial tuvo el epicentro en Inglaterra; lo cual no extraña si se contempla como décadas antes, reguló los derechos de propiedad intelectual y las patentes industriales.

 

La lección que nos indican DARON ACEMOGLU y JAMES A. ROBINSON es clara:  Pequeñas diferencias institucionales, con el tiempo tienen gran importancia, en especial cuando los países se enfrentan a “coyunturas críticas (como las citadas) que provocan elecciones distintas y con ellas mayores diferencias institucionales; de modo que, en la siguiente coyuntura crítica conducen a caminos muy divergentes.  Esta teoría no implica determinismo histórico, sino la importancia en los momentos críticos de las decisiones que construyen o destruyen instituciones “inclusivas” o “exclusivas”.

 

En mi opinión, la crisis sanitaria devenida en profundo desmoronamiento económico y empresarial con evidentes heridas en la cohesión social, ha dejado al descubierto el fracaso de importantes instituciones del Reino de España, que en la época pre-pandemia eran evidentes, pero ahora son incontestables e inasumibles y nos están desplazando hacia el colapso de servicios esenciales del Estado y a una situación previa al “estado fracasado” que no es capaz de garantizar los derechos y servicios esenciales.

 

Todos conocemos estos fracasos, cuya enumeración sería casi imposible. Pero no me resisto a señalar dos:

 

El nivel de paro entre nuestros jóvenes y las remuneraciones precarias de los ocupados; muy por debajo de su talento, formación y méritos. Estas diferencias existen no solo en el sector privado, sino de modo más dramático en el sector público. Basta comparar la retribución, por ejemplo, de los médicos y demás sanitarios (en sus distintos niveles) de un centro de salud u hospital español y de centros italianos, franceses, alemanes, ingleses o noruegos; de los pilotos de nuestras unidades más punteras del Ejercito del Aire, con sus homónimos de otros ejércitos incluidos en la OTAN; de investigadores, profesores, jueces, fiscales, etcétera.

 

La desastrosa “fuga de cerebros”: En particular me detendré en los médicos y enfermeros por su actualidad. Según el Estudio sobre Demografía Médica, elaborado por la Organización Médica Colegial con la colaboración de a Conferencia Estatal de Sindicatos Médicos en 2018: en diez años se jubilarán más de 70.000 facultativos, junto a los recortes de un 11% en la oferta de plazas MIR entre 2010 y 2014, agudiza la falta de especialistas. Eso unido a la constante fuga de médicos: en los últimos ocho años, se han solicitado unos 23.500 certificados de idoneidad de los cuales, aproximadamente 63,2% es para trabajar fuera de España. Lo cual ha supuesto que hayamos permitido la fuga de 11.745 médicos en los últimos ocho años. Mientras esto ocurría, nuestros Sistemas de Salud Públicos han contratado a médicos extracomunitarios sin título de especialistas homologados.

 

Queridos lectores, como dice AMIN MAALOUF (Libano, 1949, EL NAUFRAGIO DE LAS CIVILIZACIONES. Editorial Alianza, 2019) por primera vez en la Historia contamos con los medios para librar a la especie humana de todas las catástrofes que la asolan y llevarla serenamente hacia una era de libertad, de progreso sin tacha, de solidaridad planetaria y de opulencia compartida; y henos aquí, no obstante, corriendo a toda velocidad en dirección contraria”.

 

Creo que, es tiempo de exigir la toma de decisiones adecuadas en esta “coyuntura crítica”, para no separarnos de las demás democracias liberales, y no tener que arrepentirnos de haber consentido que el Reino de España llegue a ser un “estado fracasado”. Y para ello, no podemos dejar nuestras “herramientas” inertes en su caja; nos espera el ejercicio de nuestros derechos y libertades, y la responsabilidad del “hoy” que ha de proyectarse en el futuro.

 

Quince días son escasos, pero sin duda: “En lo que dura una vida nos da tiempo a ver cómo desaparecen países, imperios, pueblos, lenguas y civilizaciones” (AMIN MAALOUF).

 

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