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ENTRE TÚ Y YO

No pain no gain

Mariate Almela Viernes, 16 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. Ahora lo veo todo desde otra dimensión...

 

Tras descubrir como pasé de un lado al otro, me dispuse a seguir observando el mundo desde la perspectiva de quien recibe un regalo, una nueva oportunidad para mirar la vida con calma y seguir descubriendo que la energía puede generar tanta fuerza como empeño pongamos en conseguir lo que queremos.



Nani y Fuen eran dos hermanas que se dedicaban a la enseñanza. No eran unas profesoras típicas. El talento natural que tenían para dar clases en las que hacer pensar a sus alumnos era lo más importante, lo habían heredado de su padre.



Me colé en aquel instituto que atrajo mi atención al pasar por su puerta y escuchar la conversación que tenían aquellas dos docentes.



- Tengo un alumno con gran capacidad para la música. Tiene un talento innato para componer una melodía en un abrir y cerrar de ojos y para dejarnos boquiabiertos a toda la clase, pero no consigo que se interese por leer un libro y hacerme el comentario de texto - dijo Fuen a su hermana.



- Puf, ¿qué me vas a contar?, es Francis, lo mismo le pasa en mi clase de biología. Siempre que lo miro está como en otro mundo, tarareando sin parar - contestó Nani que asentía con la cabeza.



- ¿Qué se te ocurre que hagamos? - preguntó Fuen a su hermana, compañera y amiga. 



- Vamos a hacer un concurso en clase, quien demuestre que tiene mejor actitud para poder desarrollar sus talentos se llevará el premio. No diremos cuál es el premio...



Me acomodé en el último pupitre de la clase dando por hecho que sería un día especial por lo que iba a tener el placer de observar. 



- A ver, ¡un minuto de atención por favor! Os vamos a proponer un reto, un concurso, tenéis que mostrarnos cuál es vuestro talento innato y sobre todo qué ponéis de vuestra parte para desarrollarlo - Dijo Nani al mismo tiempo que repartía unas pequeñas cartulinas con el nombre de los 16 alumnos que formaban el grupo del último curso del instituto. ¡Apuntad el de cada uno!



Fueron saliendo uno por uno; una chica contó chistes con esa gracia característica que me parece tan complicada para llegar a ser un talento, y comentó que, para desarrollar su habilidad, todas las noches dedicaba un ratito a pensar en algunos nuevos y en la cena se los contaba a su familia. Otros de la clase dibujaron, recitaron, enseñaron fotos de lo que habían cosido, cocinado... hasta que le tocó el turno a Francis. Mostró su aptitud para componer canciones en unos minutos tarareando una preciosa melodía como si la dificultad que conlleva no fuera tal y se dispuso a sentarse.



Fuen le dijo: - pero Francis, dinos qué es lo que haces para desarrollar este maravilloso talento que tienes.



Y él le contestó: - yo nada, me sale solo. 



- Ya, eso lo sabemos - le contestó Nani - pero tienes que saber que tener un don para hacer algo determinado, es una habilidad que debemos desarrollar cada vez que podamos, pero nunca tenemos que olvidar que la actitud para expresarlo y dónde y cómo hacerlo es igual de importante que la aptitud en sí. 



- Vale tronca, lo que me estás diciendo es que estudie ¿no?, ja ja, ¡qué sutil profe!



- Lo que te estoy diciendo es que la inteligencia sin esfuerzo no va a ningún sitio. ¿Sabes lo que decía Einstein? : «El genio se hace con un 1% de talento y con un 99% de trabajo» - le contestó Fuen. 



- Jo, ¡qué tío más listo! y ¡vosotras más, seños!, que con este concurso que habéis montado me habéis convencido de que si no curro más no tendré recompensa. Gracias por hacérmelo ver, ¡sois las mejores!



En ese momento me levanté del final de la clase, interioricé cada uno de los talentos que allí se habían expuesto, recogí las enseñanzas de aquellas dos hermanas que me llegaron al corazón y avancé hasta donde estaba colocado el premio. Lo cogí y fui soplando sobre cada uno de ellos para que todos tuvieran su trocito de aquel trofeo que para mí merecían los dieciséis tras aprender la lección. Después lo coloqué en la vitrina de la clase para que todos los días lo pudieran ver y sentir que le tocaba una parte a cada uno.



- Cuando Fuen y Nani fueron a coger el premio de la mesa y lo vieron colocado en la vitrina, cada una de ellas pensó que lo había puesto la otra y se abrazaron por haber tenido la misma idea. Lo que no sabían es que las que pensamos aquella mañana lo mismo éramos tres...
 

 

¡Hasta la semana que viene! ¡No pain no gain!

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