
“Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de los buenos.” Martin Luther King (Atlanta 1929)
Son muchas las frases que, a lo largo de la historia, se han dicho sobre la indiferencia, como actitud, opción, estado o respuesta. Pero, en cualquier caso, tiene que ver con “el sentido de la vida”, dado que la indiferencia constituye una dejación voluntaria de aquello que es consustancial al ser humano, pues no podemos olvidar que en términos biológicos nacemos como seres carentes e indefensos; y, precisamente, por no haber sido indiferentes a quienes nos rodearon al nacer, hemos podido subsistir. Somos seres esencialmente sociales, por cuanto con los demás construimos o destruimos nuestro entorno habitable y nos proyectamos al futuro.
En mi búsqueda comprometida de “herramientas”, hoy les traigo noticia del libro “LA SUPERACIÓN DE LA INDIFERENCIA. El sentido de la vida en tiempos de cambio” (Editorial Herder, 2020) de ALEXANDER BATTHYÁNY (Viena, 1971), catedrático de Filosofía y Psicología en Liechtenstein y director del Instituto Viktor Frankl de Viena; que, como indica el propio autor, trata “de dos sentimientos profundamente humanos: la esperanza y la disposición a tomar parte en la vida de manera comprometida y benevolente”. Del cual destaco, lo siguiente:
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1º.- Esperanza: La esperanza es un fenómeno específicamente humano, es nuestro único manual de instrucciones probado para tener una vida exitosa. La vida humana necesita de los otros y da lo mejor de sí misma cuando se muestra dispuesta a compartir y a unirse con los demás. Estamos llamados a dejar que el sueño perdido o que creíamos olvidado, la esperanza y el idealismo entren de nuevo en nuestras vidas y a convertirnos en el motor principal de nuestros actos.
2º.- Egoísmo: Cuando el mundo solo se entiende desde el egoísmo (“así es el mundo, cada uno tiene que pensar en sí mismo y en su interés, porque nadie lo hará por él”), la mayoría de los humanos se convierten en adversarios, rivales o enemigos. Ante ello: “La persona que se comporta de manera fría y egoísta en un mundo que ella vive o interpreta como frío y egoísta no tiene por qué ser inmoral; puede que simplemente crea o incluso lamente que las reglas del juego de la vida sean así. Por eso, no tiene mucho sentido reprocharle su falta de moralidad”; pero si hacerle ver su error.
3º.- Crisis de valores: Cuando muchas personas se quejan de la crisis de valores, lo que están diciendo con ello es que sus propios proyectos de vida o los proyectos de vida en general les parecen discutibles o dignos de ser cuestionados, pero que, en su búsqueda, no encuentran respuestas firmes y viables. Parece que una parte considerable de la sociedad del bienestar ha perdido la orientación y con ella, la actitud, el rumbo y su propia trayectoria vital.
4º.- Declive existencial: En este contexto, la investigación psicológica nos habla de un sentimiento profundo de desmoralización, escepticismo, falta de compromiso, resignación e incertidumbre. Las personas se alejan de un mundo del que ya no esperan mucho o del que alguna vez esperaron mucho más, para después alejarse aún más decepcionados, en vista de las esperanzas no cumplidas (declive existencial). Se trata de un desánimo o abatimiento, a menudo silencioso, que se cuela en la vida cotidiana como un trasfondo melancólico, y priva a la persona de la capacidad o la disposición a participar en la vida de manera activa y animada.
4º.- La indiferencia es el rechazo de la responsabilidad personal y colectiva, que socava toda iniciativa, todo idealismo y toda fe en un futuro mejor, construido con responsabilidad; y nos devuelve a una gris rutina diaria. Esta actitud de resignación y vacío existencial, no solo oscurece y cubre de sombras la vida del individuo sino que también tiene un precio elevado en términos de desarrollo social.
A juicio del autor, esta “indiferencia” tiene, al menos, dos consecuencias:
- Las personas desarraigadas y confundidas existencialmente son más fáciles de engañar políticamente. Por eso, una de las formas más sencillas y experimentadas históricamente de movilizar a una masa voluble y confundida es fanatizarla. Y para ello, lo más eficiente no es fomentar ideales y responsabilidad, sino separar y desprestigiar a determinados grupos.
- Genera un nuevo espíritu de la época: la ira y el rechazo como actividad vital. Se ofrece la superación de la propia indiferencia, pero generalmente es en contra de algo o de alguien, en lugar de generar ideales y esperanza a favor de algo.
- Tomar parte en la vida: Es importante “una vida cuya fuerza no deriva tan solo de pensar en uno mismo, sino, de permanecer accesible, interesado y comprometido, incluso a pesar de que, con bastante seguridad, no logremos llevar a cabo, o tan solo lo haremos de manera imperfecta, alguna de las cosas que nos propongamos”.
Y, para ello, es imprescindible:
- Libertad: Allí donde acaba lo inevitable empieza la libertad del ser humano, que es la libertad de decidir cómo responder a lo inevitable (VIKTOR FRANKL Viena 1905). Una existencia que vive la incertidumbre como libertad y no solo dirige al mundo el deseo de esperanza en algo mejor, sino que reconoce que es nuestra tarea y nuestra responsabilidad hacer todo el bien que nunca sería realidad si no lo creáramos nosotros.
- No hay determinismo: El presente es el lugar donde se negocia el destino y el ser humano es algo mas que un producto del pasado” (ALEXANDER BATTHYÁNY).
- La superación de la indiferencia no es tan solo un deber social y moral, sino que es el camino a la felicidad: “solo podemos ser felices en el caso y en la medida en que seamos capaces y estemos dispuestos a mirar más allá de nuestro ego y a conectarnos de nuevo con otras personas, con el mundo, con lo que es, lo que podría ser (libertad) y lo que debería ser (sentido y responsabilidad).
- Temor: El temor a perder nuestra actual felicidad es incompatible con la felicidad vivida desde la libertad y con la madurez humana y, sobre todo, no es realista, sino que nos vuelve fácilmente ciegos al sufrimiento de otros que podrían necesitar de nuestro cariño y nuestro ánimo.
- La ocultación ideológica del sufrimiento y de las necesidades del mundo suele causar un daño mucho mayor. Al ocultar las partes oscuras de la vida, lo que estamos diciendo es: “no puedes contar con nosotros porque estamos muy ocupados con nosotros mismos y con nuestra felicidad”.
En mi opinión, vivimos tiempos de “vacío colectivo” y “trinchera política” agudizados por la pandemia, que descarnadamente muestran la caída, quizás definitiva, de los “grandes relatos” (socialismo, comunismo, capitalismo, liberalismo, etcétera) que vertebraban las esperanzas “laicas” de las ideologías políticas y sus correspondientes utopías económicas, engendradas en el siglo pasado. Y, al mismo tiempo, no hemos digerido la transformación política que supone el autoritarismo y la limitación de libertades de las medidas de excepción.
Todo este torbellino (personal y social) nos impide recobrar la serenidad y la perspectiva de nuestra propia y real imagen, de la esencia del ser humano y una visión realista del mundo.
Queridos lectores, el sufrimiento, la enfermedad, el dolor, el hambre, la devastación económica, la desigualdad o el malestar, que por desgracia nos envuelven, son señales de las deficiencias de nuestro entorno y nos requieren a hacer algo para solucionarlas y salir de la indiferencia.
Y como hemos visto, en esta aventura, netamente humana, no estaremos solos. En mis artículos he dado noticia de autores preocupados por mejorar nuestra “morada humana”; y, ahora, añado a HANS KUNG (Lucerna, 1928) y su Fundación para la Ética Mundial, que desde 1990 convoca a científicos de diversas disciplinas para indagar las posibilidades de un ethos (comportamiento) mínimo, fiable, efectivo y obligatorio para todas las personas.
Desde la certeza de la importancia y urgencia de alimentar sueños colectivos para alcanzar realidades mejores; en quince días, les cuento, como están de desgastadas mis herramientas.

