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ENTRE TÚ Y YO

Conseguir que las piezas unan

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 22 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Cuando hago revisión de lo que escribo cada semana, sin ser consciente, organizo el texto como un gran puzzle; piezas sueltas, que se van uniendo milagrosamente, salen a la luz y terminan ordenándose. Empiezo con muchas ideas que voy madurando y dando forma, y que durante días vuelvo sobre ellas, tomando notas en un cuaderno con todo lo que quiero decir, sin saber muy bien qué pasará con ese mosaico, que he de darle un contenido, para que merezca la pena ser leído. Creo que cuando escribo es así, los pensamientos y las ideas mezcladas, hasta conseguir que las piezas se unan, tengan sentido, y logren decir algo coherente.

 

Aristóteles decía que el ser humano solo es feliz si utiliza todas sus posibilidades. Aprender esta lección es tan importante como vivir la vida, teniendo en cuenta que las lamentaciones no son válidas ni prácticas, y que ese potencial personal, el que sea, mayor o menor, está presente, lo vamos descubriendo antes o después, y no solo es un deber sino un derecho, sin olvidar que nada se nos da gratuitamente. Cada persona es una consecuencia de su propia realidad. No podemos escapar de ella, pero sí modificarla. Y es que la vida no está trazada como una gran línea recta, más bien es un camino tortuoso donde ocurren otras cosas que nos apartan de nuestras previsiones futuras.

 

Estos días se ha concedido el Premio Nobel de Literatura a Louise Glück, poeta norteamericana. Una mujer discreta, brillante en su quehacer literario, que ha renunciado a todo lujo social y académico y que, se podría decir, ha obtenido todos los premios que un escritor quisiera lograr. Como ha hecho público el secretario permanente de La Academia Sueca “Por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”. Se la define como una gran poeta de temas diarios e intimistas, con  la capacidad de los grandes y  universales.

 

Llamada poeta de la contemplación, aspira a conseguir la armonía buscando con sus palabras lo que la vida ofrece a diario, sin obviar lo que tiene de dureza moral. Su obra se debate entre la tragedia griega y la auténtica modernidad, muy americana, sencilla, directa en sus palabras y entonación. Un proceso que, en su forma de expresarlo, seduce con un lenguaje poético que parece olvidarlo, precisamente porque ha sabido encontrarlo en su voz de mujer, severa y sensible.

 

Celebro este premio. Su victoria está unida al alma femenina, que conserva la sabiduría íntima de quien sabe soñar con la emoción del instante que vive. Me alegro que las mujeres estén en su lugar merecido, iluminado con los aplausos que expresan el reconocimiento de toda una vida, y no en el punto de mira, siempre en entredicho, de su papel en la sociedad.

 

Por mi casa han pasado mujeres con las que he hecho una profunda amistad, a veces todavía jóvenes, y también de mi edad, con buen trabajo y nivel de vida. Aprender nuestro idioma era la excusa para integrarse en una familia que les resultara cálida y cercana. En mi cocina he oído confidencias, he visto derramar lágrimas, y he escuchado frases de mucha soledad; tal  vez  una situación puntual y como resultado de una conversación entre mujeres, sin que yo provocara confesiones tan personales. Era la necesidad de hablar cuando estás acompañada y encuentras el lugar y el momento apropiados. Leer a Louise Glük estos días, ha sido traer estos recuerdos aún muy presentes en mi memoria.

 

Hay una película que me impresionó mucho, y creo que es oportuna para cerrar mis reflexiones: Raquel, Raquel, del año 1968,  nominada al Óscar como mejor actriz a Joanne Woodward, dirigida por su marido Paul Newman en su primera película detrás de las cámaras. Un drama familiar donde la solitaria profesora, Raquel Cameron que va a cumplir treinta y cinco años, y que la muerte de su padre la obligó a interrumpir sus estudios universitarios para volver a su aburrido pueblo, toma conciencia que ha vivido la mitad de su vida. Después de sentirse atrapada por su madre y con un desengaño amoroso decide salir de ese mundo para sentirse libre. Subida al autobús, huyendo de toda su vida anterior, piensa…

 

"Y ahora qué va a pasar… Tendré miedo siempre… Me encontraré sola siempre”   

 

¡Nos vemos la semana que viene!

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