
El momento actual es complejo, muy complejo. Más de 42 millones de casos de COVID19, 1,2 millones de muertos en todo el mundo por esta enfermedad. En España hemos superado el millón de casos y más de 50.000 muertos.
Según el Banco Mundial las proyecciones de referencia pronostican una contracción del 5,2% en el producto interno bruto mundial en 2020, lo que constituye la recesión mundial más profunda que se ha experimentado en décadas. Los ingresos per cápita en la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo se retraerán este año. La economía española será la más afectada de todos los países que componen la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con una contracción de su producto interior bruto (PIB) en 2020 que llegará hasta el 14,4%, según las previsiones de la OCDE del mes de junio.
Nos encontramos ante una crisis sanitaria sin precedentes en la historia reciente, una crisis económica de dimensiones desconocidas actualmente, pero lo que hace que se convierta en una tormenta perfecta es que también sufrimos una crisis de liderazgo. Nunca antes nos había sucedido una situación así.
Miramos a nuestro alrededor y vemos que no hay nadie que ocupe el sitio de esa persona que tenga alma de líder y guíe a la población mundial hacia un futuro con perspectivas positivas. No hay nadie que nos marque el camino hacia la utopía que siempre ha permitido al ser humano avanzar.
Son 7 las competencias, desde mi opinión, que conforman a un líder:
1. Comunicación. Un líder debe estar comprometido a escuchar nuevas ideas, críticas o comentarios. Del mismo modo, debe ser capaz de comunicar de forma clara su visión.
2. Influencia. Un líder influyente no necesita hacer uso de su autoridad para actuar sobre su equipo. El buen líder influye a través de la inspiración, de su carisma, sus valores y sus cualidades innatas, haciendo que sus seguidores quieran seguirle, en vez de sentir que “deben” hacerlo.
3. Inteligencia emocional. La inteligencia emocional es un factor clave y está relacionada con percibir las necesidades del equipo, entender las emociones de sus miembros (así como sus fortalezas, limitaciones y potencial) y canalizarlas en favor del proyecto común.
4. Pensamiento estratégico. Cualquier buen líder tiene la vista puesta en el futuro. Su tarea consiste en satisfacer las demandas actuales asegurando una buena posición futura, estableciendo metas y objetivos alcanzables.
5. Conocimiento y experiencia. Un líder debe conocer más que nadie su campo y los retos a los que se enfrentará en el desarrollo diario de sus tareas y las de su equipo. Debe saber avanzarse a los obstáculos, aportar soluciones cuando sea necesario y guiar a su equipo para obtenerlas.
6. Confianza. El líder que inspira confianza es aquel que demuestra consistencia en sus actos.
7. Compromiso y pasión. Un líder eficaz debe saber transmitir el compromiso con el proyecto, siendo ejemplo para todos. Un líder comprometido es aquel que inspira y contagia su entusiasmo y pasión haciendo que todas las personas sientan como suyos todos y cada uno de los logros conseguidos.
Hay una octava competencia que impregna a las otras siete y es: ÉTICA. Un líder debe actuar con honradez, desde los valores más esenciales, con integridad, con transparencia, con coherencia; en definitiva, debe hacer las cosas bien.
Seguramente, con unos líderes mundiales adecuados habríamos tenido una pandemia sanitaria mundial, estoy seguro, pero también estoy seguro que las consecuencias no habrían sido las que son y que tendríamos dibujada en el horizonte la utopía que nos haría avanzar con firmeza para intentar conseguirla.
Cada uno de nosotros debemos actuar desde el derecho y el deber. El deber de ser íntegros, responsables, éticos; y del derecho a pensar que nos merecemos líderes de verdad.
Si en tu camino encuentras a algún líder, cuídalo, están en peligro de extinción
Lucio Fernández
Octubre 2020

