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ENTRE TÚ Y YO

El pan de cada día

Esther Egea Miércoles, 28 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Hoy Álvaro estaba muy contento por no haberse quedado 15 minutos en la calle escuchando algo que no le interesaba y que además le hubiera hecho llegar tarde a mi cita. Él cree que necesita complacer a todo el mundo y el decir que no a alguien le genera un estrés importante. Sin embargo, ha sido capaz de escucharse a sí mismo y decidir sobre lo que necesitaba. ¿Cuántas veces hacemos lo que creemos que quieren los demás?  O al revés, ¿cuántas veces nos dejamos llevar por el enfado y hacemos lo contrario a lo que queremos?

 

Todo depende del personaje interior que escojas. Y ocurre a diario porque es el pan de cada día. Y PAN también es la estructura de personalidad que utilizo a la hora de relacionarme conmigo mismo y con los demás. Respondemos a los demás desde el Padre, el Adulto o desde el Niño. Y según escoja tendré unas relaciones o tendré otras. Si respondo a los demás desde la crítica o protección estaré hablando desde el Padre. Si respondo desde la emoción estaré hablando desde el Niño. Y si respondo desde el adulto es porque he escuchado lo que me tiene que decir el Padre y el Niño y entonces seré objetivo y decidiré de manera justa para mí.

 

Una situación típica es cuando tengo que hacer una tarea y empieza dentro de mí un diálogo interior. Mi cabeza, que es mi Yo Padre me dice “ponte a hacer la tarea” pero le consulto a mi Niño y éste puede estar cansado y decirme “hazla después” o puede decirme “hazla que el jefe se puede enfadar” o me puede decir “no me da la gana, que me la hubiera pedido con tiempo”. Cualquiera de estas respuestas no es libre porque no las he valorado. Ha faltado pasarla por el Adulto, que me diría “a ver, tengo que hacer esta tarea… si hago esto pasará esto…. si hago lo otro pasará lo otro…. entonces decido que si la entrego hoy me quedo liberado y además la necesita mi jefe para entregarla en plazo”.

 

En la película del Show de Truman había un guion predeterminado y todos los actores actuaban de igual manera todos los días. Recuerdo la frase de “buenos días, buenas tardes, buenas noches” que Truman repetía todos los días en el mismo sitio. Pero va creciendo y madurando y ese guion va perdiendo fuerza y empieza a darse cuenta que algo pasa y decide hacer cosas nuevas que a su vez obliga al resto de actores a hacer cosas nuevas. Así consigue liberarse del show que habían montado.

 

Y la vida es así. Estamos acostumbrados a hacer las mismas cosas y a responder de la misma manera porque nos han enseñado así y porque obtenemos la atención que necesitamos. Hasta que no probemos hacer cosas nuevas no ocurrirán nuevas cosas. Si respondo desde el Padre, puedo perseguir a los demás con lo que tienen que hacer o hacer por los demás lo que ya saben hacer. Si respondo desde el Niño tendré respuestas emocionales que no son racionales, por ejemplo, si tengo que ordenar algo en casa pero prefiero quedarme en el sofá; o si tengo que contestar a un compañero o a mi pareja pero prefiero callarme y someterme porque me da miedo; o si me apetece irme a comer con alguien pero cuando me llama le digo que no porque estoy enfadado. Ninguna de estas repuestas son libres porque ninguna respuesta ha pasado por el adulto que valora de manera objetiva y lógica los pros y contras de mis decisiones ya que tiene la información de todos y cada uno de los personajes.

 

Vivimos enganchados a un discurso interno que se dispara de manera inconsciente y que pretende protegernos de los demás. Y este diálogo puede cambiar si antes de responder utilizamos nuestro adulto, que todos los días nos pregunta ¿qué tienes que hacer? Escúchalo hasta que se convierta en el PAN de cada día para tí y para tus hijos. Recuerda que tus hijos están aprendiendo a usar el PAN heredado de sus padres.

 

Nos vemos el próximo miércoles. Un abrazo. Esther.

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