
Las cocinas eran el epicentro de los hogares. Nuestras abuelas y madres pasaban la mayor parte del día entre fogones, acompañadas por sartenes, cazos, cazuelas o la incansable olla a presión con su característico silbido acompasado y lento para conseguir esas comidas que siempre permanecerán en nuestra memoria.
Amor, paciencia y cariño eran los ingredientes secretos de sus maravillosas recetas.
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Pero los tiempos han cambiado. La incorporación de la mujer a la vida laboral ha dejado en un segundo plano la dedicación a “las tareas del hogar”, y el tiempo que pasamos en nuestras cocinas se ha reducido considerablemente. Ahora cocinamos de noche, abunda la comida rápida y en muchas ocasiones recurrimos “al abrir... y servir”.
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Aun así, sean abiertas, grandes o pequeñas, modernas o clásicas, las cocinas siguen siendo lugares de encuentro con familia y amigos. No hay reunión que se precie que no se pase por ellas y como la mayoría de nosotros tenemos una “cocina clásica”, básicamente por los muchos años que tienen, debemos de prestar una mayor atención para mantenerlas en las mejores condiciones. Y nada mejor que algunas pautas de conducta:
La limpieza exhaustiva es importante, ahora absolutamente necesaria.
Los utensilios y menaje que menos utilizamos los almacenaremos en segundo plano.
El orden en los frigoríficos es necesario para el buen consumo de los alimentos.
Despejar al máximo posible encimeras y mesas, facilita la limpieza y aumenta la sensación de espacio.
Organizar una zona de reciclaje de basuras.
El horno, la campana y sus filtros siempre en estado de revista.
Cambiar a menudo bayetas y estropajos.
Siempre un paño de cocina limpio y el imprescindible rollo de papel.
Dejar fuera exclusivamente los electrodomésticos que utilizamos a diario.
No hace falta mucho tiempo para mantener las cocinas en las condiciones idóneas para disfrutarla solo en compañía de otros. Quizá este nuevo semiconfinamiento nos ofrezca la posibilidad del uso y acondicionamiento de una pieza fundamental de nuestras casas.
Antes de despedirme hasta la próxima semana, me gustaría compartir con vosotros un logro. He conseguido hacer las croquetas como mi madre, y aunque me saben mejor si las hace ella, a mis hijos les parecen iguales. Sólo espero que permanezcan en su recuerdo como otras tantas comidas permanecen en el mío.
Os espero el próximo viernes, confinados…o no

