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ENTRE TÚ Y YO

No es recuerdo, es amor

Mariate Almela Viernes, 06 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días

formaba parte de los humanos vivos, pero

 eso ha cambiado…Ahora lo veo todo

 desde otra dimensión.     



Hay personas que nos marcan y quedan grabadas en nuestra mente durante toda la vida, y sobre todo impregnan nuestro corazón. Algunas lo merecen y otras no, pero no sabemos por qué razón sucede ni dónde está el límite en el que la cantidad de sentimiento sitúa su presencia permanentemente en nosotros mientras vivimos, incluso más allá. 



- ¿Recuerdas a Begoña? ¡Madre mía! Cuánto la quería y aún la quiero. Marcó mi niñez estando juntas y el resto de mis días hasta el momento en forma de recuerdo. Media vida conmigo y media sin mí, pero siempre a mi lado - comentó Susana a su hermana Helena.



- Claro que me acuerdo, estabais todo el día juntas. Yo a veces os reñía porque cuando se quedaba a dormir no parabais de hablar y reír - dijo Helena mientras miraba atentamente a Susi. 



- ¡Es verdad! Qué follón te dábamos, pero éramos muy felices.



A veces pienso que vivimos varias vidas y que lo que durante un tiempo es muy intenso, con el paso de los años se esfuma y sólo queda en la memoria. Esos recuerdos que se quedan enganchados a nuestra alma y perduran en nosotros acompañándonos como amigos fieles, como sombras que nos persiguen sin hacer ruido.



- Claro que erais felices, y yo de veros - respondió con cariño Helena. 



- Salíamos del cole y nos íbamos directas a patinar y a hablar de nuestras cosas, como si nos faltaran días para compartirlo todo. Pero un buen día eso cambió, nos volvimos ajenas a aquellas confesiones, a aquellos momentos inolvidables, a aquellas costumbres - comentó melancólica Susana a su hermana. 



- La vida pasa querida y lo que en un momento dado parece interminable, en ocasiones se convierte en todo lo contrario amada hermana - continuó diciendo Helena a Susi.



Aquella mañana había salido a pasear por un lugar distinto de la ciudad. Un sitio al que nunca iba pero que me situaba de nuevo en mi infancia y juventud. En aquella zona donde siempre estábamos y al volver allí llovían recuerdos en forma de imagen y sentimientos. 



- ¿No te gustaría a veces mirar por un agujerito y tener el poder de ver lo que están haciendo aquellas personas que fueron tan importantes en tu vida y ya nunca ves? - preguntó Susana con el convencimiento de que su hermana diría que sí. 



- Pues sí, ojalá. Cierra fuerte los ojos e imagina que puedes hacerlo. Piensa en alguien que eches mucho de menos y visualízalo.



Me senté entre las dos y cogí sus manos y en ese momento me di cuenta de que aparte de ser invisible, si me concentraba podía conceder deseos. Viajé hasta casa de Begoña y pude ver lo que estaba haciendo y a través de mis ojos que captaron la imagen, transmití por mis manos a las suyas aquel deseo de Susana de volver a reencontrarse mentalmente con su amiga. 



- ¡Helena! ¡Estoy viendo a Begoña! ¡¡Te lo prometo!! La veo en una casa preciosa, con un niño que es lo que deseó tener toda la vida. Está feliz, y eso me hace sentirme bien a mí también. ¡Tiene una foto sobre su aparador donde estamos las dos! ¡Se acuerda de mí! - dijo Susana a su hermana rompiendo a llorar.



- Susi querida, me alegro por ti, es importante tener un bonito recuerdo de alguien que ha sido tan importante en tu vida.



- No hermana, no es recuerdo, es amor



Las dos hermanas se abrazaron siendo conscientes de lo afortunadas que eran por estar juntas y se alegraron por haber charlado de aquello.



Yo me retiré sigilosamente con un nuevo pensamiento y la sensación de que ahora me situaba un escalón más arriba, un peldaño más alto de la escalera hacia las respuestas.



Los recuerdos pueden ser de varios tipos, pero qué razón tenía Susana al afirmar que, en ocasiones, cuando ese recuerdo es tan real, tan intenso y tan especial, no es recuerdo, es amor.



¡Os deseo muchas emociones de las que os sitúen más arriba! ¡Nos encontramos la semana que viene! Gracias. Mariate.

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