
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado…Ahora lo veo todo desde otra dimensión.
- Si me propongo algo ¿lo consigo? - le preguntó Carol a su madre.
- Pues si no lo consigues por lo menos lo habrás intentado. A veces por más empeño que pones no sale - contestó su madre.
Me encontraba en una cola interminable que me había encontrado en plena calle y sin tener muy claro a donde conducía me paré para descubrirlo. Allí conocí a Monse y a Carol, madre e hija apostando por algo ilusionante.
- También te digo Carol que lo más importante es que disfrutes lo que haces y si después te es reconocido pues perfecto, pero si no, no te puede influir de manera negativa. Dentro de ti misma debe estar esa valoración que buscas - continuó diciéndole su madre visiblemente emocionada.
La fila avanzaba rápida. Observé la cara de aquellas personas, la mayoría mostraba entusiasmo y nervios y sonreían, con esa sonrisa que de manera natural se dibuja sola en las personas que irradian felicidad.
- Mamá, a veces me pregunto si estaremos en este mundo para algo en concreto, si nacemos cada uno para un fin específico...
- Anda hija, no pienses tanto, lo que debes hacer es disfrutar y de esa manera podrás ser ejemplo de las personas que tienes alrededor.
De repente y sin darnos cuenta, nos encontrábamos en cabeza, los primeros de la cola. Carol le agarró fuerte la mano a su madre y le deseó toda la suerte del mundo.
- ¡Venga mamá que el mundo es tuyo! Respira hondo y sin dudas. Demuestra lo que sabes. Ni la edad, ni lo que hayas vivido hasta ahora deben hacerte flaquear. Levanta la cabeza bien alta y repítete a ti misma: “yo puedo, yo sé, lo conseguiré”.
- Adelante, pase - (Yo me colé con ella) -Buenos días, deje ahí el abrigo. Suba a la tarima y preséntese, por favor - dijo el chico que esperaba paciente a la entrada del recinto.
- De acuerdo, muchas gracias.
Monse subió un pequeño escalón y comenzó a hablar:
- Buenos días, me llamo Monse, soy madre de 2 hijos, chico y chica, he sido anulada por mi pareja durante 30 años de mi vida, hasta que todo este tiempo después y gracias a mis hijos he salido del bucle en el que estaba metida y vengo a demostrar que sirvo para lo que me proponga.
Las personas que allí estaban se presentaron:
- Yo soy María, psicóloga de profesión y motivadora.
- Yo soy Rafa, médico psiquiatra y coaching personal.
- Yo soy Esperanza, trabajadora social y asesora de imagen.
- Yo soy Alberto, atleta profesional y entrenador deportivo.
- Y yo soy Enrique, organizador de este encuentro y quiero que nos cuentes que es aquello que dejaste de lado hace 30 años y te gustaría retomar.
- Queremos ayudarte. Que hayas llegado hasta aquí es el primer paso, tan importante como lo que ahora vas a contarnos - continuó Rafa alentándola.
Me di cuenta de que todas aquellas personas que esperaban en la cola, buscaban reencontrarse consigo mismas. Habían sido convocadas a aquel lugar porque alguien anónimo había decidido dar un paso adelante y luchar contra el maltrato tan arraigado en la sociedad y darles un empujoncito a todos los que habían decidido volver a empezar.
- Siéntete cómoda y cuéntanos tus inquietudes, tus ilusiones - le dijo María.
- Hace muchos años, tuve un taller de costura, me encantaba coser y me ganaba la vida haciendo lo que más me gustaba que era diseñando vestidos y después fabricándolos. Luego los vendía y me sentía muy satisfecha - dijo Monse con lágrimas en los ojos.
- Y ¿qué te impide volver a hacerlo? - le preguntó Alberto.
- Pues... supongo que ahora ya nada - contestó ella sin titubear.
- Te vamos a ofrecer algo que queremos que pienses - continuó Esperanza - queremos que lideres el equipo de personas que como a ti les gusta la costura y que tuvieron que dejarla porque la persona que eligieron, como te ha pasado a ti, les prohibía realizarse y que a partir de ahora abras tu nuevo libro, uno que está en blanco. Nosotros te vamos a ayudar, pero eres tú quien tienes que creértelo.
Monse rompió a llorar y respondió: - sí, acepto.
- Cuando se lleva tanto dentro y se contiene durante mucho tiempo, esta reacción es normal - le dijo Rafael - pero para eso estamos nosotros aquí, para darte nuestro apoyo y ofrecerte lo que esté en nuestra mano, ahora coge tus cosas y ve a celebrar con tus hijos tu nueva vida y únicamente escribe en tu nuevo libro en blanco, Monse.
Cuando salimos de aquel encuentro no pude dejar de leer el cartel que había en la puerta:
“ Si tú lo consideras atrévete, rompe con el maltrato y ven. Podemos ayudarte, pero el primer paso lo tienes que dar tú".
Nunca es fácil pero sí posible. Aquella madre había demostrado valentía y había enseñado a sus hijos con su ejemplo que se puede volver a empezar y atesorar las nuevas oportunidades. Sólo hay que dar el primer paso.
Carol que aguardaba fuera al ver salir a su madre sonriente corrió hacia ella y la abrazó muy fuerte:
- Tu liberación también es la mía mamá. ¡Te quiero!
Me fundí con ellas en su abrazo, siendo yo esta vez la que recibía de ellas y me llenaba de la misma esperanza que sentían en ese momento aquellas madre e hija que durante tantos años permanecieron en silencio, ese silencio que grita a voces que desvelar determinados secretos es lo correcto.
¡Hasta la semana que viene amigos!

