
En los últimos cinco años no se puede justificar la dinamización del mercado inmobiliario en España, al margen de unos pocos promotores tradicionales que han podido sortear la crisis, sin la participación de los fondos de inversión, principalmente por su capacidad financiera y su modelo de gestión colaborativo.
Para paliar su falta de experiencia y contener el riesgo de promoción, y no renunciar a un mercado tan atractivo, han contratado equipos de gestión especializados y en otros casos han configurado acuerdos con promotores de demostrada experiencia.
Es indudable que contar con una gestión profesional, permite enfocar adecuadamente el diseño del producto al target, cumplir el presupuesto de la promoción, afrontar eficazmente la comercialización y cumplir el programa del proyecto, esencial para satisfacer los compromisos de entrega en tiempo y forma a los clientes.
Esto no es solo una oportunidad de negocio para los fondos de inversión, sino también para los promotores convencionales que pueden dar continuidad a su actividad gracias al apoyo financiero de los primeros, compartiendo la suerte de los resultados, e incluso vinculándose como socio en la mercantil promotora.
Otra segunda modalidad de la promoción delegada en alza es en la que un promotor tradicional o gestor especializado ofrecen a los propietarios de suelo, que no teniendo capacidades propias de gestión, la oportunidad de cumplir sus expectativas de mejorar el precio de venta de sus suelos a través de la promoción, y que no obtendrían a través de una venta ordinaria, en un mercado de suelo prácticamente al descuento por la propia dinámica compradora como por una banca cerrada a financiar adquisiciones.
En esta última opción, el promotor delegado debe integrar capacidades como comercializador, que le permita alcanzar los mínimos que la banca le exigirá para la concesión el préstamo promotor. De otra parte, bien sean los fondos de inversión en la primera modalidad, o sean los promotores/gestores delegados en la segunda, los que aporten los recursos, es indiscutible que la capacidad financiera decidirá la suerte del proyecto, aun estando cumplida las condiciones básicas de viabilidad (ubicación, producto, calidades, precio, ventas, forma de pago, fecha de entrega, etc.)
Complementariamente, las plataformas de financiación participativa están viendo en el negocio inmobiliario una clara oportunidad segura y rentable, pudiendo ocupar un espacio como recurso financiero complementario, una vez disipados los riesgos de licencias, ventas y financiación promotor.
El negocio inmobiliario sigue un claro camino de transformación y desarrollo pese a las dificultades de nuestros tiempos.

