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DÍA MUNDIAL DE ACCIÓN CONTRA EL SIDA

"El día que le dije a mi madre que tenía VIH le pedí perdón por no ser el hijo que esperaba"

Tomás relata la vorágine de sensaciones que ha experimentado desde que le diagnosticaron esta enfermedad hace dos años

Nazaret Domínguez Martes, 01 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Que lo más difícil de una enfermedad sea lo que piensen de ti al contarlo es un pensamiento atroz por el que pasan muchos de los pacientes cuando son diagnosticados de VIH. Un pensamiento que debería de erradicarse y por el que se lucha un día como hoy, 1 de diciembre, en el Día Mundial de la Acción contra el SIDA. Una infección que sigue siendo una lacra para el que lo padece por creer sentirse apartado de la sociedad. Este martes, va dedicado a todos aquellos valientes que se quitan los prejuicios y que luchan contra una patología que sigue siendo un tabú en la sociedad actual.

 

Tomás deja este día apartados los miedos y narra a MurciaEconomía la vorágine de sensaciones por la que ha pasado desde que fue diagnósticado hace dos años, y un día después de su cumpleaños, de VIH. La suerte que tiene este murciano es, sin duda, rodearse de las personas adecuadas. Asegura que la principal barrera a la que debe de enfrentarse uno mismo, es precisamente, uno mismo: "No todo el mundo sabe que soy seropositivo. No sé si es por miedo al rechazo o por la innecesidad de que gente, como por ejemplo mis abuelos, sufran. Nunca me he sentido rechazado por nadie al contárselo y creo que el estigma y el verdadero problema lo tenía yo, que tuve que romper con el primer lazo de esta enfermedad: yo mismo".

 

Tomás narra que cuando se lo diagnosticaron por primera vez fue como "un jarro de agua fría" y confiesa que, quizás, la médica que se lo comunicó tampoco estaba preparada para hacerlo: "Me dijo que habían estado intentando localizarme. Ahí ya lo sabía. Se me paralizó el mundo. Intenté no ponerme a llorar delante de ella".

 

La falta de conocimiento sobre esta enfermedad hace que existan y que se creen estigmas equivocados entre las personas. El desconocimiento total del VIH hizo débil a Tomás el día que le anunciaron que tendría que vivir para siempre con esta patología.

 

Y con el diagnóstico llega la sensación del miedo al rechazo, al que te traten como un "apestado", porque como el murciano asegura, desgraciadamente, la sociedad achaca la palabra SIDA a la prostitución, la promiscuidad, la homosexualidad y la droga de manera peyorativa: "El día que le dije a mi madre que tenía VIH, le pedí perdón por no ser el hijo que ella esperaba... (silencio). Hoy lo recuerdo y es algo muy fuerte. Le pedí perdón por la imagen que podía tener ella de mí ahora".

 

Tomás ha sabido a quien contárselo desde el principio y asegura no haberse sentido rechazado nunca. Sus padres, sus amigos y sobre todo su pareja estuvieron dispuestos a ayudarlo para que él luchara con el primer problema de esta infección que es aceptarlo uno mismo: "Descubrí un mundo de personas que estaban dispuestos a ayudarme a romper esos estigmas que yo mismo había creado sobre mi persona".

 

"Recuerdo el día que se lo conté a mi madre. Se sentó y me dijo: "Ahora entiendo por qué llevo soñando con Freddie Mercury todos estos meses" (ríe). Luego sé que ella lo pasó mal, pero no quería llorar delante de mí y ¿sabes? Yo creo que eso me hubiera consolado más. Al fin y al cabo lo que necesitaba era que alguien llorara conmigo".

 

Califica como algo maravilloso el que todos los seres queridos de las personas con VIH acepten la enfermedad como tal. Confiesa que en la asociación conoce a muchas personas que se han separado de sus amigos y familiares por padecer VIH: "Una de las primeras emociones que sientes cuando te lo dicen es la soledad. Yo pensaba que iba a estar solo, que me tenía que quedar solo. De hecho pensé en varias ocasiones separarme de mi pareja, pero nunca me dejó escapar. Si además de sentirme solo, me hubiese quedado así, no sé que hubiera pasado".

 

La vida de Tomás continúa siendo normal, asegura, como la de cualquier otra persona sin patologías. Dice que no piensa mucho en el VIH ni en la medicación que ahora tiene de por vida. A pesar de que esto le perturbaba cada día en los comienzos, alega que la evolución está tan solo en uno mismo. Lo que sí ha cambiado en la vida de este murciano es la percepción de ver las cosas: "Pesamos mucho en lo malo, en lo que nos pasa, nuestros errores o cuando nos equivocamos, pero no nos damos cuenta de los logros que conseguimos día a día".

 

 

Y como no hay nada más agradecido que un buen consejo, Tomás comunica a la población que es diagnosticada de VIH que se tome su propio tiempo. Contarlo o no a alguien al principio es una decisión que cada uno debe de tomar, pero sin lugar a duda, lo que a este joven le llevo a buen puerto fue contarlo de manera abierta a la asociación a la que pertenece Vihsibles. En definitiva, contar un problema a personas que lo sufren en primera persona fue la mejor de las medicinas para este valiente que hoy se quita los prejuicios y le cuenta al mundo que es seropositivo.

 

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