
Sí, los gatos padecen enfermedades cardiacas y, algunos de ellas, muy parecidas a las que presentan los humanos, constituyendo un excelente modelo natural para el estudio de las mismas. En el Servicio de Cardiología del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia, estamos llevando a cabo un estudio genético en gatos con cardiomiopatía hipertrófica, de forma conjunta con el grupo de investigación de Cardiomiopatías familiares del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, con el fin explorar nuevos tratamientos que se puedan extrapolar a los humanos.
Previamente, me gustaría presentar a los gatos como animales de compañía: pueden llegar a ser compañeros maravillosos. Se cree que el gato doméstico -Felis catus- fue introducido y domesticado en los hogares egipcios hace más de 4.000 años, con una utilidad muy práctica: alejar a los ratones y las serpientes. Posteriormente, les atribuyeron incluso características divinas, pasando a formar parte de la vida diaria y familiar de los humanos.
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En la sociedad actual, cada vez más ocupada y rápida, con menos tiempo libre y viviendas más pequeñas, los gatos son las mascotas ideales para compartir hogar: son de pequeño tamaño, no hacen ruido, pierden menos pelo que los perros, son muy autónomos y no es preciso sacarlos a la calle para hacer sus necesidades. Pero no solo es la comodidad lo que lleva a muchos propietarios a elegir al gato como mascota, sino también, su belleza (no hay felino feo), andar silencioso, mirada atenta, curiosidad infinita y comportamiento afectuoso. Hay quien asegura que, si hubiera que elegir un sonido universal para la paz, ese bien podría ser el ronroneo de un gato. Diversos estudios, firmados por especialistas de todo el mundo, avalan los beneficios de convivir con ellos ya que ayudan a sus dueños a reducir el nivel de stress y la presión arterial.
A pesar de su gran capacidad para adaptarse a una variedad de ambientes familiares, conviene tener en cuenta que los gatos son enigmáticos, tranquilos, aparentemente relajados y otras veces poco expresivos, incluso cuando enferman. Saben enmascarar sus primeras señales de advertencia de una cardiopatía por su facilidad para el sueño plácido y por su estilo de vida pacífico. La mayor parte de ellos viven dentro de los hogares, llevando vida sedentaria, lo que dificulta a los propietarios determinar la intolerancia al ejercicio y la fatiga, principales signos de las cardiopatías en los gatos.
Como se indicó al inicio de este artículo, los gatos padecen enfermedades del corazón similares a las humanas, tanto de tipo congénito (las que están presentes en el momento del nacimiento) como adquirido (las que se presentan a lo largo de la vida del animal). En los gatos las más frecuentes son las adquiridas, en concreto la cardiomiopatía hipertrófica. Se trata de una enfermedad familiar genética que puede afectar a gatos de todas las razas y edades, aunque los Maine Coon, Ragdoll, Sphynx, Bosque de Noruega y Persa, están especialmente predispuestos. Se han descrito tres mutaciones en genes que codifican proteínas miocárdicas asociadas a esta cardiomiopatía, también encontradas en los humanos. El resultado es la hipertrofia miocárdica (engrosamiento del músculo cardiaco) y la reducción de la cavidad ventricular que en muchos casos evoluciona a insuficiencia cardiaca congestiva (edema de pulmón y efusión pleural) y signos clínicos tales como intolerancia al ejercicio, dificultad respiratoria, taquipnea, parálisis de las extremidades posteriores (debido a tromboembolisno aórtico) y en otros casos, muerte súbita (debido a arritmias). Previamente, los propietarios han podido notar que su gato no juega, come poco, permanece dormitando más tiempo del normal y sus movimientos respiratorios son más frecuentes que antes.
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Los estudios epidemiológicos han revelado que la prevalencia de la enfermedad en los gatos es muy alta, estimándose en el 15% en la población general (≈5% en gatos muy jóvenes y hasta el 30% en los gatos mayores de 9 años). Ello implica que muchos de los gatos aparentemente sanos padecen la enfermedad de forma asintomática. Factores estresantes como anestesias, sedaciones, viajes, cambios de domicilio pueden desencadenar las manifestaciones clínicas. Pero, debido al carácter aparentemente tranquilo de los gatos, los signos de dificultad respiratoria se manifiestan cuando la enfermedad está avanzada. El diagnóstico se efectúa mediante examen ecocardiográfico en centros veterinarios especializados. El tratamiento a corto plazo implica hospitalización del animal, para aplicarle oxigenoterapia y controlar los edemas.
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De todo lo expuesto se deduce que el carácter introvertido de los gatos impide a sus propietarios detectar con suficiente antelación los signos clínicos de las cardiopatías. Es por ello, la consideración de los signos clínicos indicados y las visitas periódicas a su veterinario permitirán velar por la salud de gran compañero, su gato.

