
Hace unos años, tuve el privilegio de conocer a una persona que me enseñó lo importante de persuadir a los demás de que nuestra idea o proyecto es válido y es productivo. Y no estoy hablando sólo de marketing. El marketing se puede aplicar a cualquier proyecto. Sea bueno, regular o incluso malo. En esta disciplina, lo principal es vender y, a veces, hasta funciona. Cuántos productos llegamos a comprar a lo largo de nuestras vidas y que finalmente no responden a la campaña que los promociona.
Pero hoy vengo a hablarles de las ideas, proyectos o desarrollos tecnológicos que son buenos y que necesitan que alguien los lea, los entienda y apueste por ellos, de manera que se transfieran al sector productivo y a nuestra sociedad. Porque lo difícil, queridos amigos, ya no es desarrollar un proyecto innovador y tecnológico – lo que denominamos I+D+i -, sino encontrar la forma de convencer al inversor, al distribuidor o al fabricante.
Y esto es lo que me enseñó mi estimada Marta Plana desde su experiencia americana en Facebook, Microsoft y Google. Me hablaba sobre cómo se las gastan en Silicon Valley, cuando los miércoles los inversores americanos se acercaban a las cafeterías de Palo Alto, California, EEUU, para escuchar a los emprendedores. A esto le llaman Pitch Deck. Dos minutos y treinta segundos para conocer cada proyecto. No hay más. Ahí te las apañes. O sabes transmitir lo que has hecho o hasta otro día. Los que ponen el dinero no quieren perder el tiempo. Y no hablo de la experiencia desde el fracaso, sino de no poder arrancar la StartUp para comprobar si el proyecto puede triunfar o no. Y es que, para ponerlos en el mercado, sobre todo cuando hace falta el recurso financiero del inversor externo, hay que saber venderlos. Algo que no se enseña, por desgracia, en nuestro sistema educativo. No se enseña, en general.
Y esta necesidad de formar a los nuestros en conocimiento, pero también en la metodología de venta de un prototipo, me lleva a traer a estas páginas una iniciativa que resulta muy interesante. La acaba de poner en marcha la Universidad Politécnica de Cartagena, bajo el título “Competición de Tesis en 3 minutos”. La audiencia: el público en general; El objeto: el resultado de la tesis doctoral; El objetivo: venderlo.
Este es el inicio de una StartUp. Parece sencillo, pero no lo es. Ya no se trata de convencer con grandes ponencias y muchos folios o largas presentaciones con diapositivas en Power Point, Prezi o Google Docs Presentations. Toca espabilar. Ciento ochenta segundos para poner a prueba la capacidad comercial del doctorado o del emprendedor, que para este caso viene a ser lo mismo. Desde hace años, en mis clases en el Master, de la asignatura de Proyectos de ingeniería, suelo aplicar a final de curso esta misma metodología, pero con cinco minutos en total. Siempre consciente de que daba tiempo de más. A la vista está. Pues nada, toca aprender lo más importante, que no suele ser el punto fuerte de la mayoría de emprendedores. Como todo en la vida, es cuestión de entrenamiento. Que el premio puede ser muy gordo, como el de la lotería de Navidad.

