
Paula, después de varias sesiones muy triste porque la han dejado aislada sus amigas en clase de 1 ESO, le digo que vamos a medir la importancia de las cosas. Cuánto te preocupa que no te hablen, un 8.5; y cuánto te importa que se mueva la hoja de aquel árbol, un 0. ¡Vale! Ya tenemos la medida de la importancia que le das a las cosas. Ahora, te pregunto una situación muy fea. Cuánto te importaría que tu madre tuviera una enfermedad terminal. Un 10, Esther; no me gusta lo que me acabas de decir. ¡Vale! Revisamos tu medición anterior, cuánto valoras ahora el que tus compañeras no te hablen. Un 0. Bueno, Paula, lo dejamos en un 5? Es feo no estar bien con tus amigas. ¡Vale!
Días después su madre me comenta que llevaba una semana mejor. De hecho estaba un poco más comunicativa conmigo, sonriendo y mirándome a la cara. Sentía que tenía más control sobre su vida.
Otro concepto que le ayudó a mejorar en su vida fue entender que centrarse en las preocupaciones, enfados o frustraciones le dejaba en la zona de problemas, sin recursos útiles para avanzar. Pero centrarse en lo que depende de ella, lo que está en sus manos le hace responsable y le permite tener influencia. Cuando le miran mal o se ríen cuando pasa al lado es muy desagradable pero ella está aprendiendo que no puede hacer nada sobre la conducta de los demás; pero sí puede decidir cómo quiere responder, y sobre todo, cómo quiere pensar y sentir. Desde esta consciencia puede mirarlas también mal, puede llorar, puede seguir adelante y sentarse con otras amigas y puede pensar “cada uno es dueño de sí mismo” y “yo puedo elegir qué hacer”.
Todo esto tiene que ver con la diferenciación del Yo, que se enseña en el seno de la familia. Enseñar a Paula a ser independiente emocionalmente es enseñarle a ser autónoma sin sentirse excluida del grupo, pudiendo ver con objetividad lo que está ocurriendo. Ella entenderá en las relaciones posteriores cuál es su grado de responsabilidad que tiene en lo que pasa, distinguiendo entre lo que piensa y lo que siente, que le harán responder con conciencia y autocontrol tanto de la situación como de sí misma. En este caso mi amiga Paula tiene que aprender qué parte de responsabilidad tiene en lo que le pasa preguntándose “qué puedo hacer yo con esto” y “qué está pasando y qué depende de mí”. De esta manera el impacto emocional de la situación de las amigas será menor.
Cuanto más diferenciado esté tu hijo verá el amor, el afecto y la aprobación de los demás como algo muy deseable pero no indispensable, y será capaz de establecer relaciones más sanas porque funcionará menos dependiente del apoyo o de la aceptación. Aprenderá a poner el foco o la lupa en sí mismo en lugar de culpar a los demás. Cuanto menos diferenciado esté su Yo del Tú será más dependiente con miedo a fracasar y percibiendo la separación o contrariedades como algo terrible, insoportable o catastrófico, buscando quién le cubra su necesidad emocional de ser querido, reconocido o acompañado.
Una tarea más de ser padres es enseñar al hijo a asumir su responsabilidad frente a lo que hace, sin escudarse o culpar al otro y sin asumir lo que no le pertenece; con controles internos, no externos; como las embarcaciones donde cada madero sostiene las velas para resistir los envites del viento sin ayuda alguna. Está claro que sobreproteger no protege.
Gracias Pepa, mi madre, por inculcarme desde pequeña esa gran responsabilidad. Todavía escucho de su boca cuando le cuento alguna dificultad… “hija, cada palo que aguante su vela”.
Nos vemos el miércoles próximo. Un abrazo. Esther.

