
La mejor Navidad está en ese beso que, aunque no puedas dar tienes interiorizado, en el abrazo que ahora no debemos ofrecer pero que recubre nuestro corazón con los brazos abiertos al pensar en los nuestros, en ese favor que haces sin darle publicidad, en esa sonrisa que brindas a los demás, en esa ayuda que ofreces a los más desfavorecidos.
Imagina una caja cerrada. Lleva un lazo de un color vistoso. Es una caja sencilla pero grande, enorme, abarca tus buenas intenciones y tus deseos de felicidad. Piensa en todos los momentos de este año. Los buenos, los que no lo han sido tanto. Tenlos todos presentes. ¿Cuál es tu balance? El mío es mejorable por todas las cosas que no he podido hacer debido a esta situación que estamos viviendo, pero bueno, muy bueno. Hay que ser agradecido, considerarnos privilegiados por las grandes y pequeñas cosas que son las que nos llenan. Estar satisfechos con lo que nos ha tocado y aunque es bueno esperar lo que anhelamos, también es estupendo valorar lo que tenemos, lo que damos y lo que nos llega, y… ¿Por qué no? También lo que se nos va y en algún momento de nuestra vida nos procuró alegrías.
Todo esto es para mí la Navidad. La historia nos dice que un hombre de bondad extrema nació para mostrarnos el camino que nos lleva a la verdad, para enseñarnos el sendero que nos conduce a la paz, para querer al prójimo, aunque a veces sea difícil, para enseñarnos a perdonar, a no juzgar, a esforzarnos, a temer al mal y a no alimentarlo, a dar sin esperar nada a cambio, aunque sea tan humano flaquear.
Estas Navidades más que ninguna tenemos por delante un tiempo de reflexión, mejor que nunca podremos interiorizar todas las cosas buenas que nos han pasado y dar gracias por ello.
Todos hemos vivido situaciones que nos gustaría borrar, volver hacia atrás y cambiarlas, pero no es posible. Lo que sí es posible es caminar, mirar hacia delante sin alimentar la autocompasión ni la culpa. Aprender y olvidar. Lo más importante de todo es actuar de buena fe.
Somos seres sociales, nos gusta la compañía, la vida compartida. Este año hemos tenido que aprender a vivir en soledad, vivir más hacia dentro, convivir con nosotros mismos en primer lugar. Perdonarnos, querernos y entender que lo más importante está ahí, en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en nuestra motivación y superación.
Este año que termina será inolvidable para todos nosotros. Cada uno individualmente hemos vivido nuestra experiencia de entendimiento y aceptación y conjuntamente nos hemos unido en varias acciones, desde los aplausos que con emoción alababan la gran labor de personas buenas, hasta la esperanza de que la vacuna esperada llegará y con ella veremos el final de este sin sentido.
Días de Navidad nos esperan. Vamos a demostrarle al mundo que se pueden llenar de miradas, de muestras de cariño sin rozarnos, de alegría sin jolgorio, de esfuerzo por mejorar las cosas. Con un pequeño gesto de cada uno podemos contribuir a que estas fechas comiencen y terminen felices.
Mi Navidad será más que nunca Paz.
Qué la vida os regale unos días únicos, que tengan mucho de especiales y que el nuevo año os traiga felicidad plena y mucha paz interior. ¡FELIZ NAVIDAD! Mariate.

