
En un ataque de locura decidió volar todo lo que le habían prohibido, pero sus alas cortadas no consiguieron alzar el vuelo y finalmente murió despeñada por el acantilado bajo su bonita torre.
Acabando con su sufrimiento para siempre.
- De verdad Carmen, no sé cómo te puede gustar tanto una historia tan triste.
- ¡Amo a la condesa mamá!
- Anda… ¡Buenas noches!
- Buenas noches.
Carmen era una niña de familia humilde de un pequeño pueblo llamado Verín. A diferencia de las otras niñas que se criaban con los cuentos populares conocidos por el gran público, en casa de Carmen atesoraban un viejo libro de leyendas de la zona. Una de ellas era la historia de la condesa.
Esta leyenda cuenta que el Conde de Verín se casó con una muchacha mucho más joven que él y que ella no le amaba, la diferencia de edad y la obligación del enlace, crearon distancias casi insalvables. También cuenta que un día visitó Verín, por algún acuerdo comercial, el rey de castilla, que era muy opuesto y que no pudo pasar desapercibido para la condesa, la cual se quedó prendada de él nada más verlo. La química entre los dos no tardó en hacerse física y acabaron teniendo una aventura prohibida durante la estancia del Rey en la villa.
Con la marcha del rey la desolación de la Condesa fue creciendo hasta que decidió suicidarse tirándose desde una de las torres de su castillo de Monterrei.
Esta historia, contada a grandes rasgos, era la lectura obligada para la madre de Carmen cuando está solo era una niña y se la pedía cada noche.
Con el paso de los años Carmen se hizo una joven decidida a ser una periodista de éxito y así se lo hacía saber a todos sus compañeros de clase, entre los que estaba Alberto.
Carmen se enamoró de Alberto desde que lo vio por primera vez en clase, eran solo dos niños, pero se gustaron tanto que no eran capaces de separarse para nada, intentaban ir juntos en los trabajos de clase para quedar fuera del colegio y continuar con ellos, quedaban para ir al parque, para ver películas en sus casas… La amistad y el amor se daban la mano en su relación con tanta naturalidad que parecían nacidos para estar el uno con el otro.
Carmen sabía que no lo tendría fácil para poder ir a la universidad ya que las dificultades económicas de su familia, hacían que el comer cobrase la totalidad de la importancia en la orden de prioridades. Pero nada frenaría a nuestra amiga en su empeño por ser la mejor periodista de Galicia, con lo que pasaron los años y llegó el momento de salir de Verín para realizar los estudios de periodismo.
Carmen eligió Santiago de Compostela como destino, Alberto no se lo pensó dos veces y decidió acompañarla y realizar allí sus estudios como maestro de autoescuela.
Al poco tiempo de convivir en la capital gallega, decidieron casarse. Parecía que todo le sonreía a Carmen, pero no había pasado ni medio año de su boda con Alberto cuando a este le diagnosticaron cáncer de pulmón, cambiando la vida de ambos para siempre.
De repente Carmen se encontraba ante la decisión más importante de su vida. Acabar su deseada carrera y conseguir su sueño de ser periodista o abandonarla y trabajar en todo lo que pudiese para reunir todo el dinero posible para curar a su marido, ya que los avances médicos en Galicia por aquel entonces eran insuficientes.
El amor por Alberto ganó la partida.
Empezó a trabajar con una revista creando diferentes artículos semanales e intercalando ese trabajo que es lo que más se podía acercar a su sueño, con ser dependienta de un supermercado. Todo era poco para conseguir ganar la partida al cáncer.
Tras una intensa lucha, el cáncer de Alberto remitió y Carmen pudo respirar tranquila durante un tiempo, el tiempo que tardó Alberto en decirle que no quería continuar con la relación.
De todas las cosas que le habían ocurrido a lo largo de su vida, esta era la única que no supo asimilar. Se vio inmersa en una profunda depresión que la llevó a volver a Verín, a la casa donde se crió.
Se pasaba los días sentada en el porche de la casa, mirando al infinito. Su familia no sabía qué hacer para ayudarla, no se comunicaba con nadie de ningún modo. Solo se movía de su silla en el porche para ir a comer, que apenas lo hacía, o para ir a dormir, pero siempre regresaba a las maravillosas vistas de su valle decorado con el castillo de Monterrei de fondo.
Una noche mientras cenaba, Carmen le dijo a su familia que le apetecía dar un paseo después de la cena. Sus padres y sus hermanos se miraron con esperanza, ya que para ellos era un paso hacia delante querer pasear y, por otra parte, el que lo comunicase, también les parecía una buena noticia.
Carmen salió a pasear a eso de las 12 de la noche. A la mañana siguiente su madre fue a despertarla, pero Carmen no estaba en su cama, algo no le olía bien y avisó a toda la familia de lo ocurrido. Juntos decidieron salir a buscarla, pero apenas tuvieron tiempo de salir de casa para descubrir un coche de la Guardia Civil estacionando delante de esta, un agente había salido del coche y se aproximaba a ella mientras el otro se quedaba de pie apoyado en el vehículo.
- ¿Es usted la madre de Carmen Rodríguez Diéguez?
- Si, lo soy.
Se hizo un silencio eterno que finalizó con un rotundo:
- Acabamos de hallar el cuerpo sin vida de su hija en el aparcamiento del castillo. Todo indica que se precipitó desde la torre.
En ese momento su madre recordó el amor que Carmen le tenía a la Condesa de Verín y no pudo evitar sentirse cómplice de la inspiración del trágico final de su hija.
Una vez más la torre del castillo acababa con el dolor de una pobre joven a la que la vida le había arrancado el corazón.


