Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

A llorar a la llorería

MurciaEconomía Miércoles, 27 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

 

¿Cómo ser original si digo y hago lo mismo que el resto? El adolescente en su legítimo derecho de tener su autonomía crea su propio lenguaje. Y lo hace para diferenciarse de los padres y adultos.

 

Y mira si ha cambiado la cosa que antes nos daba miedo empercharnos, ahora de acoplarse; antes te descojonabas de risa hoy te da un “LOL”; el amor platónico ahora es tu “Crush”; tú cotilleabas, ellos salsean; tú destripabas pelis, hoy hacen spoiler; antes ser crack te subía a nivel Dios, hoy eres un pringado que te lleva a nivel Pro; ahora eres loco, no tío; o un mierder, no tonto; y no estás cansado, estás mortimer. ¡Como para pillarlos! En eso consiste, crean su propio idioma para diferenciarse de los adultos. Todos lo hemos hecho. Es el  mismo perro con otro collar.

 

Aunque trabajo con Adolfs todos los días y me enseñan su jerga, estas Navidades me pilló desprevenida mi sobrino AdolfJorge14. Compartiendo algunos días con la familia, descubrí a un desconocido conviviente. Un niño callado, sensible y servicial daba paso a un joven participativo, comunicativo, con criterio y vacilón. En unas de las conversaciones utiliza una de sus jergas con la chulería de la edad y me dice “no me llores” y me decido devolvérsela en otra ocasión. Cuando encuentro el momento le digo, “no me llores” y me contesta, “tita, a llorar a la llorería”. Me dejó KO, fuera de combate. La guasa fue monumental pero lo que no sabe es que ha sido una revelación en mí. Hasta en el gimnasio al que voy van a poner una llorería para poder  lamentarnos de las series. Por cierto, he solicitado inmunidad deportiva, pero mi amigo Jesús me ha mandado donde ya te imaginas, a estrenar la llorería.

 

No siempre podemos ni debemos compartir las provocaciones porque dependen del contexto pero sí podemos decidir cómo reaccionar ante esa forma diferente de relacionarse y no verlo como falta de respeto sino como señal de identidad. El problema es cuando ellos en ese proceso de diferenciación no diferencian el uso y nos hablan como hablan a sus amigos.  Es cuando decimos “oye, que soy tu padre. A mí me hablas bien”. Es difícil saber el límite entre evolutiva y educación pero si hay buena comunicación y cohesión en la familia, habrá más flexibilidad y tolerancia en esta etapa de cambios.

 

El Adolf encuentra su inspiración en los amigos y son capaces de hacer muchas cosas para pertenecer al grupo. Esto nos genera dudas y no poco razonables, ¿sabrá decir que no?; ¿se meterá en algún lío?; ¿se aprovecharán de él? Formar cabezas pensantes lo va a proteger de la presión de grupo. Pero para ser crítico hay que enseñarle a pensar, a debatir, a cuestionar. Y no siempre los padres dejamos ese espacio de reflexión.

 

Podemos hacer varios tipos de PENSADORES adolescentes. Está el pensador ingenuo, que sigue a la masa, que no piensa y que va a adaptarse a lo que digan los demás. Otro, es el pensador egoísta, piensa demasiado pero para salirse con la suya. Y el pensador crítico, que también piensa pero para ayudar a los demás y así mismo y para ampliar información externa. Si como ejemplo hablamos de la marihuana, el ingenuo se va a creer la noticia que le den sus amigos y no la va a contrastar; el egoísta te va a buscar ese artículo donde dice que es terapéutica porque le interesa consumirla o simplemente provocar;  y el crítico va a comparar lo que sabe con lo que le dicen, va a buscar argumentos a favor y en contra. ¿Qué pensador quieres en casa?

 

Es nuestra responsabilidad “siete veinticuatro” crear mentes críticas en las cabezas de nuestros hijos para que sepan tomar mejor decisiones. Sentirse escuchados y valorar sus opiniones va a generar la apertura mental que necesitan para reducir los daños colaterales de la pertenencia a un grupo. También puedes ponerte a llorar, y ya sabes, a llorar a la llorería.

 

En plan, me despido a la antigua  “Me las piro, vampiro”  o a la moderna “Venga, chao”. Un abrazo. Esther.

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.