
La vida se ha puesto muy seria. Imagino que alguien más se lo habrá planteado y quiera trasladarse a aspectos más oníricos, sumergirse en otras realidades como evasión, provocando un cambio que suponga descansar de todo esto. Me refiero a la mente, al pensamiento que no deja tregua. A la postre disponemos de todo lo que sustenta el interior de cada persona; la experiencia, la formación, la cultura. Lo que no se ve pero sí puede asimilarse.
La vida emocional es una actitud para ir caminando en consonancia a lo que somos y deseamos, me gusta la palabra, determina una forma en el comportamiento, una postura del cuerpo que revela un estado de ánimo.
Casi todo en la vida está hecho de actitudes que nos estimulan a mirar hacia delante, avanzar, desafiando el desierto que fácilmente puede surgir en el camino. Porque tener que vivir, tener que decidir cada día son obligaciones que no se pueden eludir. Y es que, aunque se mantenga la seguridad, se han perdido todos los privilegios razonables que mantienen la esperanza de consolidar algo que no se ha completado; reconciliarnos con el yo, que cada uno lleva dentro, mientras no tenemos más remedio que vivir en un estado de equilibrio para encontrar motivos que resuelvan las encrucijadas personales, sin oscilaciones, sin resquemores ni desalientos.
En pleno siglo XXI los estados de ánimo se ven alterados por un ente que no se ha conocido antes, pero, ¿cómo vencerlo si ya hemos utilizado todos los medios? Un virus capaz de multiplicarse hasta lo inimaginable. Algo tan inesperado, extraño y letal ha cogido desprevenida a toda la humanidad, que se ha hermanado en una lucha común, disparatada y necesaria: el mundo entero implicado, unido contra esta odiosa pesadilla.
Muchas preguntas quedan por hacernos en esta desesperada tarea. Se dice que empezó por sorpresa; que no se le dio la importancia que tenía; un gran reto que desconcertó a científicos y personal sanitario, que no estaban en absoluto preparados para afrontar un frente tan imprevisto. Y no queremos más experimentos políticos, poco convincentes, confusos, contradictorios. Ponerse en marcha en esta situación apremiante y descomunal, ha sido como caer en una trampa de la que tendremos que salir algún día.
Esta semana he visto en el programa En Portada, una recopilación de la pandemia Covid-19, con las opiniones de sanitarios y gente influyente de diversas profesiones. Nadie se ha mordido la lengua a la hora de poner sobre la mesa sus argumentos. Antonio López, Carmen Posadas, Luz Casal, Santiago Segura, José Mota, José Andrés, una científica, una enfermera, un médico, una chica campeona de natación… Cojo un cuaderno y un lápiz dispuesta a escribir lo que pueda sobre lo que ellos van desgranando con mucha paz, sin acritud; opiniones de gente observadora, o que ha estado en primera línea por motivos diferentes. Recojo algunas de las frases que escucho, y que no recuerdo a quién pertenecen: “Descoordinación: la realidad que se publica desde la cúpula de los políticos”. Estamos infectados en la forma de vivir”. “La política se ha convertido en un sumidero de odio”. “Yo quiero la normalidad, no la vieja ni la nueva”. “La vida es un constante desafío. Se pierde la confianza con los discursos manipulados”. “Los políticos están para dar servicio a la sociedad”: “La vacuna es la gran esperanza, hay que dedicar todo el esfuerzo necesario para pensar en la vacuna”. ”El gobierno tiene que hacer una ley de epidemias”. “Los españoles tenemos que dejar de pelearnos“. Sé que Santiago Segura dice: “Saldremos jodidos, pero saldremos”. Y José Mota: “La peor pandemia, es que la palabra bondad, está prohibida, no nos gusta lo que implica esta palabra”. José Andrés: “Hay que acudir a quien lo necesita. Lo peor es el egoísmo”. Antonio López: “El hombre debe cambiar, considerar otro tipo de vida más tranquila”.
Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia de la Lengua Española, y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, dijo, con el diccionario en mano, que han aparecido expresiones nuevas que se desconocían, y, en muy poco tiempo, palabras que estaban en desuso, se han utilizado con más frecuencia, como pandemia, epidemia, cuarentena, confinamiento, moratoria, resiliencia… Todos los términos que están relacionados con la crisis de la Covid-19.
Lamento la máscara que disimula la angustia cuando la naturaleza humana se debate entre el bien y el mal, entre la salud y la enfermedad. Una frágil ironía, aún sin razones para lograr el final.
¡¡Feliz semana!!


