
Hace justo un año, recibí una sorpresa de esas que permanecen en el alma desde el momento en el que las recibes ... con los ojos vendados, sintiendo ese gusanillo en el estómago que la incertidumbre provoca, mientras la imaginación va a mil por hora y vaticinas a cada segundo a quien te vas a encontrar cuando por fin consigues quitarte la venda... Siempre he sido de valorar los encuentros con mi gente, de saborear este tipo de eventos como si no hubiera un mañana y de entender que el presente que tenemos es oro y, por lo tanto, un tesoro.
Este año el tiempo ha cambiado su significado al igual que tantos otros conceptos que creíamos que por derecho nos pertenecían, y la vida se nos ha vuelto del revés. Cada uno de los meses por los que hemos pasado desde aquel 5 de febrero de 2020, han estado marcados por muchos aspectos que no hemos entendido: en marzo, abril y buena parte de mayo, nos sentimos privados de nuestra libertad, uno de los derechos fundamentales de las personas. A continuación, atravesamos el verano con esa visión temerosa que nos recordaba cada vez que nos mirábamos al espejo (reflejándose en él nuestra mascarilla), que lejos de haber vencido al enemigo, teníamos delante un gigante acechante que solo se había retirado parcialmente, pero que volvería. Al llegar el otoño, todos teníamos claro que seguíamos en primera línea de fuego y que los esfuerzos por recuperar nuestra vida normal, eran en vano. Llegó Navidad, y supimos disfrutar de otra manera, no por ello menos buena, pero diferente. Todos nos hemos hecho más conscientes del valor de lo que nos rodea, sin necesidad de buscar donde no llegan nuestros ojos, y de quedarnos donde estamos.
Hoy, después de haber transcurrido un año, vuelve a ser mi cumpleaños. Sé que las mismas personas que me sorprendieron siguen en aquella fiesta, conmigo, bailando juntos, riendo y sabiendo que, aunque sea en la distancia, hoy podemos volver a bailar, reír y soñar.
Gracias a todas y cada una de las personas que pertenecen de alguna manera a mi mundo, las que comparten conmigo sus vidas, las que me escriben o me llaman, las que con un chasquido de dedos están a mi lado, las que aún sin pedirlo, siempre están. Gracias a mi familia, porque cada día os siento cerca, y nunca me soltáis. Gracias a mis grandes amigos, que son como familia, no por sangre, sino porque os lo habéis ganado. Gracias a mis amigas cotidianas que me alegráis la vida. Gracias a Pura que confió en mí para escribir historias desde una perspectiva diferente y que contó conmigo sin dudarlo. Gracias a mis lectores y seguidores que en cada publicación me alentáis con vuestros comentarios. Gracias a mis hijos, que dan sentido a mi vida y a los que, tras este año, aún conozco más que antes. Gracias a mis hermanos, sin vosotros estaría incompleta. Gracias mamá por ser consciente de que no podemos vernos con la libertad de antes y aun así no pides nada. Gracias papá por haberme enseñado a vivir sin ti, pero contigo. Gracias compañero por todo, por estar toda una vida a mi lado, sin exigencias, sin ataduras, pero a mi lado.
Hoy es mi cumpleaños. Un día en el que los que me queréis siempre me hacéis sentir tan especial como me hacía sentir mi padre en un día cualquiera, o sea, mucho.
Nos esperan meses complicados, en los que creceremos más, en los que la esperanza recobrará protagonismo y esperaré paciente mi nuevo cumpleaños en el que espero que volvamos a repetir aquella fiesta y mientras tanto, seguiremos bailando.
¡Qué bonito saber que estáis ahí, y que tengo el corazón lleno de vosotros!
A vuestra salud ¡feliz día de viernes! Un abrazo, Mariate.

