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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Martes, 09 de Febrero de 2021
Francisco Martínez Ruiz

Hasta la vista Mr. Trump y gracias

 

¡¡¡Ya lo tengo!!!, exclamó nuestro nuevo vecino. Melania, desde el trasluz de los ventanales lo miró, no sorprendida, porque estaba ya curá de espanto, pero sí con mirada incisiva, porque Trump hacía ya dos o tres semanas –tras el viaje a Madrid– que andaba cabizbajo y como dándole vueltas a alguna petera. Y, además, lo miraba de modo incisivo porque era la mirada, el rictus, que se le había quedado ya, como decirlo, estructural a fuerza de estar todo el día evadiendo iniciativas, sorteando propuestas, gestionando dobles sentidos…  En fin, que la llevaban loca a la pobre. El amable lector ya me entiende. Mejor dicho, se lo esperaba.

 

¡¡¡Ya lo tengo!!! Volvió a gritar. Su voz retumbaba en los techos altos de su residencia en Santomera.

 

Yo a esta gente la entiendo, colegía y también entiendo, lo comprendo, que me hayan querido colocar, así a ojo, cinco millones y medio de metros cuadrados de suelo industrial; o que cuando propuse lo del Parque Temático- en espera de mejores momentos sanitarios –pues noté así como caras de, hombre, este tema está ya un poco  zamarreao, nos hemos llevado muchas decepciones (ahí coincidían los atildados y el grupo de mediadores , obviamente), en fin… que cada cosa tiene su momento.

 

Los entiendo muy bien y además Melania, les he cogido mucho afecto. Ella se retorcía por dentro expuesta como estaba permanentemente, cual ama de casa amenazada, a las gracias y al magreíco del grupo de mediadores, y de otro pequeño grupo que se adhirió, procedente de Elche, La Aparecida y Callosa, también gente arriscada en estos temas. Y en otros.

 

Ya el asunto me fue abriendo los ojos cuando me propusieron que me empadronara y me presentara a alcalde de Santomera. El eslogan era “ Un nuevo aire, completamente diferente”. Les dije que ya me había retirado de la política, que por eso estaba en la Casa del Agua. Y así, entre comidas y meriendas-cenas, me proponían mil y una, digamos, línea de actuación.  Casi alcanzamos el paroxismo cuando, de forma contundente y muy confusamente argumentada, me proponen fundar un partido. Lo del nombre fue ya para ingresarse : “Primero Nosotros”, que podía ser equívocamente interpretado por el electorado, aunque yo pensé desde el primer momento que no, que era un mensaje directo, ya me entienden.

 

Todas estos eventos, llevaron a nuestro nuevo vecino a decidirse. El quería hacer algo por toda esta gente que, con sus contrastes, con sus cosicas, pues le habían entrado en el corazón. Quería ayudarles antes de marcharse una temporada a Florida. Y lo decidió.

 

Construiría un Hospital Psiquiátrico. Que no se notara mucho que era psiqui. Algo así como una residencia donde pasar estancias de 4 o 5 meses o un veranico, atendido por los mejores especialistas mundiales en tratar una patología que el no había visto en ninguna parte del mundo, sólo la había detectado en Murcia:

 

Corazones gigantes, un poco golfos, listos como ellos solos, nobles si no los engañas, un poco infantiles en el fondo y señores, si es menester. Unos locos divinos.

 

A la hora de terminar esta columna quedan cinco días para que se abra el recinto.

 

Y Trump, que ya marchó a Florida,  tuvo una buena idea.

 

Hasta la vista , Sr. Trump. Y gracias.

 

Dedicado a Nazaret Domínguez, Javier Correa y Pablo Bastida

 

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