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CATALUÑA

El voto de un murciano en el Mercado de Hostafrancs

El PSC gana por votos las elecciones catalanas con un empate a escaños con ERC mientras que el independentismo se afianza y supera el 50% de los votos y la mayoría de escaños

Álvaro Moreno Lunes, 15 de Febrero de 2021 Tiempo de lectura:

 

 

Barcelona amanecía gris en la jornada electoral de ayer. La tercera fiesta de la democracia celebrada durante la pandemia en nuestro país tras Galicia y Euskadi el pasado año, dio lugar a unas elecciones más fluidas y tranquilas de lo normal. En el protocolo aprobado por la Generalitat se habilitaban hasta 83 nuevos centros como colegios electorales, además de las recomendaciones de asistencia en diferentes franjas horarias, según colectivos, y un protocolo de desinfección en la puerta de los centros. Así, polideportivos, mercados y hasta la vieja cárcel Modelo de Barcelona acogieron a los ciudadanos que desearon hacer uso de su derecho al voto. 

 

El voto por correo fue un gran protagonista, más de 265.000 catalanes eligieron esta modalidad frente a los alrededor de 80.000 de las pasadas elecciones, el efecto más claro de la COVID-19 junto con el descenso en la participación, un 53,8% frente al 79,4% del 2017 y que fue récord absoluto en unos comicios autonómicos. Otro récord de este año, y presumiblemente relacionado con el virus, son los más de 35.000 recursos presentados por parte de las 82.251 personas citadas a las mesas electorales para evitar acudir a las mismas

 

Una de las medidas más polémicas de estas elecciones tuvo que ver con la franja horaria destinada a los infectados por coronavirus y los contactos estrechos, aproximadamente unos 14.000, de 19.00 a 20.00 horas.  A las 18.40 se podía ver a los vocales y presidentes de las mesas colocarse sus trajes EPI (Equipos de Protección Individual) proporcionados por la Generalitat cara a garantizar la seguridad frente a posibles contagios. También con la intención de minimizar estos riesgos, se recomendaba asistir con el sobre y la papeleta directamente desde casa. Para ello, se hizo llegar a los domicilios censados un sobre por persona con derecho a voto con todas las papeletas de todos los partidos, además de la habitual abundancia de propaganda electoral, entre la que destacaba una carta sin membrete ni logotipo que escondía la propaganda de VOX, tal vez en previsión de una animadversión generalizada entre los catalanes, y que la CUP o los Comunes se limitaban a una carta por domicilio y no por persona. 

 

Así pues, quien firma este artículo fue citado para votar en el Mercado de Hostafrancs, barrio barcelonés colindante con Sants. La panadería junto al mercado casi acumulaba la misma cantidad de gente en su cola, si bien la de votantes avanzaba a una velocidad mayor, pues en apenas cinco minutos uno podía haber recorrido los 20 metros de la misma, embadurnado sus manos en gel hidroalcohólico y votado entre los tenderetes del mercado. Quiso el destino, la providencia o la casualidad que mi mesa electoral se situase frente a la Pollería Hnos. Madrid Barcelona, propiedad de oriundos de Mazarrón, quienes por su apellido, origen y dominio del catalán con acento murciano, bien podrían ser nombrados representantes de la reconciliación entre esas españas hoy tan mediáticamente enfrentadas. El resto de mesas apenas acumulaban más de cuatro o cinco votantes y en ningún caso la distancia de seguridad se vio comprometida. 

 

La experiencia fue similar en el caso de Jorge, cartagenero afincado en el pequeño pueblo costero del Garraf, dependiente del ayuntamiento de Sitges. “En las dos elecciones que he participado en este pueblo nunca ha habido aglomeraciones” comenta Jorge, “esta vez he tenido que esperar apenas dos minutos afuera, porque solo se permitía una persona en el local, que es pequeño, pero a pesar de todo ha sido muy fluido”. “Me pareció muy bien organizado” añade. Por su parte, Alba, también cartagenera y mujer de Jorge hizo uso del voto por correo con certificado digital, “fue super bien, solicitud online en la página de Correos y a los dos días ya vino el tipo de correos con todo lo necesario a casa”. 

 

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En la misma línea lo ha vivido Carmen, murciana residente en Barcelona ciudad desde hace más de cinco años: “muy tranquilo, en el colegio electoral de siempre, he ido a las cuatro y no había nadie, y eso que otros años sí había mayores aglomeraciones”, y destacaba “el protocolo de seguridad en la entrada y que he tenido que dejar el DNI en una bandeja en lugar de entregarlo en mano”. 

 

Por su parte, Alberto, murciano de la pedanía de los Garres y residente en la ciudad de Barcelona desde hace varios años, se muestra descontento con la situación: “creo que en una situación de pandemia hay que centrarse en la pandemia, hay muchos despropósitos tal y como yo lo veo, el ministro de Sanidad abandona su cargo para estas elecciones, se permite el voto de infectados por COVID… me parece que no se están estableciendo bien las prioridades”, comenta con indignación. 


 

Estas elecciones Catalanas se presentan en un momento complicado para el mundo, España y también para Cataluña. Desde la declaración unilateral de independencia el pasado 1 de octubre de 2017, son ya casi 6.000 las empresas que han abandonado Cataluña como sede fiscal debido a la inestabilidad política. Si bien este es un dato más bien simbólico, pues no implica que hayan migrado sus centros de producción u operaciones, daña considerablemente la imagen de uno de los principales motores económicos españoles a la par que evidencia la opinión de buena parte del sector empresarial sobre el procés. Así, empresas de tanto peso y tan profundamente catalanas como Caixa Bank o Banco Sabadell desplazaron su sede fiscal a la Comunitat Valenciana; aunque la gran beneficiada fue Madrid, que terminó por acoger a más de 2500 empresas. Esta tendencia se ha ido suavizando en los últimos años, eso sí, sin dejar de arrojar un saldo negativo en el total de llegadas menos salidas

 

Finalmente, la jornada acabó arrojando unos resultados que supondrán un cambio notable en el dibujo del Parlament: el PSC, que en 2017 obtuvo 17 escaños se alza como primera fuerza política con 33, y unos 48.000 votos más que la segunda fuerza política; Esquerra Republicana de Catalunya, por su parte, logra finalmente imponerse en unas autonómicas a Junts Per Catalunya por tan solo un escaño con 33; Vox, la extrema derecha, entra por primera vez en el Parlament con mucha fuerza, adelantando a cuatro partidos con presencia establecida en Cataluña, logrando 11 escaños; les siguen el partido antisistema y asambleario Candidatura de Unitat Popular (CUP) con 9, que aumenta en 5 escaños con respecto a 2017; En Comú Podem que mantiene sus 8; Ciudadanos, que experimenta una caída monumental al perder 30 de los 36 escaños logrados en las últimas elecciones; y el PP, que continúa menguando y pasa de 4 a 3 escaños. 

 

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El panorama muestra así una mayoría independentista en escaños (74) y, por primera vez, supera el 50% de los votos, por lo que podría decirse que sale reforzada de estas elecciones. Así lo defendía Père Aragonés (ERC), llamando por enésima vez a un referéndum de autodeterminación, en este caso pactado. Por su parte, Salvador Illa (PSC) también se siente ganador y ya ha asegurado que tiene intención de presentarse a la investidura, aunque en su caso las cuentas son complejas y dependería de ERC, que no parece por la labor.

 

Desde Vox también llegaron discursos de triunfo al derrotar con contundencia tanto a Ciudadanos como al Partido Popular, aunque es una victoria simbólica, habrá que ver cómo puede afectar a los resultados en futuras elecciones. La CUP, por otro lado, vuelve a tener la llave de un gobierno independentista en sus manos y nada hace ver que se planteen regalarla y los Comunes aplauden no haber desaparecido, pero lo cierto es que sus escaños tendrán poca fuerza y no suman fácilmente con nadie. Las cuentas no son sencillas en ninguno de los casos, aunque una cosa está clara, el independentismo no va a desaparecer sin más, ¿cuál es la solución?, ¿es posible un referéndum pactado?, ¿lo apoyaría el PSC o los Comunes?, ¿quién lo ganaría? O, por el contrario, ¿es el nacionalismo español de Vox una solución?, ¿puede el fuego apagar el fuego?

 

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