
Juan José Vidal pertenece a esos liberales de raza, que lucha por conseguir un futuro mejor que el presente, de los que no se rinde y de los que, como yo, cree en las bondades de una sociedad abierta, con diversidad de género y libertad individual, en la que a uno se le juzgue por el resultado de su trabajo y no por otra cosa. Hoy Juanjo nos escribe sobre una triste realidad, las enormes dificultades que existen para emprender en España y cómo, paradójicamente, creamos un infierno y demonizamos a los que huyen de él. Disfruten.
![[Img #79383]](https://murciaeconomia.com/upload/images/02_2021/7926_img-20210217-wa0012.jpg)
No quepa duda que vivimos en un país cuyo apoyo al sector público, a pesar de los recortes de los últimos años, sigue siendo el principal escenario en el que vivimos, dejándonos a nosotros, los autónomos y empresarios como los ciudadanos abnegados que a través de los mecanismos fiscales que ejerce el estado, tienen que pagarlo todo.
Construir una empresa es un largo y duro proceso, consolidarla requiere años, pero con la reciente crisis vemos con inusitada velocidad desaparecer empresas que llevaban décadas funcionando.
Durante estos meses en dr brand factory, mi empresa, hemos reflexionado mucho sobre por qué no ha habido un rescate nacional a las empresas durante la pandemia de COVID-19, especialmente aquellas que han tenido que interrumpir su actividad por las circunstancias. Esto me ha hecho preguntarme en qué orden de prioridad estamos las empresas para nuestros dirigentes nacionales y, en general, para la sociedad. Lo he hablado con muchos empresarios y la conclusión es: nos sentimos usados y abandonados. Pesa todavía esa imagen del empresario como un huraño explotador que se aprovecha de los demás y vive mejor que nadie a costa del trabajo del pobre asalariado. Y esto no es así. Lo cierto es que el emprendedor asume muchísimos riesgos y nunca debería estar en una situación en la que no pueda ahorrar para re-invertir, porque sin ahorro ni financiación no puede adaptarse a las nuevas circunstancias. La realidad se aleja, y lo cierto es que para pagar impuestos siempre estamos, pero para tener ayuda cuando la cosa está mal, somos el sector privado: “Búsquese usted la vida”. De nuevo la banca no ayuda. Durante estos meses, tras un descuadre de caja, supe lo que era la angustia. Y necesité un crédito. Y me lo negaron. No fue tras amenazar al banco diciéndole que “si me dejaban caer no les devolvería nada” que decidieron aumentar la póliza y aguanté. Tuve suerte, y al poco tiempo el cliente pagó. Todo salió bien, pero de entrada la situación pintaba mal. Tengo suerte, mi sector va al alza, mientras otros sectores como la hostelería sufren, pero, si miramos unos años atrás, ¿qué ha hecho la banca para ser un sector más digno de recibir un rescate, que aquellas personas que han levantado la persiana cada día para ponernos un café antes de trabajar? ¿Podemos permitirnos el lujo de destruir tantísimas empresas dejándolas sin poder ganarse la vida, y sin ayudas para sobrevivir?
Pero este sesgo crítico contra aquellos que deciden ganarse la vida por cuenta propia es palpable en distintos niveles de lo mediático. Un claro ejemplo es cómo se ha abordado el tema de los Youtubers en televisión. En España entendemos que, si un empresario o un autónomo del sector digital decide marcharse a otro país para tributar menos, es porque es un “egoísta”, un “incívico” o casi un delincuente, a pesar de que esto es legítimo, especialmente en profesiones que permiten el trabajo en remoto. Se prefiere criminalizar la conducta; que es legítima, aunque pueda ser cuestionable en términos éticos; en lugar de entender el porqué de las cosas. Nadie quiere pagar de más, especialmente si pagar no te da nada útil de cara a desarrollar tu profesión y tu vida, ¿cuántas ayudas a Youtubers han salido en el BOE en los últimos años? ¿No es posible que por algún casual hayamos construido un infierno en nuestro país, de cara a generar empresas e innovación? En mi humilde opinión, como empresario del sector de la comunicación, creo que sí. Hay diversas razones, entre ellas: la falta de cultura emprendedora (falta de referentes, falta de formación, excesiva burocracia), la falta de financiación de la banca, la carga impositiva excesiva y la falta de ayudas a sectores estratégicos de futuro.
La falta de cultura emprendedora en España es clara y se resume en la ansiolítica frase familiar de: “Tu haz oposiciones y colócate de funcionario que así vivirás tranquilo”. Seguro que todos la hemos oído alguna vez. Creo que no es únicamente una cuestión de miedo al fracaso lo que hace que no haya tanta gente emprendiendo como debiera, sino también una cuestión de falta de referentes de éxito; no tenemos un Steve Jobs o un Jeff Bezos en España, tenemos futbolistas y la Isla de las tentaciones. También faltan conocimientos prácticos de cómo emprender, no basta con tener una idea y ya, es necesaria una metodología, una validación. Otro factor es la burocracia, que a pesar de estar en el año 2021, aún es un grave lastre de cara a crear una empresa. Pero si hay un factor decisivo clave es la falta de financiación que le debemos a la banca española, que no apuesta lo suficiente por proyectos de inversión en Pymes.
Otro factor importante es la excesiva carga impositiva. Si lo que pretendemos es darle trabajo a la gran cantidad de talento titulado que sale de nuestras universidades, debemos ayudar a las empresas que los emplean, y ponérselo fácil dando ayudas, bonificando contratación, bajando impuestos, garantizando y coordinando el acceso a la financiación, facilitando las relaciones entre las grandes fortunas y el tejido emprendedor, para que las fortunas no estén en paraísos fiscales sino invertidas en empresas de futuro. Existen algunos sectores que por su capacidad de escalabilidad son apuestas sólidas de futuro y estamos perdiendo la oportunidad: industrias creativas, culturales, tecnológicas, biotecnológicas, criptomonedas, economía circular, Big Data, inteligencia artificial, sostenibilidad, aeroespacial, entre otras. Vivimos en la era de la economía del conocimiento, pero ni España es un buen país donde obtener inversión para desarrollar proyectos de vanguardia, ni tenemos una buena capacidad de creación de empresas por los factores mencionados. Mi sueño es poder construir multitud de empresas de futuro, y emplear a todos esos jóvenes que, como yo, saben lo que es tener que trabajar en lo que sea para ganarse la vida, pero, ¿Cómo hacer eso posible cuando emprender en España es un infierno?
El fin de mi reflexión, es que el turismo y sus sectores aledaños están muy tocados y ha llegado el momento de reinventarnos como sociedad y mirar al futuro sin dejar a nadie atrás. Son las empresas las que tienen que tirar del carro, y hace falta el apoyo de toda la sociedad (banca y políticos también), pero estoy seguro de que si se estimula a las empresas y no se las asfixia, saldremos adelante.


