8 de marzo, tu Día
Este editorial tal vez debería poner de relieve las abundantes estadísticas que reflejan el diferencial real que existe entre hombres y mujeres; analizar la multitud de datos, opiniones, torsiones y visiones de este fenómeno. Y los interminables y algorítmicos estudios de las más variadas instituciones sobre el tema. Debería hacerlo porque es verdad, porque ese diferencial existe.
Debería, igualmente, poner de manifiesto la división existente en nuestra sociedad, entre los que apoyan el feminismo anti machista de algunos colectivos bien organizados en temas de attrezzo, y lo hacen con ferocidad, y aquellos otros que no precisan disponer de ningún potente despliegue ideológico para tener presente y reconocer el valor de la mujer en la sociedad, el esfuerzo que durante muchos años han tenido que hacer para superar barreras, para escapar de roles que las han tenido limitadas- anuladas- desde los tiempos de María Castaña, que me da que no era feminista. Debería hacerlo, porque ese escenario también refleja un debate abierto en nuestra sociedad.
Pero no. Déjanos celebrar el Dia Internacional de la Mujer hablando de nosotros, y vosotras.
Déjanos sumar a esta fecha a un colectivo numeroso, que no figura en los censos, ni en las estadísticas, en los informes, o en los registros. No tiene portavoces ni representantes, ni recibe subvenciones. Es gente que simple y llanamente, con sus defectos y sus virtudes, se mueve y actúa en los parámetros de lo que siempre se ha entendido por normal.
La gente normal – usted conocerá a muchos, muchos - no trata a las mujeres en el trabajo de manera sibilinamente discriminatoria, ni aviesamente protectora, ni se conduce con ellas en las relaciones personales como si éstas jugaran en ligas inferiores, o algo peor. Ni trata a las mujeres como no les gustaría que trataran a sus hijas, esposas, o hermanas. Así de fácil.
La gente normal, desde hace tiempo, no sé cuánto, pero desde casi siempre, y claro que hoy también, no comprende ni se plantea ese debate de considerar a la mujer como en situación de subordinación a la del hombre. Quién así va por la vida, o bien no es gente normal, o bien no se ha enterado de qué va la cosa. O las dos cosas a la vez. A estos no los sumamos al evento.
La gente normal, y así ha sido educada, ha sabido valorar siempre, hoy y mañana, sin necesidad de mucha elaboración intelectual, a la mujer en todas las dimensiones de su papel en la vida: madre, esposa, profesional. Y si es normal, aprecia las dificultades que tiene ella para conciliar todas esas vidas que lleva encima. Sabe apreciarlas, aunque muchas veces no acierte a expresarlo.
Los normales saben que vosotras, nuestras compañeras del otro sexo, obtienen en la generalidad de los casos los mejores expedientes académicos. Y constatan claramente que esto no puede ser fruto de la casualidad. Y sabe cómo responde la mujer en el trabajo. La que trabaja en un cajero o actúa en los tribunales, o la que cuida y cura a enfermos o reparte el correo.
O la que, después de una jornada de trabajo de esas de días malos, dispone de fuerza para hablar, con esa ternura y comprensión que sólo vosotras podéis tener, con sus hijos. La que tiene capacidad de escuchar, aunque sea en largas conversaciones telefónicas.
Os voy a contar un secreto, de parte de los normales. A lo mejor nunca nos lo oís decir, pero lo decimos, creedlo: envidiamos vuestra fuerza interior; vuestra sensibilidad, vuestra paciencia y vuestro sentido común; vuestra contribución en diminutas pero gigantes tareas a que el mundo no empeore todos los días; y a que, las más de las veces, sea mejor.
8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. No es fácil terminar este artículo.
Lo haré con una frase que tomo prestada: Una mujer fuerte es aquella que dice “estoy bien “aún con lágrimas en los ojos y sigue de pie, aunque le falten las fuerzas.
Esa fuerza no la tendremos nosotros nunca. Que mejor día que hoy para decirlo en voz alta.
8 de marzo, tu Día.





















