
“La lección del Holocausto es que no hay que callarse nunca más, ni renunciar a nuestras libertades, que cuando algo va mal en la sociedad hay que decirlo” Hamed Abdel-Samad (Guiza, 1972).
No, rotunda y absolutamente no es un crimen dejar flotar mi pelo, pintarme los labios, decir que tengo boca y desnudar mis hombros. Aunque por desgracia estos elementales derechos de cualquier ser humano, cuando se trata de las mujeres, son conculcados en muchos lugares de nuestro mundo.
La larga historia, no acabada, de lucha protagonizada por las mujeres para el reconocimiento, primero legal y después efectivo, de sus derechos y libertades, no puede resumirse fácilmente; pero si agradecerse, por cuanto supone mejorar nuestras comunidades y sociedades, que por siglos han estado dominadas por leyes, costumbres, doctrinas y reglas religiosas que sumían a las mujeres en una existencia infrahumana, más acentuada entre las menos privilegiadas.
Hoy quiero traerles noticia de dos libros escritos, uno en verso y otro en prosa, por mujeres que han sido víctimas de la crueldad:
La poeta y escritora siria, Maram al-Masri, (Latakia, 1962) autora de un impresionante libro titulado: “Almas con pies desnudos” (Edición, Artsolut Estudio, 2020), en el cual retrata a mujeres rotas, destruidas por la violencia, a las que llama “almas con pies descalzos”, desde su decisión: “nadie en el mundo podría amenazarme, ni siguiera de palabra”; tras su experiencia: “cuando recibí la primera bofetada, que por desgracia se vio seguida de muchas otras, físicas y morales, como es el caso de tantas mujeres a las que se trata con una u otra forma de crueldad corporal o moral…”. Y su emoción: “el día que el poema “Las mujeres como yo” fue elegido en Ramallah (Palestina), para un programa educativo en las escuelas dirigidas a niños entre doce y dieciocho años, y también en las clases de segundo ciclo en Francia” (poesía número 14 del libro, “Cereza roja sobre losas blancas”, Edición Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de la Región de Murcia y Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, 2002)
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Del primer libro citado, me permito transcribir algunas estrofas de la poesía que me ha servido de titulo e introducción:
…
¿Es un crimen
si desnudo mis hombros
y dejo flotar mi pelo?
¿Es un crimen
pintarme los labios
y decir que tengo boca?
¿Es un crimen
si soy una chica
como todas las otras chicas del mundo?
…
¿Es un crimen vivir en un país
donde ahorcan
la Libertad?
Ayaan Hirsi Alli (Mogadiscio, 1969), fundadora de “The AHA Foundation” (una organización sin ánimo de lucro por la defensa de los derechos de niñas y mujeres) e investigadora de la Institución Hoover de la Universidad de Stanford. Es una conocida activista a favor de los derechos de las mujeres y en su reciente obra titulada “Presa” (Editorial Debate, 2021), trata del cambio producido en la situación de la mujer en Europa en los últimos años.
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Como dice en la primera página: “Este libro contiene material sensible. Leerlo debería hacerte reaccionar”. Y en sus 292 páginas siguientes, en efecto, la autora que fue víctima de la violencia sexual, desarrolla su estudio del “retroceso que están sufriendo las libertades y los derechos elementales de las mujeres” en los países democráticos europeos; intenta identificar las causas sistémicas de tal retroceso; incluso presenta una propuesta de reforma de un sistema que entiende fracasado para la integración de los inmigrantes; y concluye diciendo: “la seguridad de las mujeres frente a los hombres depredadores es la cuestión en torno a la cual todas las auténticas feministas deberían unirse y sumar fuerzas. Nosotras, las mujeres, podemos y debemos negarnos a ser reducidas, como lo hemos sido en el pasado -como he sido yo misma-, a la categoría de presas”.
Me permito, destacar algunas reflexiones de la autora:
“En Occidente, estamos acostumbrados a ver mujeres por todas partes… en los últimos tiempos, es posible que en algunas zonas de las ciudades y pueblos occidentales notemos algo extraño: no sé ve sencillamente una sola mujer; o se ven muy pocas… al pasear por ciertos barrios de Bruselas, Londres, Paris o Estocolmo, reparamos de pronto en que solo hay hombres a la vista…”.
“Ser musulmán o ser inmigrante de origen musulmán, no convierte a nadie en una amenaza para las mujeres”.
“Existe una verdad universal, aplicable a todos los países, culturas y comunidades: la violencia contra la mujer nunca es aceptable, nunca es perdonable, nunca es tolerable”.
“La idea más relevante es que las actitudes de los inmigrantes hacia las mujeres están fuertemente determinadas por sus circunstancias y experiencias en su país de origen… estrechamente relacionado con ello, … está el papel de una práctica… la poligamia. Las culturas que la toleran o la propician tienden también a imponer un recato extremo en las mujeres y a excluirlas de la vida publica. Y debido a que las convierten en una mercancía escasa, a menudo provocan consecuencias violentas y misóginas”.
“En este conjunto de normas, subyace la idea de que las mujeres son mercancía cuyo valor radica ante todo en su capacidad de transmitir material genético a la siguiente generación. No se invierte en ellas, ni se las valora por sí mismas, sino por el precio que su virginidad puede alcanzar en el mercado de los casamientos”.
“Muchas religiones comparten tales ideas sobre la sexualidad masculina y femenina… Hay toda una serie de comunidades judías conservadoras y de confesiones del cristianismo que tienen criterios comparables en cuanto a la inferioridad innata de las mujeres frente a los hombres. Pero como el islam, lejos de separarlas, fusiona la política y la religión, … la inferioridad de la mujer está gravada en las leyes sagradas”.
“La lección de la década pasada parece clara: si los progresistas pro-inmigración se niegan a atender a las preocupaciones de los ciudadanos o las tachan de racistas, entonces los populistas de derechas tendrán su público. Como me dijo en Bélgica en 2018, Daniel Schwammenthal del Instituto Transatlántico del Comité Judío Estadounidense: La norma inquebrantable de la política es que si la sociedad tiene problemas reales y los partidos responsables no los abordan, los partidos irresponsables se harán con ellos”.
En mi opinión: la restricción violenta de los derechos, oportunidades y, en definitiva, de la misma vida de las mujeres no ha desaparecido en diversas comunidades, zonas y países; aunque existen grandes diferencias entre los estados democráticos occidentales y los regímenes tiránicos de distinta clase e ideología. Lo cual no es de extrañar, pues no es democrático aquel régimen que desconoce la igualdad de todos sus ciudadanos, mujeres y hombres, tanto en el diseño legal de los derechos, libertades y oportunidades, como en la protección pública de la efectividad de los mismos.
Es una experiencia vivida de aquellos que ya peinamos canas, cómo nuestras madres, abuelas y hermanas no gozaban de los mismos derechos y libertades que los hombres en España. Como ejemplo, basta citar que hasta la reforma de nuestro Código civil en 1973-74, la mujer no podía abrir una cuenta bancaria o realizar la compra de una vivienda sin la “licencia de su marido”; tenían restricciones en su forma de vestir y eran víctimas de acoso en espacios públicos; en un claro papel de supeditación al hombre, reforzado por una interpretación restrictiva auspiciada por las autoridades religiosas.
Hoy he querido recomendarles dos libros muy distintos, escritos con lenguajes diferentes, por dos mujeres nacidas en países islámicos que hicieron un viaje a Europa, que fue no solo geográfico, sino “un salto en el tiempo” de una sociedad tribal dominada por la violencia y los dogmas religiosos, a una sociedad moderna donde todas las personas tenían los mismos derechos (como dice Ayaan Hirsi Ali). Con el claro propósito de no minimizar y mucho menos olvidar la violencia, el acoso y la destrucción, por muy diversos medios, de las vidas de niñas y mujeres; es especial, de aquellas más pobres que viven atrapadas o presas en barrios, pueblos o países en los que la igualdad de derechos no existe y las “normas de masculinidad legitiman la violencia”.
Y para desterrar estas restricciones, entiendo, es fundamental propiciar la educación y el conocimiento. En este sentido, no me resisto, por último, a recordar lo dicho por Abderrahman al-Kawakibi (Alepo, 1855), en su obra “La naturaleza de la tiranía y la lucha contra el servilismo” (Editorial Verbum, 2019, publicada en 1902 y que ha tenido un impacto importante entre los jóvenes precursores de la “primavera árabe”):
“Cualquier administración tiránica centra sus esfuerzos en ahogar la luz del conocimiento y en sumir a sus súbditos en la oscuridad de la ignorancia… El islam es la primera religión que ha estimulado el conocimiento. Como prueba de ello, baste mencionar que la primera palabra revelada del Corán es ¡Lee!”.
Queridos lectores, pese a nuestra búsqueda de serenidad, el “ruido” nos envuelve con mayor tenacidad, si cabe. Los escándalos se suceden y nuestros cuerpos y mentes se encuentra ya exhaustos; pero no podemos “callar” y aceptar las “restricción de libertades” a las mujeres; pues nos convierten en cómplices de una vuelta al pasado.
Les animo, por tanto, a no desvanecernos en el paisaje anodino y, quizás, en quince días detectar “los espejismos de la certeza”.

