
Si algo nos ha enseñado la pandemia y su correspondiente confinamiento es que no tenemos duda a la hora de elegir nuestras preferencias. Nos gusta la calle, las terrazas, los espacios abiertos y las grandes vistas. Para vivir y también para trabajar. Por eso, lo del teletrabajo, eso que al principio era un chollo, como que ya no nos termina de convencer tanto.
En cuanto a la vivienda, quizás sea más fácil de conseguir porque, al fin y al cabo, somos libres de elegir donde ubicar nuestro hogar, nuestro templo. Y respecto al puesto de trabajo, eso ya es otra historia. Las empresas en las que trabajamos no buscan el emplazamiento que mejor nos venga a nosotros, sino a la productividad del negocio. ¿Se imaginan trabajando en una zona de playa, en una aldea rural o con vistas a un rio, valle o montaña? Y eso cada día. Nuestro objetivo debería ser el conseguir que la ubicación donde tantas horas pasamos trabajando, sea nuestro pequeño paraíso. Y luego a casa, otro lugar donde hacemos realidad nuestros sueños, bien sea cocinando para los nuestros, encendiendo la chimenea, contando cuentos a los más pequeños, entrenando, leyendo, tocando la guitarra, pintando o viendo series.
Cada vez que imagino estas escenas, me acuerdo de mis compañeras Elena, de Cantabria, o Ana Belén, de Orense. Poder trabajar en entornos enclavados en praderas y montañas. Con sus vacas, sus ciervos y sus liebres. ¡Qué felicidad!
La vida nos ofrece muchas cosas, muchas opciones de ser felices, pero que hemos de conseguirlas trabajando muchas horas al día. Por eso, debemos ir pensando en cómo gastarlas lejos de lo que no nos gusta. Acercarnos a lo que queremos. A lo que nos permite vivir más y mejor. A estar más alegres.
Desde luego, los trabajadores que más posibilidades tienen son nuestros amigos los emprendedores. Que no todo son inconvenientes.
Les cuento. Todos hemos oído hablar de Silicon Valley. Allí, en California, están las principales compañías tecnológicas del mundo. Pero también otras muchas StartUps, que en poco tiempo se convierten en grandes empresas. Pues bien, el otro día leí una notica relacionada que mezcla SiIicon Valley y trabajar en la playa. Me llamó la atención. De hecho, me encantó. Resulta que se está diseñando lo que se conoce como “Silicon Beach”, en Miami. Supongo que ya se hacen una idea.
Es cierto que todo comienza con magnates y fondos de inversión, pero que al final terminará creando un área de trabajo y de emprendimiento entorno a un clima cálido, unas playas espectaculares y un ambiente como el que nos gusta a nosotros. Que por eso se van allí. Porque los toboganes, futbolines y salas de cine, en las propias oficinas, están bien para desconectar un rato. Pero la cañita en el chiringuito de playa durante el receso o un gintonic en una cala, viendo el atardecer, ayuda a desconectar mucho más, para volver con fuerza al trabajo y a casita.
España es un país rodeado de mar y de playas, respaldado por montañas y con talento por todos los rincones para montar un Silicon Beach a la española. Y no solo eso. Sus parajes y aldeas son también ideales para montar un Silicon Village como no se ha visto jamás. También a la española, por supuesto. Pongámonos a ello. Algún día lo veremos y lo disfrutaremos. Todo llegará.

