
Hace unos días compartí en LinkedIn un artículo llamado “Los empleados exigen líderes con más corazón” de Emelia Viaña donde expone que para el futuro se necesitan “líderes que transmitan propósito y dirección a la vez que estén dispuestos a adaptarse y corregirse a sí mismos; que sean capaces de discernir para tomar decisiones basadas en la experiencia, que empaticen con las personas y que tengan flexibilidad, adaptación y capacidad de aprendizaje”.
Las tres “H” formarán parte de su silueta:
- Head: capacidad estratégica.
- Heart: empatía, escucha, desarrollo de equipos.
- Hands: capacidad de ejecución y consecución de resultados.
![[Img #80593]](https://murciaeconomia.com/upload/images/03_2021/7412_heart-3147976_1920-002.jpg)
Pues bien, el resultado de esta publicación es que ha tenido, a día de hoy, casi 100.000 visualizaciones, más de 4.000 reacciones y 90 comentarios.
- “Es la realidad a la que nos enfrentamos como líderes. Poner a nuestros equipos en el centro, desarrollar la escucha activa, ir un poco más allá de lo que indica su lenguaje verbal y no verbal”
- “me gusta ver que cada vez más, nos damos cuenta de lo que se necesita en las empresas…”
- “La orientación a resultados, los objetivos ambiciosos, la eficiencia..., ¿es incompatible con la orientación a las personas? Nunca he visto la contradicción.”
- “Sin corazón no se es ni líder, ni nada. Y hoy en día es necesario para todo, fuera y dentro de la empresa”
Estos son solo algunos ejemplos de lo que Directivos de primer nivel, académicos, empleados, han comentado del artículo.
¿Qué significa esta reacción? ¿Por qué a tantas personas les ha parecido interesante? ¿Qué tiene de especial?
Pues bien, en mi opinión, la respuesta a todas esas preguntas es sencilla. No es habitual encontrarnos a líderes con las tres “H”. Echamos de menos ese tipo de perfiles en nuestras organizaciones y tenemos claro que son la clave para mejorar la competitividad de las organizaciones.
Estamos hastiados de liderazgo autoritario, resultadista, egocéntrico, clientecéntrico, de la vieja escuela y necesitamos más liderazgo emocional donde los resultados sean fruto de la gestión de los sentimientos y las expectativas de los empleados. Las personas quieren sentirse reconocidas, valoradas en lo que hacen bien y orientadas en lo que no saben hacer. El líder emocional es capaz de entender esas necesidades y compatibilizarlas para generar un grupo más efectivo haciendo que el grupo se convierta en un equipo de alto rendimiento.
Debemos dejar, de vez en cuanto, que el corazón gane la batalla a la razón. Trabajemos con nuestros equipos mirando sus sentimientos, valorando sus necesidades y poniendo nuestro corazón en la mano.

