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CAMPO DE CARTAGENA

Destacan la contribución de las desalobradoras para reducir la entrada de contaminantes al Mar Menor

Según José Luis García, hidrogeólogo del IGME, la desalobración es un proceso poco agresivo siempre que se gestione adecuadamente el agua de rechazo

MurciaEconomía Martes, 30 de Marzo de 2021 Tiempo de lectura:

 

La desalobración de aguas subterráneas en el Campo de Cartagena ejerce un doble papel: proporcionar agua para el riego y en términos ambientales puede ayudar a reducir la descarga al Mar Menor al sacar masa de agua contaminada del acuífero. Así lo señala José Luis García Aróstegui, hidrogeólogo científico del IGME y profesor de la Universidad de Murcia, quien a su vez considera fundamental que la desalobración se acompañe de “otras medidas agronómicas” para reducir la contaminación de aguas en superficie.

 

Según las estimaciones del experto, las desalobradoras podrían tener una contribución indirecta para reducir la entrada de contaminantes al Mar Menor: “al bombear las captaciones de agua que alimentan las desalobradoras se retira masa de agua contaminada del acuífero Cuaternario”, detalla García Aróstegui.

 

El científico recuerda que los recursos hídricos en el Campo de Cartagena son escasos y que por tanto las aguas subterráneas parcialmente desalobradas “complementan los recursos procedentes del Trasvase Tajo-Segura”. Las aguas subterráneas del Campo de Cartagena presentan una salinidad media-alta por lo que “dicha salinidad limita su empleo directo para el riego”, señala.

 

Según las estimaciones de los últimos 30 años, en el Campo de Cartagena la demanda de riego se satisface en un 30-40% con aguas subterráneas en épocas húmedas y hasta un 70-80% en épocas de sequía. Por lo que, “muchos regantes consideran las desalobradoras como su seguro en épocas de sequía”, explica Aróstegui.

 

Gestión aguas de rechazo

 

En palabras del hidrogeólogo, la desalobración de aguas para eliminar la sal es un proceso industrial “poco agresivo para el medioambiente siempre y cuando se gestione adecuadamente el agua de rechazo”, que puede contener algunos químicos como anti-incrustantes, surfactantes, cloruro férrico y ácidos, además del concentrado de otros componentes presentes en el agua de origen. “En el caso del Campo de Cartagena, las aguas de rechazo suelen contener elevadas concentraciones en nitrato”, especifica.

 

Sin embargo, existe una “variabilidad de la composición química del agua de rechazo” ya que depende del acuífero captado, de la variación temporal y del propio proceso de desalobración. “Evidentemente su vertido al terreno o su introducción directa en el acuífero conlleva que se produzca una reconcentración y un deterioro a lo largo del tiempo inaceptable”, indica.

 

Contaminación de las aguas subterráneas

 

No obstante, José Luis García Aróstegui recuerda que las aguas subterráneas son más difíciles de contaminar que las superficiales. “Es muy difícil evaluar el daño sobre el ecosistema del Mar Menor, asociado al vertido de los rechazos en el acuífero” admite.

 

A ese respecto, el hidrogeólogo asegura que el agua almacenada en los poros del material geológico del acuífero “circula muy lentamente” en función de la permeabilidad existente. “En la mayor parte del acuífero Cuaternario la velocidad debe ser inferior a 1-2 m/día, de tal manera que es fácil hacerse una idea aproximada del tiempo que tardaría en llegar al Mar Menor una hipotética gota de agua contaminada introducida a varios kilómetros del borde costero”, señala.

 

El profesor Aróstegui es uno de los expertos que ha avalado el Anillo Protector Ambiental de Fundación Ingenio para recuperar el Mar Menor, que incluye en uno de sus ejes la realización de infraestructuras hídricas, entre ellas desalobradoras, para evitar la descarga de aguas contaminadas al Mar Menor.

 

En ese sentido, desde Fundación Ingenio apuestan por el potencial beneficio de la desalobración para solucionar el problema del Mar Menor, pero condenan “rotundamente cualquier desalobradora ilegal en el Campo de Cartagena”, puntualiza Natalia Corbalán, directora de Fundación Ingenio.

 

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