Hacia un país de Nunca Jamás
Llevo tiempo retrasando este artículo, para no hacerlo en caliente, pero las noticias no dejan de empeorar y los ánimos no decaen.
El anuncio del presidente Rajoy con las reformas que adoptaría España en función de las exigencias de Bruselas fue todo un jarro de agua fría, pero sin duda encendió muchos ánimos, no por esperadas fueron mejor recibidas por un país que ya soporta suficientes problemas como para que la casta gobernante le cree más problemas para salvaguardar a sectores privilegiados que viven al margen de la realidad de la calle y en ocasiones parecen estar incluso al margen de la ley, los políticos viven a dos palmos sobre el suelo, no tocan el suelo y no conocen los problemas reales de los ciudadanos a pie de calle.
Viendo lo que nos espera me gustaría viajar con Peter Pan al país de Nunca Jamás, el país imaginario inventado por J.M.Barrie donde los niños no envejecen y viven felices junto a Peter Pan y Campanilla, dando disgustos al malote del Capitán Garfio.
Desgraciadamente la realidad es que estamos en un país, España, donde al paso que vamos nunca jamás volveremos a ser felices como país (excepto cuando ganemos alguna competición deportiva), donde envejeceremos y veremos a nuestros hijos pasar miserias para salir adelante o buscando una solución emigrando a lugares más propicios.
En el año 2002, cuando cambiamos pesetas por euros, comenzaron a torcerse muchas cosas, seguíamos generando riqueza ficticia a costa de endeudarnos hasta el infinito y más allá, se engordaba la burbuja inmobiliaria con urbanizaciones construidas a crédito destinadas a inexistentes compradores. Más tarde vino el inesperado Zapatero a gobernarnos durante 7 delirantes años y ahora, cuando creíamos que la sensatez volvería a Moncloa (yo mismo confié en el proyecto, parte del cual escuché en una comida con Álvaro Nadal) nos encontramos con Rajoy y una bajada en caída libre hacia los infiernos, donde no vemos a nadie que actúe de forma efectiva para poner solución.
Hay quien dice que el problema es de 30 años con el pozo sin fondo del estado de las autonomías y un sistema donde funcionarios y sindicatos absorben ingentes recursos sin ser productivos para el país y obligando a ser sostenidos por los cada vez menos trabajadores en activo, probablemente no le falte razón, si no en todo, en gran parte.
Tras el Consejo de Ministros los motivos para enfadarse crecieron, pero con la lectura del BOE y la posterior interpretación de las normas la indignación llega a niveles insoportables, más reformas totalmente contrarias a lo que necesitamos para salir adelante, necesitamos reducir el déficit y generar más actividad, pero realmente lo que se va a conseguir es dinamitar definitivamente el consumo y elevar considerablemente la economía sumergida o la que podría llamarse economía de subsistencia.
Montoro insinúa que si no se recauda no habrá dinero para nóminas, Rubalcaba se opone a las medidas, pero me pregunto, cuando uno era ministro de Aznar y el otro era ministro de Zapatero ¿Cuales eran sus criterios de actuación?, realmente poco se puede confiar ya en los políticos titulares, dejen paso a los jóvenes valores, lo visto antes de escribir este artículo, la prima de riesgo subiendo de forma imparable, 620 puntos superior a la de Alemania, por el dinero que le prestan al país hay que pagar más de un 7% de interés a 10 años, algo insostenible y todo es susceptible de empeorar, ¿habrá rebelión ciudadana? Probablemente, porque hay soluciones y no son las que nos ofrecen desde el Congreso de los Diputados.
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Desgraciadamente la realidad es que estamos en un país, España, donde al paso que vamos nunca jamás volveremos a ser felices como país (excepto cuando ganemos alguna competición deportiva), donde envejeceremos y veremos a nuestros hijos pasar miserias para salir adelante o buscando una solución emigrando a lugares más propicios.
En el año 2002, cuando cambiamos pesetas por euros, comenzaron a torcerse muchas cosas, seguíamos generando riqueza ficticia a costa de endeudarnos hasta el infinito y más allá, se engordaba la burbuja inmobiliaria con urbanizaciones construidas a crédito destinadas a inexistentes compradores. Más tarde vino el inesperado Zapatero a gobernarnos durante 7 delirantes años y ahora, cuando creíamos que la sensatez volvería a Moncloa (yo mismo confié en el proyecto, parte del cual escuché en una comida con Álvaro Nadal) nos encontramos con Rajoy y una bajada en caída libre hacia los infiernos, donde no vemos a nadie que actúe de forma efectiva para poner solución.
Hay quien dice que el problema es de 30 años con el pozo sin fondo del estado de las autonomías y un sistema donde funcionarios y sindicatos absorben ingentes recursos sin ser productivos para el país y obligando a ser sostenidos por los cada vez menos trabajadores en activo, probablemente no le falte razón, si no en todo, en gran parte.
Tras el Consejo de Ministros los motivos para enfadarse crecieron, pero con la lectura del BOE y la posterior interpretación de las normas la indignación llega a niveles insoportables, más reformas totalmente contrarias a lo que necesitamos para salir adelante, necesitamos reducir el déficit y generar más actividad, pero realmente lo que se va a conseguir es dinamitar definitivamente el consumo y elevar considerablemente la economía sumergida o la que podría llamarse economía de subsistencia.
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