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ENTRE TÚ Y YO

Nada está escrito

Javier Escolano Miércoles, 31 de Marzo de 2021 Tiempo de lectura:

“Habrá que lograr que las generaciones actuales tomen en cuenta el interés de las generaciones futuras… considerar anticonstitucional cualquier decisión que vaya en contra de las generaciones futuras” Jacques Attali (Argel, 1943). De su libro: “La economía de la vida” (Libros del Zorzal, 2021).

 

La devastación claramente conocida y, desgraciadamente, sufrida por la pandemia, ha colocado a la humanidad y a cada uno de nosotros “ante el espejo”; y, cualquiera que sea nuestra ideología previa, la realidad nos deslumbra por sus defectos e insuficiencia. Y tras dicho destello, queda la pregunta histórica: ¿quiénes somos los seres humanos? Y, la más acuciante aún, ¿quiénes deseamos ser en un futuro? Respuesta que, a mi juicio, no está escrita.

 

Es por ello que deseo traerles noticia del libro titulado: “Ética para tiempos oscuros” (Editorial Pasado y Presente, 2021), del catedrático de la Universidad de Bonn y director del Centro Internacional de Filosofía, Markus Gabriel (Remagen, 1980), el cual representa un paso más en la construcción del “Nuevo Realismo”.

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Movimiento filosófico definido en su trilogía anterior, publicada en la misma editorial: “Por qué el mundo no existe” (2015), “Yo no soy mi cerebro” (2016) y “El sentido del pensamiento” (2019); el cual patrocina una nueva Ilustración que ajuste el contenido de valores universales de la libertad, la igualdad, la solidaridad, etcétera; para inmunizarnos contra quiénes intentan convencernos de que no existen soluciones universalmente aceptables a las preguntas morales, válidas para todos los seres humanos, sino que todo se reduce a la defensa de los derechos del más fuerte.

 

En concreto, el libro que les recomiendo es, en palabras de su autor, “un intento comprometido de aportar orden al caos de nuestro tiempo, un caos constatable que resulta de verdad peligroso”. Parte de que “nos hallamos sumidos en una profunda crisis de valores que ha infectado nuestra democracia… que se está agravando con la crisis paralela del coronavirus, que no solo infecta nuestros cuerpos, sino también nuestra sociedad”.

 

Tiempos oscuros -que a juicio del autor- se caracterizan por el hecho de que la luz del conocimiento moral queda parcialmente eclipsada, de forma sistemática, con la difusión de noticias falsas, manipulaciones políticas, propaganda, ideologías y demás concepciones del mundo, que ponen en peligro el ideal de la Modernidad, la cual presupone que el progreso científico y tecnológico sólo tiene sentido cuando se acompaña de un progreso moral paralelo.

 

En el fondo, se dirige a cuantas personas se sienten descontentas con el evidente embrutecimiento actual de los debates políticos y sociales, y están abiertos a emplear la propia razón en beneficio de los juicios morales. E impone una tarea: “aplicar la razón para, entre todos, contribuir a encontrar qué deberíamos hacer y qué renunciar a hacer”.

 

Las tesis básicas del nuevo realismo moral son:

 

Tesis 1ª (realismo moral): existen hechos morales que son independientes de las opiniones personales y colectivas: su existencia es objetiva. Por ejemplo, la esclavitud, el maltrato a los niños, el racismo o vejaciones a los animales, son hechos perversos y, por tanto, inmorales; sin que puedan ampararse en datos pretendidamente científicos como se hizo en el pasado.

 

Tesis 2ª (humanismo): estos hechos morales de existencia objetiva son cognoscibles, en lo esencial; es decir, dependen del pensamiento. En su forma básica son evidentes, pero en tiempos oscuros quedan ocultos por efecto de la ideología, la propaganda, la manipulación y algunos mecanismos psicológicos.

 

Tesis 3ª (universalismo): los hechos morales de existencia objetiva son válidos en todos los tiempos en los que el ser humano ha vivido, vive y vivirá. No dependen de la cultura, la opinión política, la religión, el sexo, el origen, la apariencia o la edad y, por lo tanto, son universales. Los hechos morales no discriminan.

 

Por eso, afirma sin duda que existen hechos buenos, malos y neutros; y combate el “relativismo extremo de la postmodernidad”, tanto en su versión “nihilista” (no existen valores que deban regir nuestra actuación, son excusas a las que ciertos grupos recurren con el fin de imponer sus preferencias a los competidores), como, “relativismo plural” (lo moralmente aconsejable o moralmente reprobable sólo resulta válido en el seno del propio sistema de valores, que es incompatible con los otros sistemas).

 

En mi opinión: el tiempo presente más que oscuro, está tan iluminado con potentes reflectores que “distorsionan la realidad” y “manipulan su conocimiento”, que hace imprescindible recobrar el arte de filosofar (en el sentido más auténtico, de búsqueda y amor a la sabiduría), tanto en la esfera más reducida de nuestros limitados contactos personales, como en la esfera pública, en la cual prevalece el exceso, el extremismo y la división irracional.

 

El libro de Markus Gabriel es una espléndida “herramienta” para la tarea inacabada de impulso de una nueva Ilustración (basada en la razón y la realidad de los hechos) y, en definitiva, para un verdadero progreso que, por tanto, no ha de ser exclusivamente económico o tecnológico, sino, sobre todo, moral. Labor que requiere la imprescindible cooperación de científicos, economistas, políticos, investigadores, emprendedores, profesores y, por supuesto, filósofos. Y como toda tarea colectiva no puede limitar su llamada, exclusivamente, a la élite política o académica en cuanto autocomplaciente depositaria de la endogámica corrección, sino recorrer la realidad en la búsqueda de “valores morales universales del siglo XXI”.

 

Del mismo modo que, a mi juicio, el impulso de la nueva Ilustración ha de revertir el retroceso culpable que supone limitar el aprendizaje de nuestros jóvenes al logro de habilidades lingüísticas, matemáticas y tecnológicas, sin añadir la filosofía, como herramienta precisa para “pensar por sí mismos”; presupuesto imprescindible para la libertad y progreso verdadero.

 

Queridos lectores, hoy han abierto por vez primera sus ojos a este mundo, un número importante de niños y niñas, todos ellos iguales en derechos, afortunadamente diversos, pero desgraciadamente desiguales en las posibilidades de ser cuidados y ayudados, para sobrevivir primero, desarrollar después sus talentos y transitar la infancia, adolescencia, madurez y ancianidad en un presente imperfecto y un futuro a construir. Es responsabilidad personal y colectiva de todos nosotros, “con realismo nuevo” remover los obstáculos necios y conformar un hábitat para la “vida buena y lograda”, la vieja “eudaimonía” de los griegos clásicos (Platón y Aristóteles) o “felicidad” contemporánea.

 

De nuevo, les animo a superar los espejismos de las falsas certezas y profundizar en la lectura del “Nuevo Realismo” de mano de Markus Gabriel. Sinceramente, merece la pena, buscar la belleza, la felicidad y la sabiduría.

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